El cambio climático favorecerá la aparición de algas tóxicas en las zonas costeras (El Mercurio)

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El aumento de lluvias provocará que más nutrientes se trasladen desde la tierra al mar, aumentando así el alimento necesario para la proliferación de microalgas dañinas para el ser humano y otras especies.

Por Lorena Guzmán H.

El desorden en los patrones de lluvias a causa del cambio climático no solo volverá más áridas ciertas zonas, sino que también podrá afectar a las áreas costeras de muchos países. Esto, porque mientras más lluvia, más compuestos serán “lavados” de los suelos y llegarán a ríos y mares. Las consecuencias: aumento de microalgas -muchas de ellas tóxicas- y falta de oxígeno en el mar.

Demasiado nitrógeno

El nitrógeno se utiliza, en sus distintas versiones, como fertilizante, pero también se libera al aire con la quema de combustibles fósiles. Independientemente de su fuente, este llega a las costas convirtiéndose en una abundante fuente de alimento. El problema de esto, asegura un trabajo publicado en la revista Science, es que las principales consumidoras de este menú son microalgas, muchas de ellas tóxicas. Si a ello se suma el aumento de las precipitaciones, para fin del siglo habrá 18% más nitrógeno en la cuenca del río Mississippi y el pantano de Atchafalaya, en el Golfo de México, asegura el trabajo. Un escenario futuro que podría repetirse en muchas partes del mundo.

Si bien ya se tenían datos de contaminación por nitrógeno en la zona, no se había logrado una proyección en el tiempo, ni tampoco el que estos resultados se pudieran extrapolar. “Encontramos que grandes porciones de Asia, incluyendo India y el este de China, tienen condiciones análogas a las que descubrimos en la cuenca Mississippi- Atchafalaya”, dice el trabajo encabezado por Eva Sinha, investigadora del Departamento de Ecología Global de la Institución Carnegie para la Ciencia, en Estados Unidos. “En estas regiones vive casi la mitad de la población mundial, la que depende en gran medida de lo que ofrecen las aguas superficiales”.

La eutrofización -o aumento explosivo de nutrientes en las costas- no solo aumenta las posibilidades de brotes de microalgas tóxicas, como la marea roja, sino que también reduce el oxígeno de las aguas. “El aumento de algas implica también aumento del consumo de oxígeno disponible cuando estas mueren y se descomponen”, explica Laura Farías, investigadora del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR)2 y académica de la Universidad de Concepción. En otras palabras, el medio se vuelve hostil para las otras especies presentes en el ecosistema afectado e, incluso, puede terminar con una alta mortandad de peces, entre otros.

Por ello el problema es grave, asegura la investigadora, pero la tarea no es fácil. Ya están en marcha planes de reducción del uso de nitrógeno como fertilizante en el río Mississippi y en Dinamarca, por ejemplo, pero con las proyecciones del cambio climático eso no será suficiente.

Sybil Seitzinger y Leigh Phillips, del Instituto del Pacífico para las Soluciones Climáticas de la Universidad de Victoria, en Canadá, aseguran en otro trabajo que hay soluciones en camino, pero que aún les falta. Por ejemplo, modificar genéticamente los cereales para que logren fijar el nitrógeno y necesiten menos fertilizantes, o lograr que microbios se alimenten de nitrógeno y lo conviertan en proteínas que puedan ser aptas para el consumo animal y humano.

“Los residuos de nitrógeno ya son utilizados para producir alimentos para la acuicultura, pero ahora habrá que familiarizar a la gente sobre la idea de consumir alimentos hechos con bacterias a partir de desechos del desagüe”, advierte el trabajo.

Si bien en Chile no tendremos el mismo fenómeno -porque en vez de aumentar las lluvias estas disminuirán-, dice Laura Farías, el país no necesariamente estará a salvo de eutrofización por nitrógeno. “Si cambia el uso de suelo en forma intensiva, podríamos tener el mismo problema”, advierte.

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