El impacto agrícola de la sequía en el sur (Revista del Campo)

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trigo-revistacampo(Revista del Campo de El Mercurio, 09 de febrero) La ausencia de precipitaciones durante enero en Temuco y Valdivia, y niveles mínimos en Osorno y Puerto Montt, ya ha acarreado pérdidas de hasta 20% en el rendimiento y problemas de calidad en los cultivos anuales, además de una caída estimada de 16 millones de litros de leche para el primer mes del año.

En zonas como la provincia de Llanquihue, el valor del forraje casi se ha duplicado respecto del de un año normal, y los precios de los animales en las ferias han bajado más de 30%, ante el aumento de la oferta, ya que los productores buscan reducir su stock por la falta de praderas para alimentarlos. Aseguran que la situación podría agravarse en los próximos meses.

Por Paloma Díaz

No solo un ataque en el que quemaron dos de sus ocho hectáreas de trigo -que también lo obligó a entregar 30 toneladas de este cereal- ha tenido que enfrentar por estos días el ingeniero agrónomo José Astudillo en La Araucanía. La fuerte sequía que afecta a la zona lo ha golpeado, con mermas que estima en unas 20 toneladas de trigo por hectárea respecto de un año normal en los distintos predios que arrienda en la región, lo que corresponde a casi el 25%, ya que obtiene rendimientos promedio de 80 a 100 quintales.

Astudillo comenta que en las áreas cercanas a la cordillera de la Costa, como Traiguén, donde arrienda un terreno, el efecto de la escasez de precipitaciones se nota más. Dice que las espigas no llegaron a agacharse, debido a la falta de peso de los granos, aun cuando se preocupó de sembrar variedades tempranas para evitar esta situación, que ya había vivido con menor fuerza en la temporada pasada.

Sin embargo, Astudillo -quien asesora a unas 15 mil hectáreas de cereales en La Araucanía- asegura que la situación más grave se está dando con la avena, donde los productores no solo han visto una baja en los rendimientos, sino también problemas de tamaño y calidad de los granos que están provocando el rechazo de los compradores o castigos de entre 20% y 30% sobre los precios, que ya están deprimidos.

El panorama se repite en Los Ríos, donde no hubo lluvias en enero. Allí, el productor Javier Küllmer relata los mismos defectos de calibre y peso en la avena, y estima que en el trigo las pérdidas fluctuarán entre 10% y 20%, especialmente en los primaverales, que son de cosecha más tardía y recibieron todo el efecto de la falta de agua. Si esto se traslada a pesos, considerando un valor promedio de $16 mil por quintal, se podría traducir en pérdidas de unos $320 mil por hectárea.

“En la cebada cervecera hubo una merma de entre 10% a 15%, estimativamente, debido a la falta de agua en diciembre, porque en Valdivia prácticamente no llovió en ese mes”, agrega Küllmer.

El relato de los agricultores coincide con la visión del gerente general de Empresas Agrotop, Alex Strodthoff, quien asegura que las mermas en los rendimientos y calidades han afectado a todos los cultivos, con bajas en torno al 15% en el trigo y de hasta 20% en la avena, la más perjudicada.

“La temporada pasada fue peor, porque en 2014 llovió más, pero en esta las calidades y rendimientos estuvieron por debajo del promedio de los últimos cinco años. Lo que ha sucedido en estos dos últimos años es un ejemplo más de una tendencia que se seguirá extendiendo en el tiempo: la escasez hídrica. Lo importante es invertir en riego”, comenta.

Al comparar los registros normales de precipitaciones para diciembre y enero de los últimos treinta años, esta temporada se alcanzaron niveles de déficit superiores al 80% entre las regiones de La Araucanía y Los Lagos. De acuerdo con datos de la Dirección Meteorológica de Chile, en Temuco fue de 69%; en Valdivia, de 81%; y en Osorno y Puerto Montt, de 80% y 70%, respectivamente.

En Valdivia, además, se trata del primer mes de enero sin precipitaciones en a lo menos 55 años, según los registros disponibles, mientras que en Temuco y Puerto Montt -donde en el primero no hubo precipitaciones y en el segundo cayeron 9,6 mm.- es el menor registro para enero desde 1960.

Si bien los productores de cereales ya están acusando el golpe con la disminución de las cosechas, los lecheros y ganaderos recién empiezan a enfrentar el impacto de la sequía estival con praderas secas, menor producción de leche y bajas en los precios del ganado. Además, están obligados a prepararse para meses más duros, donde escaseará el forraje y habrá que realizar altas inversiones para recuperar los suelos, aun cuando San Isidro se acuerde de los sureños en febrero y marzo.

Praderas secas

La Ruta 5 sirve para dividir la gravedad de la sequía que afecta a los distintos valles. Desde ella hacia la costa, donde los suelos son más delgados, la falta de lluvias ha provocado más daño y los productores comentan que este año es común ver praderas totalmente secas.

Al otro lado del camino, hacia la cordillera de los Andes, el panorama es menos severo, pero igual los pastos están amarillos y se estiman pérdidas de más de 50% en la densidad de las praderas en La Araucanía, y de 25% en Osorno y Llanquihue.

Ese cuadro obligará a los productores de leche y carne a regenerarlas, lo que tiene un costo mínimo por hectárea de unos $350 mil y requiere esperar a que vuelva a llover, al menos unos 80 mm., para asegurar que prosperen.

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“La mayor parte de los productores no va a poder recuperar el 100% de su campo, porque si en promedio manejan unas 100 hectáreas, requieren de más de $30 millones para corregir el daño, lo que es un costo muy alto. Esto se va a reflejar en una baja de la producción de leche que la industria debería estar analizando para dar un estímulo”, plantea el gerente general de Aproleche, Michel Junod.

Además del trabajo que tendrán que realizar los productores y de los costos que implica, las consecuencias que trae la falta de pasto verde en el sur ya se observan y son graves, tanto a corto como a mediano plazo, ya que es la base de la dieta.

“Es un impacto potentísimo, primero en el otoño, porque las lecherías van a entrar a producir con cero pradera, mientras que en un año normal eso nos permite repuntar la producción. Además, a fines de junio mucha gente va a agotar sus reservas de forraje y no van a tener cómo salir del invierno”, explica el director ejecutivo de la Sociedad Agrícola y Ganadera de la Región de Los Ríos (Saval), Miguel Santamaría, quien plantea que, sin importar si se normalizan las lluvias en febrero y marzo, el daño ya los va a impactar hasta fin de año y comienzos del próximo.

En el mercado el efecto también comienza a notarse, tanto en los valores del forraje de invierno -que en zonas como la provincia de Llanquihue están llegando al doble de un año normal-, y en los precios de los animales en las ferias, que desde mediados de enero comenzaron a disminuir debido a la mayor oferta de quienes quieren reducir sus planteles.

“Se observa un aumento en la demanda del alimento conservado, de hecho hay gente de Osorno que está viniendo a comprar, y también una mayor retención para el abastecimiento propio… Los bolos de silos que normalmente valen $25 mil están bordeando los $40 mil, y esto está ocurriendo antes de que empiece la demanda importante de alimento para el invierno”, comenta Rodrigo Lavín, presidente de AgroLlanquihue, en la Región de Los Lagos.

Efecto en el ganado y lecheros

Si bien es normal que en la zona sur los productores vendan animales en esta época, desde la segunda quincena de enero han notado un fuerte aumento de la oferta en las ferias, con la consecuente caída de los precios.

En zonas como Osorno y Puerto Montt aseguran que los valores “se han ido a pique”, con bajas de entre 30% y 35%, mientras que en Valdivia el efecto se estaría notando menos, con disminuciones en torno al 8% en los últimos 40 días.

Sin embargo, todos coinciden en que es muy difícil que se produzca un repunte, ya que quienes se dedican a la engorda de ganado -los que podrían hacer un buen negocio al comprar barato- no se atreven a hacerlo por temor a no tener suficiente alimento.

“Es un desastre para los ganaderos, porque se están vendiendo animales a valores increíblemente bajos, con lo que van a perder el negocio de todo el año y de 2016, ya que esto toma dos años en recuperarse”, asegura Michel Junod.

También critica que esta situación no sea analizada por los frigoríficos ni los supermercados, que siguen importando carne, aun cuando los precios internos están más bajos. “Están provocando un tremendo daño a los productores, porque como tienen un stock alto de carne importada que vender, la chilena no baja en los supermercados… Es un tema que nos complica enormemente, porque los ganaderos están con la soga al cuello”, explica.

En La Araucanía la situación sería distinta. El presidente de la Sociedad de Fomento Agrícola de Temuco (Sofo), Marcelo Zirotti, comenta que los precios en las ferias aún no han mostrado una baja considerable: “Creo que el próximo mes se va a producir una descarga fuerte en las ferias, porque la mayoría de la gente ahora está cosechando, pero sí hay forraje guardado en la zona, así es que pienso que están sopesando si será suficiente para la temporada”.

La producción de leche también está evidenciando el impacto de la falta de lluvias.

Si bien las cifras oficiales de recepción en las plantas no estaban disponibles al cierre de esta edición, en el sector estiman una caída superior al 22% para enero. Eso correspondería a alrededor de 16 millones de litros menos respecto de los 317 millones de litros entregados en enero del año pasado entre La Araucanía y Los Lagos.

Si se normalizan las lluvias en febrero y marzo, en Aproleche proyectan que el primer semestre cerraría con una merma de 5%, aunque si se mantiene la sequía el porcentaje sería mayor. “Esta estimación es en base al año pasado, que ya fue bajo, porque si lo hacemos con uno bueno, como 2012, la merma para este semestre sería de a lo menos 15%”, explica Michel Junod.

Pese a que los productores se muestran resignados frente a la sequía, están en conversaciones con las autoridades para solicitar apoyo a nivel de medianos y grandes agricultores. Mientras en La Araucanía buscan apurar el proyecto para la construcción de un embalse en Curacautín, más al sur están enfocados en el programa de recuperación de suelos.

“Estamos proponiendo un aumento en la asignación de recursos para ese programa, al cual se le han retirado fondos en muchas ocasiones para ayudar a otros sectores. Ahora pedimos una vuelta de mano, porque esta vez somos nosotros los que estamos con dificultades”, reclama Miguel Santamaría, de Saval.

Con una mirada de largo plazo, Alex Strodthoff insiste en que se necesita inversión pública en embalses y privada en obras de riego para mantener la competitividad del sector cerealero. “Vemos con preocupación que el foco actual en la discusión pública esté puesto en los derechos de agua en lugar de la inversión necesaria para asegurar la disponibilidad de la misma”, critica el gerente de Empresas Agrotop.

Cómo vienen las lluvias en febrero y marzo

Si bien en la suma de precipitaciones anuales puede ocurrir que la zona sur no registre un déficit, para los agricultores es muy importante en qué meses llueve, porque de eso dependen los cultivos y praderas. En ese sentido, la falta de agua en la época estival tiene consecuencias graves, como las que están viviendo ahora.

Al analizar cómo viene febrero y marzo, el subdirector del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR)2 de la U. de Chile, René Garreaud, explica que es probable que la sequía se mantenga. “No hay muchas esperanzas de que se pueda revertir en febrero. Es más bien lo contrario, están todas las condiciones para que continúe una condición seca en el centro sur de Chile el resto del verano”, asegura.

Esto se explicaría en parte por la corriente de El Niño, que ha provocado temperaturas más altas en el océano Pacífico y que, según las estadísticas, tiende a provocar veranos más secos en el sur, aun cuando pueda generar inviernos más lluviosos.

Sobre la posibilidad de que esta sequía sea un efecto del cambio climático, Garreaud precisa que todas las proyecciones apuntan a que Chile va a ser más seco en los próximos 20 a 30 años, pero aclara que eso no significa que todos los años vayan a ser iguales. “Podríamos decir que estos son los primeros síntomas de que estamos siendo afectados por el cambio climático. La tendencia es esa y estos años son un anticipo de lo que viene”, asegura.

Ver publicación original: http://impresa.elmercurio.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2015-02-09&dtB=25-02-2015%200:00:00&PaginaId=6&SupplementId=6&bodyid=0

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