Cómo aplicar el futuro subsidio a las plantaciones forestales (Revista El Campo de El Mercurio)

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(21 de septiembre, Revista El Campo de El Mercurio) El proyecto del Gobierno que extiende transitoriamente el polémico Decreto 701 que subsidia las plantaciones forestales está estancado en el Congreso. Expertos plantean los énfasis que debieran darse en el nuevo esquema.

Por Álvaro Quijada Bascuñán

La expansión de los bosques comerciales, con el mecanismo de las plantaciones forestales subsidiadas por el Estado chileno está detenida. La tercera modificación a esta ley, enviada por la actual administración en mayo pasado, y que plantea una prórroga de tres años más al sistema, hoy duerme en el Congreso Nacional.

Extender los subsidios a las plantaciones forestales fue uno de los compromisos del actual Gobierno, pero, si bien en julio pasado la Comisión de Agricultura de la Cámara de Diputados había aprobado extender los subsidios que entrega el DL 701 a los pequeños, medianos y grandes productores madereros hasta el 2018, la Comisión de Hacienda frenó el proyecto. Más aun, el gobierno el 18 de agosto pasado le quitó la urgencia simple.

Según la Corporación Nacional Forestal, Conaf, la superficie todavía posible de forestar llega a unos 2,3 millones de hectáreas, que no cuentan con cobertura vegetal boscosa y que podrían sufrir erosión. De ese total, cerca de 1,5 millones de hectáreas podría dedicarse a fines madereros. Las restantes 800 mil hectáreas corresponderían a terrenos de aptitud forestal que por suelo o clima pueden sostener una cubierta vegetal de protección y se pueden realizar en ellos servicios ambientales, como la protección de suelos, regulación hídrica, captura de carbono y combate contra la desertificación.

El momento es clave, según varios actores de este negocio, ya que el proyecto podría recibir nuevos aportes que lo mejoren, aunque muchos ven en esta prórroga solo un medio para ganar tiempo, a la espera de una nueva política forestal.

El debate sobre cómo deben ser las plantaciones forestales y a quiénes debiera subsidiar el Estado se abre. Varios movimientos han levantado su voz para que se genere una mayor discusión y un proyecto de país para impulsar el desarrollo de las pequeñas y medianas empresas forestales, los productores forestales de bosque nativo y las comunidades que viven en torno al bosque.

SE REQUIERE UNA PRÓRROGA

Sin ser partidario de la extensión transitoria del D.L. 701, el presidente del Colegio de Ingenieros Forestales, Roberto Cornejo, reconoce que se debe hacer algo, ya que van dos años en que prácticamente no se ha extendido la superficie plantada. «Con esto se va a provocar un problema a las pymes forestales, que van a desaparecer de aquí a 20 años, según plantea un estudio del Infor», dice.

Cornejo agrega que para evitar que se siga produciendo ese descalabro a corto plazo, es bueno prorrogar la Ley dos o tres años, lo que se está indicando, pero la idea sería que no continúe igual. La última prórroga está dirigida más a los pequeños propietarios, y no a las grandes empresas.

En cambio, Antonio Lara, académico de la Universidad Austral de Chile e investigador principal del Centro del Clima y la Resiliencia, critica al D.L. 701 porque cree que es la continuación de la anterior política forestal, ya superada por los conocimientos que se tiene de la relación de los distintos componentes en los que se insertan los bosques. Indica que «el Proyecto de ley de prorrogar el D.L. 701 es contradictorio con la visión del Consejo de Política Forestal y promovería acentuar los impactos ambientales sociales negativos de las plantaciones forestales de especies exóticas, acarreando, además, problemas políticos y de equidad en los territorios. Por estas razones nos oponemos al proyecto de prórroga del DL 701 y pensamos que éste no debe ser aprobado».

MEJOR PRIVILEGIAR EL BOSQUE NATIVO

Para Hernán Verscheure, director del Comité de Defensa de la Flora y Fauna, Codeff, la actividad forestal en base a plantaciones ya está absolutamente consolidada. Por eso opina: «Si aplicamos la tecnología al bosque nativo, le aseguro que la productividad es mucho más alta, las maderas son de mucha más calidad, en la medida que provengan de bosques manejados, y hay un nicho para este tipo de actividad comercial».

Antonio Lara está de acuerdo con esto último. «En reemplazo de la prórroga, apoyamos la iniciativa que está llevando Conaf de avanzar en una nueva Ley de Fomento Forestal, la cual debiera estar focalizada en la conservación y restauración del bosque nativo para la recuperación de los servicios ecosistémicos, tales como la provisión de agua en cantidad y calidad», señala.

A su juicio, también se debe privilegiar a los pequeños propietarios. «El problema de disponibilidad de agua está haciendo crisis en amplias regiones, incluido el sur de Chile, y nuestras investigaciones muestran que la restauración de las cuencas y de las áreas de protección de cauces con especies nativas aumenta los caudales y mejora la calidad del agua, lo cual ofrece una solución de largo plazo», dice.

Recientemente, el ingeniero forestal y ex director de Infor y Conaf, consultor internacional y académico José Antonio Prado, lanzó el libro «Plantaciones Forestales, Más allá de los Árboles», en el que se hace cargo de los temas actualmente en discusión. Prado plantea que el gran dilema actual en torno a las plantaciones forestales se da por el monocultivo; es decir, las extensas plantaciones de una sola especie, en general con carácter comercial, como serían en Chile los bosques de eucalipto o pino radiata.

José Antonio Prado destaca que hoy existe información para utilizar los mecanismos de protección de los cauces con vegetación nativa, de modo que los bosques de monocultivos se alternen con vegetación de la zona. Con ello también disminuiría la posibilidad de que se expandan sin control los incendios forestales. Del mismo modo, los estudios señalan que los bosques jóvenes consumen menos agua, y que dejando los espacios adecuados, se puede mantener una biodiversidad en ellos, a pesar de ser monocultivos.

«La única manera de reducir el impacto de la demanda de madera sobre los ecosistemas naturales es producir más madera en menos superficie. Dada la eficiencia de las plantaciones forestales en ello, incentivar su establecimiento aparece como la alternativa más lógica para reducir la presión sobre los bosques nativos», señala José Antonio Prado.

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