Chile estará a prueba para guiar las conversaciones mundiales sobre cambio climático (El Mercurio)

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    Aunque no existe consenso sobre si el avance en el combate contra el calentamiento global logrado en la última cumbre del clima en Polonia fue suficiente, nuestro país debe apostar a que la próxima reunión obtenga resultados mucho más agresivos.

    Por Lorena Guzmán H.

    Si bien la última cumbre de cambio climático (COP24) -realizada en Katowice, Polonia, en diciembre- obtuvo resultados positivos, dejó una sensación de dulce y agraz. Las 195 naciones presentes lograron consensuar el libro de reglas del Acuerdo de París, pero para muchos eso no es suficiente. Por ello, el peso que recae en Chile, como anfitrión de la COP25 en enero de 2020, es gigantesco.

    Tras el Acuerdo de París de 2015, el mundo comprometió esfuerzos para limitar el alza de la temperatura del planeta a 2 ºC (de los cuales ya llevamos la mitad). La forma de lograr esto son propuestas nacionales de reducción de emisiones, las mismas que ahora tienen reglas para medirlas.

    Si bien la intención del Acuerdo de París es la correcta, las medidas presentadas por los países, incluido Chile, no son suficientes para limitar el alza bajo los 2 ºC. Parte de lo que se esperaba de la COP24 era el endurecimiento de esos recortes, algo que no se logró. Si el mundo continúa emitiendo tal como hoy, el aumento de temperatura llegará a los 3 ºC, el equivalente a un futuro desastroso. Por eso el compromiso urge.

    Las tareas

    «Lo que se debe hacer en la COP25 es el paso pendiente de Polonia, y ya no hay excusas», asegura Pilar Moraga, investigadora del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR)2. Todos los países deben revisar sus metas de reducción de emisiones y volverlas notoriamente más ambiciosas.

    «Organizar la COP25 es un tremendo desafío para nuestro país, pero también es una gran oportunidad que asumimos como un hito histórico que nos permitirá seguir avanzando en el desarrollo sustentable de Chile», dice Carolina Schmidt, ministra del Medio Ambiente. Esto permitirá posicionar al país como líder a nivel global y un ejemplo para América Latina, agrega.

    «Chile tiene experiencia en las negociaciones y ya se ha comportado antes como país bisagra entre el norte y el sur», opina Pilar Moraga. Además, agrega, tiene un capital que no tenía Polonia: ser líder en la región en energías renovables. Aun así, ese liderazgo debe seguir construyéndose.

    Aunque el proyecto de ley marco de cambio climático ingresará en agosto próximo al Congreso para su tramitación, no es la única tarea. «Durante 2019 nos enfocaremos en definir una sectorización de la meta de reducción comprometida por el país. De igual modo, analizaremos la trayectoria de emisiones de Chile, con el objetivo de identificar cuál será nuestro año peak de emisión», explica la ministra.

    Para Pilar Moraga la meta es aumentar la ambición de los recortes y así potenciar el rol de Chile con el ejemplo.

    Desde la Cancillería aseguran que, en este contexto, realizar la COP en Chile permitirá traer un debate global a nuestra realidad, generando una base para afianzar nuestra toma de decisiones y avanzar hacia el desarrollo sostenible.

    Aún así, Chile tiene un flanco abierto que le puede pesar como anfitrión de la COP: su reciente actuar respecto a los acuerdos internacionales. Primero, la postergación de la firma del tratado de Escazú -que busca garantizar en América Latina y el Caribe el acceso a la información y justicia ambiental, y la participación pública en los procesos de toma de decisiones ambientales-, y en segundo lugar, su marginación del país del pacto migratorio impulsado por Naciones Unidas.

    Consultada al respecto, la Cancillería aseguró que «la política exterior de Chile, y su apego a los tratados vigentes, ha sido expresada con claridad en distintas instancias multilaterales. La posición de Chile sobre el fenómeno del cambio climático es pública, clara y conocida, y se ha visto reflejada en dichas instancias, como la reciente participación en el marco de la COP24».

    El trabajo será arduo y las negociaciones parten desde ya.

    Leer en El Mercurio.