¿Cuál será el recorte de emisiones de Chile? Gobierno trabaja aceleradamente en su propuesta (La Tercera)

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    La Moneda está en pleno proceso de definición de lo que será su nuevo compromiso de reducción de emisiones gases de efecto invernadero. Tras un proceso de participación ciudadana, todo quedará en manos del Consejo de Ministros, que decidirá el documento final que será presentado en la COP25. Expertos aseguran que si el presidente Piñera quiere ser un verdadero líder climático internacional, debe golpear la mesa con su NDC.

    Por Francisco Parra

    En septiembre de 2015, el Consejo de Ministros de la Sustentabilidad del entonces gobierno de Michelle Bachelet, definió la primera Contribución Nacional Determinada (NDC, por sus siglas en inglés) de Chile, un documento clave en la lucha contra el cambio climático y el principal sustento del Acuerdo de París, pues contiene los compromisos de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero de cada país.

    Pero llegar a un consenso no fue nada de fácil. La NDC provocó una dura pulseada política entre los entonces ministros Rodrigo Valdés (Hacienda) y Pablo Badenier (Medio Ambiente). El primero cuestionó la metodología y sustento técnico de la propuesta del segundo, y con ello se enfrascaron, según cuentan testigos, “en una pelea interna”.

    El conflicto incidió en el resultado. La propuesta inicial, por ejemplo, contemplaba la reforestación de 100 mil hectáreas de bosque nativo, por su rol de “captar” el carbono que se encuentra en la atmósfera. Pero Hacienda agregó la palabra “preferentemente”, abriendo la puerta a incluir plantaciones como el pino y eucaliptus -y con ello a la industria forestal- en el compromiso.

    La anécdota refleja lo complejo que son las NDC: documentos técnicos, que toman años de estudios, modelos y preparación, y que son definidos en función del criterio político que tome el gobierno de turno.

    En esta primera NDC, Chile se comprometió a reducir la intensidad de sus emisiones en 30% respecto al año 2007, para el año 2030.

    Pero la meta presentada hace ya cuatro años ha sido duramente cuestionada a nivel internacional. La organización Climate Action Tracker, que monitorea los compromisos de todos los países, la calificó de “altamente insuficiente”. Si todos los países del mundo se comportaran como lo hace Chile, dice el organismo, el calentamiento global sería superior a los 4°C.

    La cifra no es menor, porque el principal objetivo del Acuerdo de París es limitar la temperatura de la Tierra en 2°C, idealmente en 1,5°C. Las diferencias entre ambas metas están ampliamente estudiadas: Quedarse en 1,5°C evitaría una crisis climática mucho más severa e irreversible de lo que ya se vive hoy.

    Pero el resto del mundo tampoco pasó la primera prueba. Los cálculos apuntan a que, con los actuales compromisos de los países, el mundo superará los 3°C en las próximas décadas. Por eso, el año 2020 es clave: los países están obligados a actualizar sus NDC y aumentar su ambición de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero.

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    Si bien nada obliga a un país a presentar su NDC actualizada antes de la COP26 de Glasgow, el gobierno de Sebastián Piñera decidió adelantarse, y presentar la suya durante la COP25 en Santiago, con el fin de reforzar su estrategia de posicionarse como uno de los líderes mundiales en cambio climático.

    Esta nueva propuesta primero será sometida a consulta pública, y luego se hará una rápida revisión del Consejo de Ministros para la Sustentabilidad. Y aunque lo que se presentará en la COP25 no será el documento formal, si será el anuncio político de cuánto será la intención de Chile de recortar sus emisiones.

    Según una presentación el pasado 9 de septiembre, realizado por Carolina Urmeneta, jefa de la Oficina de Cambio Climático del Ministerio de Medio Ambiente al Consejo Asesor de la COP25, el documento formal se presentaría antes de marzo de 2020 como fecha tope.

    Por eso, el gobierno lleva más de un año trabajando en la actualización de su compromiso, en un proceso que ha contemplado cientos de reuniones con expertos, privados y sociedad civil y que terminará con la decisión final del Consejo de Ministros de la Sustentabilidad. Las condiciones son muy distintas a las de 2015: los precios de las energías renovables son más bajos que las contaminantes, hay un impuesto verde a los combustibles fósiles y ya existe tanto una estrategia de electromovilidad como un plan de descarbonización de la matriz energética.

    El poco presupuesto que nos queda

    Una de las decisiones que debe tomar el gobierno es si, para la actualización de su NDC, aplica una serie de guías que los países acordaron en conjunto hace un año, en la COP24 de Katowice, llamado “libro de reglas”.

    Este “libro de reglas” es una especie de bajada práctica de cada uno de los artículos del Acuerdo de París. El Acuerdo dice el ‘qué’ y el libro dice el ‘cómo’ Ahí, se establecieron principios mínimos para todas las NDC, pero que se empezarán a aplicar por obligación recién para el siguiente compromiso, en 2025. El documento, eso sí, “recomienda encarecidamente” hacerlo en la actualización que viene ahora.

    Las reglas de Katowice establecen un mínimo orden en las NDC, con el fin de permitir el análisis pormenorizado de cada una y hacer una sumatoria de los compromisos globales. Si bien deja un amplio margen de maniobra, obliga a la transparencia: países deben demostrar cómo calcularon su meta, describir sus circunstancias nacionales y argumentar por qué tal reducción de emisiones es justa y ambiciosa.

    La meta de reducción de emisiones que está considerando Medio Ambiente es una denominada “acumulada”. Esto significa que se traza una proyección de emisiones de hoy a 2030, que considera un año peak de aumento, seguido de una baja constante y progresiva.

    La proyección acumulada es una forma de considerar el presupuesto de carbono, pues permite decir que el país no se “pasó” de la cuota que le correspondía.

    El detalle técnico, incluyendo el cálculo del año peak de emisiones, ya están listos, pero será decisión del gobierno comunicarlos o no.

     

    Olga Alcaraz es codirectora del Grupo sobre Gobernanza del Cambio Climático de la Universidad Politécnica de Catalunya y ha seguido por años las negociaciones internacionales por el cambio climático. “Si en 2020 no aumenta la ambición de las NDC, estaremos tarde. Es el primer año de funcionamiento del Acuerdo de París y puede quedar obsoleto. Estos compromisos marcarán cómo proyectamos las emisiones para 2030, sabremos con certeza si estamos en línea o no con el objetivo de los 2°C”, afirma.

    Olga Alcaraz.

    Para la académica, Chile no hará una gran diferencia cuánto antes o qué tanto prometa reducir sus emisiones, ya que la contribución del país es apenas el 0,26% de las emisiones globales. Donde puede jugar un rol importante es en el cómo lo hace. “Que Chile mitigue mucho o poco, no se nota tanto. Pero tienen la oportunidad de dar el ejemplo, haciendo esta revisión de compromisos siguiendo las nuevas reglas de Katowice, o haciendo su contribución en base al presupuesto de carbono. Si lo hacen, efectivamente pueden jugar un rol de liderazgo mundial”, asegura.

    El presupuesto de carbono, explica Alcaraz, el tema tabú del cambio climático, pues es escaso, finito y se agota cada vez más rápido. La ciencia ha estimado exactamente cuántas más emisiones de dióxido de carbono se pueden lanzar a la atmósfera antes de llegar a un punto de no retorno, en el que se volvería imposible cumplir las metas de París.

    El IPCC, el principal organismo científico mundial en materia de cambio climático, asegura que las emisiones mundiales deben reducirse a la mitad para 2030 si nos queremos mantener dentro del presupuesto de carbono y lograr limitar la temperatura en 1,5°C.

    Maisa Rojas, coordinadora de las mesas científicas de la COP25, detalló cómo se traduce el presupuesto de carbono para Chile en una presentación que hizo a la comisión asesora de la COP. Si se toma la meta de los 2°C, al mundo entero le restan 1170 GtCO2 (gigatoneladas de dióxido de carbono) por emitir y, dentro de eso, a Chile le corresponden 3. Si la meta son 1,5°C, al mundo le quedan 420 GtCO2, y a Chile 1,27.

    Será decisión de la ministra Carolina Schmidt primero, y luego del Consejo de Ministros y el presidente Piñera, si la NDC chilena considera tanto las reglas de Katowice como el concepto de presupuesto de carbono. Hacerlo así, según Alcaraz, sería una señal política potente al resto del mundo. Los primeros borradores de la NDC -estudios técnicos que justifican la reducción- ya están en poder de la ministra y recomiendan que el documento final incluya ambos aspectos.

    Adelantar o no el cierre de las termoeléctricas

    Para quienes conocen de cerca el proceso de construcción de la NDC chilena, el desafío para el país es tomarse el trabajo en serio, con metas justas, ambiciosas y transparentes, que sean un ejemplo y una presión a los demás a hacer lo mismo.

    Pilar Moraga, investigadora del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR)2 y subdirectora del Centro de Derecho Ambiental de la Universidad de Chile, cree que el gobierno debe buscar consenso social y político en sus compromisos climáticos internacionales. “Es la única manera de avanzar en una acción climática efectiva, porque no se trata solo de lo técnico, no es solo cómo calcular el peak o cómo contabilizar las emisiones, es la visión de desarrollo país para 2050”, explica.

    La ONG WWF Chile entregó hace unas semanas al gobierno un detallado listado de propuestas para la nueva NDC, donde considera, entre otras cosas, una completa transformación energética en seis aspectos, liderar un proceso de transición justa y adelantar el anunciado cierre de termoeléctricas a carbón para 2030. Ricardo Bosshard, director ejecutivo de la organización, explica esto último: “Son solo cuatro empresas, hay grandes posibilidades de energías renovables, ya son casi el 20% de la matriz energética, entonces creemos que es factible y no difícil adelantar el cierre de las termoeléctricas”.

    La petición de la sociedad civil por adelantar el cierre, sobretodo en las zonas de sacrificio, recibió un respaldo científico la semana pasada, cuando la organización alemana Climate Analytics presentó un estudio donde detalló que si Chile quiere cumplir la meta del 1,5°C, debe cerrar sus termoeléctricas en 2032, no en 2040. El domingo pasado, en una columna en La Tercera, el propio presidente deslizó esa posibilidad, al asegurar que planean la transición de combustibles fósiles a energías limpias para “antes de 2040”.

    Los modelos que se manejan en el gobierno apuntan a que esa medida será clave en alcanzar la meta de carbono neutralidad, pues las emisiones bajarían radicalmente cuando efectivamente se apaguen las centrales a carbón. Sin embargo, aún no se trabajan en el detalle, pues las emisiones cero suponen una gran masa de bosques que absorban el carbono de la atmósfera. Y el cálculo para eso es un conflicto latente, entre científicos, ONG y la industria forestal.

    La semana pasada, el subsecretario de Medio Ambiente, Felipe Riesco, confirmó a La Tercera que la NDC pasará a una consulta ciudadana en octubre. Esta, al no ser obligatoria, será en una versión “exprés”, al igual que el paso por el Consejo de Ministros. Si bien desde Hacienda son partidarios a una meta dependiente al PIB, como la anterior, van a pesar dos factores en la discusión interna: La Sofofa y otros actores privados le han dicho al gobierno que prefieren una meta de reducción clara ya que entrega más certeza, y el hecho de que Felipe Larraín presida la Coalición de Ministros de Hacienda por el cambio climático, lo que lo posiciona a él, tal como a Piñera y Schmidt, como líderes en la materia.

    Pese a todo, aún no hay certeza absoluta en los plazos. La consulta ciudadana debía partir a principios de septiembre, pero se retrasó. La apuesta del gobierno es llegar con los anuncios a la COP25 y sacar los réditos políticos. La entrega definitiva sería antes de marzo de 2020.

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