El fenómeno de El Niño se acerca, pero sin demasiada fuerza (El Mercurio)

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Un Niño más débil implicará en Chile un verano más seco para la zona norte y el extremo sur, en la Patagonia. El centro no vivirá casi ningún cambio y seguirá la escasez de lluvias.

Por Andrea Guzmán

El último fenómeno de El Niño comenzó a fines de 2015 y se extendió por buena parte de 2016. En abril de ese año, las fuertes lluvias producidas en Santiago, sumadas a la construcción que modificaba el cauce del principal río de la capital, hicieron que parte del caudal del Mapocho terminara en las calles. Mientras, a nivel mundial, ese año se convertía en el más caluroso hasta la fecha.

Ayer, la Organización Meteorológica Mundial (OMM) anunció que existe 70% de probabilidades de que a fines de este año aparezca un nuevo fenómeno de El Niño, pero esta vez uno bastante débil. En otras palabras, mucho menos intenso que el registrado en 2015-2016, pero aun así con consecuencias visibles, aseguró en el informe Petteri Taalas, secretario general de la OMM.

Efecto del calentamiento

Para determinar si habrá un Niño, una Niña o si será un año neutro, los científicos miden la temperatura del océano Pacífico, en una zona específica que se ubica más o menos en el centro de la masa de agua. Su aumento o disminución explica el desarrollo de uno u otro fenómeno.

“Hace un par de meses, ya se había comenzado a detectar el aumento de temperatura en el Pacífico central, pero ella está lejos de la variación que se da cuando viene un Niño fuerte”, dice René Garreaud, investigador del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR)2. Para el Niño “Godzilla”, de 2015, el aumento de la temperatura en esa zona del océano fue mayor a los 2,5 grados sobre el promedio, mientras que ahora solo se observa menos de un grado de variación al alza, agrega.

Pero como dice el informe de la OMM, esto no implica ausencia de efectos. Con un Niño débil igualmente se observará un déficit de precipitaciones tanto en el altiplano como en la Patagonia. Mientras que se espera que la zona central no tenga mayores variaciones en el agua caída durante la época estival. Como esta es una estación seca, los cambios, si los hay, no serían demasiado notorios, explica Diego Campos, meteorólogo de la Dirección Meteorológica de Chile.

Respecto a la temperatura, se podría observar un pequeño aumento en el litoral del norte y centro del país. Por ello, la pesquería enfrentaría cambios en la disponibilidad de peces, asegura René Garreaud.

Si bien en 2018 estuvo presente La Niña, que ayuda a bajar la temperatura global, ella también fue débil. Su efecto de enfriamiento no fue suficiente para contrarrestar la tendencia de calentamiento que está viviendo el planeta, por lo que todo apunta a que este año será uno de los más cálidos entre los registrados hasta ahora, estima la OMM. El diagnóstico se basa en los récords de temperaturas registrados recientemente en el norte de Europa y en las inundaciones que asolaron Japón, India y el sudeste asiático. “Muchos de esos fenómenos se corresponden plenamente con los efectos previstos del cambio climático”, dijo Petteri Taalas.

Aun así, es difícil determinar cuál es la influencia real del cambio climático sobre El Niño. “Por ejemplo, el fenómeno de 2015 no tuvo los efectos que se esperaban a pesar de tener una intensidad similar a El Niño de 1997 (uno de los más fuertes registrados). No se puede asegurar de que eso fue un efecto exclusivo del cambio climático porque, además, hay mucha variabilidad natural involucrada”, explica Diego Campos.

Los ciclos de El Niño solían ser de entre cinco y siete años, pero ahora solo han pasado tres años desde el último. Otro efecto del cambio climático. En los 60, el fenómeno que dominaba mayoritariamente el clima en Chile era El Niño, asegura René Garreaud. “En cambio, hoy, los años neutros ‘malos’, en cuanto a la precipitación, son los que tienen mayor peso, y esa es una señal de cambio climático”, agrega.

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