“Desierto florido, incendios y más” por René Garreaud

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Bueno, pasamos agosto y el periodo de precipitaciones en Chile central está terminando, aunque la primavera puede traer sorpresas. El Norte Chico registró un marcado superávit de precipitaciones (sobre el 200% debido a las tormentas de mayo; ver Garreaud 2017) y entre Santiago y el Biobío hay una sequía moderada (un año más de la megasequía; Garreaud et al. 2017). Más al sur, las precipitaciones ya están sobre el promedio, en especial en la Patagonia central que presenta nuevamente con superávit sobre el 100%; es decir, aproximadamente 700 mm más de lluvia en esa zona.

Estas anomalías pluviométricas condicionan la vegetación natural, como se ilustra en la figura adjunta empleando un índice de vigor fotosintético medido desde satélites (índice NDVI del satélite MODIS). El panel (a) muestra como referencia la condición media para el mes de agosto, donde se ve el progresivo aumento de la vegetación de norte a sur (el máximo de actividad fotosintética en la zona norte ocurre en primavera pero más tarde hacia el sur).

El panel (b) muestra la anomalía del NDVI para el mes que acaba de terminar. En este caso, los colores verde indican que la vegetación está más activa (deprimida) que lo normal. También se indica, gruesamente, la anomalía pluviométrica en las estaciones de la Dirección General de Aguas (DGA) y la Dirección Meteorológica de Chile (DMC). Es muy notable el “enverdamiento” en gran parte de las regiones de Coquimbo y Atacama, una visión del espacio del fantástico espectáculo del desierto florido.

Entre Santiago y el Biobío existe una sequía moderada (20-30%) que no impacta demasiado la vegetación (parcialmente irrigada en esta zona). Esto lo hemos detectado previamente durante el periodo de megasequía (Garreaud et al. 2017). Más al sur, el exceso de lluvia tampoco se refleja en un incremento de la vegetación, tal vez por que allí la precipitación no es el factor limitante. Lo que se aprecia claramente es la huella de los grandes incendios forestales que ocurrieron en enero de este año, cuando se quemaron más de 600 mil hectáreas, unas diez veces mas que una temporada “normal”, entre las regiones de Valparaíso y de La Araucanía. Particularmente notable es el marcado, prolongado e intenso efecto que causó el macro incendio en la región del Maule.

Para efectos de comparación, el panel (c) muestra las anomalías de NDVI y precipitación en agosto del 2011. Nuevamente hay un correlato entre ambas anomalías, pero la vegetación responde a otras cosas también. En este caso, es evidente la reducción de la vegetación sobre el sector argentino en torno a los 40°S producto de la caída de cenizas volcánicas emitidas por el volcán Caulle-Puyehue en junio de ese año.

Referencias

  • R. Garreaud, C. Álvarez-Garretón, J. Barichivich, J.P. Boisier, D.A. Christie, M. Galleguillos, C. LeQuesne, J. McPhee, M. Zambrano-Bigiarini, 2017: The 2010-2015 mega drought in Central Chile: Impacts on regional hydroclimate and vegetation. Hydrol. Earth Syst. Sci. Discuss., doi:10.5194/hess-2017-191, 2017.
  • Garreaud, R., 2017: Norte oscuro, sur claro…¡¿de nuevo!? Junio 2017. Nota de divulgación. Disponible: http://dgf.uchile.cl/rene/DIV/Norte%20oscuro_again.pdf
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