Cómo se prepara Santiago para capear el invierno (Pulso)

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“Bienvenida la Incertidumbre”, se titula una sección del último Boletín de Pronóstico Estacional que desarrolla la Dirección Meteorológica de Chile, para referirse a los próximos meses. Y para que no reaparezca el fantasma de los cortes de suministros del 2017, diversas autoridades y empresas de servicios ya comenzaron a trabajar. Además, el Ministerio del Medio Ambiente estrenará su plan de descontaminación especial.

Por Daniel Fajardo

Está más que claro que el dicho “Abril lluvias mil” no tiene nada que ver con Santiago. No por la casi nula pluviosidad en lo que va de este mes en la Región Metropolitana; sino porque es un refrán originario de España, para indicar la lluvia de la primavera boreal.

Bajando al paralelo 33 Sur -donde está la capital de Chile-, las autoridades, empresas y, sobre todo, la población ya comienzan a prepararse para el invierno, aún con la fuerte nevada y los cortes de suministros del año pasado en la memoria.

Compañías como Enel y Aguas Andinas; y entidades gubernamentales como la Onemi, el Ministerio de Obras Públicas y las superintendencias de Servicios Sanitarios (SISS) y Electricidad y Combustibles (SEC), ya definieron sus planes de invierno.

¿Nevará o no?

Pero ¿cómo estará el clima para los próximos meses? El primer acercamiento nos lo puede dar el último Boletín de Pronóstico Estacional que desarrolla la Dirección Meteorológica de Chile (DMC), con una proyección de lo que queda de otoño y el comienzo del invierno. Uno de los títulos del informe es lapidario: “Un invierno neutro: bienvenida la incertidumbre”.

Por lo general, las predicciones estacionales en Chile están basadas en las relaciones estadísticas y físicas entre “fozantes” como los fenómenos de El Niño y La Niña y sus consecuencias a gran escala, que alteran los patrones de lluvia y temperatura. Cuando estos protagonistas del clima no influyen mucho, se habla de una “condición neutral”. El informe de la DMC indica que entre mayo y septiembre hay un 70% de probabilidades que estemos una zona neutral y, más específicamente, durante el trimestre junio-julio-agosto, la posibilidad de mantenerse esta condición es de un 62% (ver gráfico).

Aunque habrá una mayor influencia de la niña en los próximos meses, se prevé un invierno bastante seco. “Todos los años son distintos, pero Santiago es una zona semiárida, cuya condición climatológica depende mucho de si llueve o no. Realmente todo se define entre junio y agosto, a diferencia de -por ejemplo- Puerto Montt que tiene un clima más estable”, dice Rene Garreaud, subdirector del Centro de Ciencia del Clima y la Resilencia, (CR)2.

De hecho, durante los meses de abril-mayo-junio, se prevé 91mm de lluvia caída, lo que es algo bastante deficitario. Con respecto a las temperaturas, el boletín de la DMC indica que en estos mismos meses, el máximo estará sobre lo normal y el mínimo, bajo la normalidad (ver tabla). En otras palabras, habrá una oscilación térmica fuera del promedio usual. “Lo que se ha observado hasta ahora, en abril, es justamente eso, nulas precipitaciones en la región y temperaturas máximas por sobre lo normal”, indica Diego Campos, meteorólogo de la Oficina de Servicios Climatológicos de la DMC, y agrega: “ Lo que se prevé para lo que queda de otoño y principios del invierno es una condición más bien seca, con cielos mayormente despejados que ayudan a aumentar la amplitud térmica”, dice Campos.

Por su parte, Garreaud explica: “Estamos en una condición de una Niña muy débil. Sin embargo, predecir cuanto o cuándo va a llover no es tan fácil, menos si va a nevar como el año pasado. Más allá de los 7 días no hay nadie que pueda predecir el tiempo con una relativa certeza”. Idea que es reforzada por el meteorólogo de la DMC: “No se puede saber a una escala estacional ya que una nevada (o una helada, un día extremadamente cálido, etc) corresponden a fenómenos extremos que escapan de la estacionalidad”, apunta Campos.

La preparación

Muy al estilo de esta administración, una serie de entidades gubernamentales se adelantaron a lanzar el Programa de Invierno 2018. A principios de abril, el director de la Onemi, Ricardo Toro, encabezó una reunión de trabajo con representantes de la Subsecretaría del Interior, el MOP, la SISS, la SEC y la DMC. El objetivo fue coordinar los sistemas comunales, provinciales, regionales y nacionales de Protección Civil, además de definir una Carta Gantt de preparación y mitigación de puntos críticos a nivel nacional.

Pero en la cita no sólo había autoridades, sino también representantes de compañías de servicios básicos. “En el caso del sector eléctrico, el trabajo comenzó hace varios meses, con la exigencia a las empresas del sector de planes de acción tendientes a mejorar el servicio que entregan a la ciudadanía”, comenta Luis Ávila, superintendente de la SEC.

Es más, Enel presentó ayer su Plan Invierno a la SEC y a los municipios de la Región Metropolitana, que incluye una integración a la Onemi y un Plan Extraordinario de Poda de árboles, para minimizar los riesgos de interrupciones de suministro durante contingencias. A través de 45 cuadrillas, la compañía despejó cerca de 2.000 kilómetros, para que los fantasmas de los cortes de luz del 2017 se queden en el inframundo.

También realizó un plan de inspección aérea a 1.250 kilómetros de red de alta y media tensión e instaló 102 equipos de telecontrol, entre varias otras medidas. Incluso, se inició una campaña de registro de clientes con pacientes electrodependientes.

Por su parte, desde Aguas Andinas indican que previo a cada invierno, el área de mantenimiento de la empresa refuerza el trabajo para evitar los rebases de aguas servidas. Este año, técnicos especializados revisarán alrededor de 3.500 kilómetros buscando residuos que obstruyan la red, utilizando tecnología de punta. “Primero, se hace una planificación y se decide dónde ir. Actuamos preventivamente, porque hay además sectores en el que el uso va sedimentando las cañerías”, explica Carlos Torres, gerente de Resiliencia Operativa de Aguas Andinas.

También se realiza una inspección a través de un robot con cámara de TV que se utiliza para saber si hay daño en la estructura de la tubería. Mal que mal, en el Gran Santiago hay más de 12.000 kilómetros de tuberías de alcantarillado.

Cabe recordar que la SISS logró que las empresas sanitarias se comprometieran a invertir más de US$637 millones en nuevas obras de seguridad, principalmente por los eventos que se producen en invierno.

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