Académica Pilar Moraga: La urgente necesidad de avanzar del antropocentrismo al ecocentrismo (Noticias U. de Chile)

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    La tercera jornada del Congreso Futuro contó con la presencia de la académica de la Facultad de Derecho e investigadora del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR)2, Pilar Moraga. La crisis social, el cambio climático y la necesidad de avanzar como humanidad hacia un cambio de modelo que acabe con la hegemonía de los seres humanos sobre la naturaleza, fueron parte de los temas que la abogada y experta en derecho ambiental subió al escenario del Teatro Oriente, como parte del panel «Concientizar».

    Por Francisca Siebert

    Altos niveles de contaminación, un exacerbado crecimiento demográfico, y una explotación extrema de los recursos naturales, son parte de los fenómenos que hoy la humanidad vive a nivel planetario. Y como como telón de fondo a esta era geológica en que el hombre ha sido protagonista con un rol hegemónico sobre su entorno, está el cambio climático, que según la académica Pilar Moraga “viene solo a profundizar los efectos de esta forma de sociedad que estamos teniendo”.

    Con esta premisa, comenzó su presentación la doctora en Derecho, Pilar Moraga, quien contextualizó en las recientes crisis sociales que se han detonado en Francia, Chile y Ecuador, los efectos de un modelo que parece estar en un punto de quiebre.

    “Vemos que hay un gran sentimiento de desigualdad, de pobreza que genera frustración, grados de descontento y de insatisfacción”, estimó la académica, quien mostrando las cifras reveladas por la “Encuesta Internacional de Cambio Climático 2019”, realizada por el centro de ciencias estadísticas, StatKnows y el CR2 en Chile y Latinoamérica, aseguró: “ Si esto lo vemos desde la perspectiva de la región, y particularmente en relación al cambio climático, esta encuesta de percepción nos demuestra cómo el cambio climático va a exacerbar estos niveles de pobreza y desigualdad, según la percepción de los latinoamericanos. Además, vemos que esto afecta a la población más pobres”.

    De acuerdo al sondeo aplicado en 18 países de Latinoamérica y El Caribe, un 89 por ciento de los encuestados está muy preocupado o bastante preocupado por el cambio climático, un 97 por ciento cree que sus países están poco o nada preparados para enfrenar el cambio climático, y sin embargo, sólo el 50 por ciento se considera en parte responsables de dar las soluciones a este problema.

    “La buena noticia es que vemos en este fenómeno del cambio climático, no solo cuestiones negativas, sino también una oportunidad para poder construir una sociedad más justa”, afirmó la académica tras hacer un repaso por estos números, para luego pasar a las posibles soluciones frente a este escenario.

    Del antropocentrismo al ecocentrismo

    “Si estamos conscientes del contexto que estamos viviendo, de las situaciones y los límites actuales provocados por estos niveles de consumo, por estos niveles de demografía, de contaminación, entonces vamos a tener que concientizar, sentir que podemos ser parte de la solución, tomar conciencia de lo moral y lo ético, del conocimiento espontáneo del sentido del bien y el mal”, expresó la profesora Moraga, quien aterrizando sus dicho a la situación que hoy atraviesa el país señaló: “tenemos que concientizar para trabajar la construcción de un nuevo pacto social que supere estos niveles de desigualdad, que promueva la resiliencia, que se encargue de proteger los intereses de las generaciones futuras”.

    Así fue que la investigadora planteó una propuesta que apunta a un cambio de paradigma desde este modelo de antropocentrismo al ecocentrismo, idea que nace justamente de la realidad latinoamericana, tanto en los textos constitucionales de los países latinoamericanos como de la jurisprudencia constitucional de muchos de nuestros vecinos y también de la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

    “Pareciera ser que es este mismo modelo centrado en los seres humanos el que nos ha llevado a una situación de crisis, el que ya no es viable. En Latinoamérica, dado nuestra cercanía con un patrimonio natural que es infinito, no ilimitado, nos permite avanzar a este concepto nuevo de ecocentrismo que pretende superar la hegemonía de los seres humanos sobre la naturaleza que ha sido tan nefasta para mantener el equilibrio ambiental en materia planetaria”, advirtió Moraga.

    Ejemplificando con una demanda que presentaron niños y jóvenes contra el Estado colombiano, por la tala de la selva de la Amazonía en dicho país, la académica relató cómo la Corte Suprema resolvió que ese fenómeno profundizaba el problema del cambio climático, aumentando la temperatura global que afectaba no solo a los demandantes, sino también a todos los colombianos y a todos los habitantes del planeta; no solo de las generaciones presentes sino también de las generaciones futuras.

    Esta decisión de la Corte Suprema colombiana, que reconoce los derechos de la naturaleza, y que se traduce en un orden público ecológico, pone de manifiesto este cambio de paradigma que transita justamente desde el antropocentrismo al ecocentrismo, y que según la investigadora del CR2, abre la puerta “a la consagración de otros derechos que van acercando a los seres humanos y la humanidad, en una relación de equidad y equilibrio con la naturaleza, considerando que la humanidad es parte de ella y por ende, debe haber un respeto mutuo para que podamos continuar en esta casa común que es el planeta”.

    Entre estos nuevos derechos, la profesora mencionó el derecho humano al agua y el derecho a un clima estable, y finalizó su presentación dejando una tarea al público presente: “Quiero que se pregunten cómo construir este nuevo pacto social, cómo ubicar la temática ambiental, cuánto nos importa y nos influye en nuestras vidas (…) Quizás ahí hay una propuesta que es comenzar considerando nuestro entorno no como un capital, sino como un patrimonio ambiental que nos pertenece todos, porque en esto está la disputa del interés individual y del interés público y colectivo que debe plasmarse en un texto o en un pacto que es el que nos va a guiar en las décadas que siguen, y que debe ser y debe corresponder a la realidad del siglo XXI”.

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