Evalúan respuesta de bosques del Parque Nacional Tolhuaca luego de incendio (UACh)

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(15 de mayo) Según el profesor Mauro González, los incendios serán cada vez más frecuentes, es por esto que se debe tener una mirada a largo plazo para saber enfrentar no solo la prevención y el control del fuego, sino también los procesos de restauración de áreas protegidas.

Por Loreto Rojas, periodista Fac. de Cs. Forestales y Recursos Naturales UACh.

Con el fin de evaluar y discutir el impacto de grandes incendios en los bosques de Araucaria y de Coihue-Raulí y así enfrentar la restauración de áreas protegidas recientemente afectadas por estos disturbios, académicos de la Universidad Austral de Chile, Católica de Temuco, de la Frontera y del Instituto Forestal se reunieron en una gira técnica con profesionales de la IX región y del nivel central de Corporación Nacional Forestal, organizadores de la jornada.

Gira técnica

El año 2002 varias Reservas y Parques Nacionales sufrieron incendios, entre ellas los Parques Conguillío, Huerquehue, y principalmente, el Parque Nacional Tolhuaca y la Reserva Nacional Malleco, ambas colindantes. Entre éstas dos últimas se quemaron más de 15 mil hectáreas, producto de un incendio natural, causado por un rayo. “Es importante reconocer, como primera cosa, que el fuego es un proceso ecológico propio de estos ecosistemas. Sin embargo, su frecuencia se ha visto aumentada dramáticamente por el ser humano durante los últimos 150 años, produciendo un cambio radical en su régimen natural de ocurrencia”. Así, en ese contexto “el año 2003 establecimos parcelas permanentes, tanto en bosques de Coihue-Raulí quemados como en los de Araucaria, que están a mayor altitud. Son parcelas de largo plazo, que han sido evaluadas durante varios años”, señaló el prof. de la Facultad de Ciencias Forestales y Recursos Naturales de la UACh y Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR)2, Dr. Mauro González, explicando el origen de la gira técnica, donde se discutió cuál ha sido la respuesta de estos bosques 13 años después del incendio.
“El principal objetivo fue establecer el impacto del incendio y la recuperación de los bosques en el contexto de la historia de incendios del Parque Nacional Tolhuaca, el cual ha sufrido numerosos incendios en décadas previas, éste no es el primero ni el último, y por lo tanto es importante que los profesionales de CONAF tengan esta mirada temporal de los últimos siglos de cómo el fuego ha sido un factor relevante en la ecología y dinámica de esos bosques”, afirmó el Dr. González.

Restauración

¿Cómo responde la vegetación luego de un incendio? ¿Tienen las especies rasgos adaptativos que les permite recuperarse naturalmente? ¿Son resilientes? Desde el punto de vista de la restauración, según el docente, la respuesta de la vegetación es uno de los aspectos más importantes. Estas preguntas fueron discutidas durante la gira y de acuerdo a lo observado en terreno luego del incendio del 2002 “coigue y raulí, especies de Nothofagus, son capaces de responder rápidamente colonizando el área post fuego, junto a otras especies típicas de la flora del área. Raulí se puede establecer tanto de semillas como vegetativamente desde las raíces de los árboles madres que mueren, y coigue se establece exitosamente también a partir de semillas, con una densidad entre ambas especies de 2 mil a 3 mil individuos por hectárea, con alturas que alcanzan más de 5 metros después de una década”.

Respecto a la araucaria, su recuperación ha sido un poco más lenta, sin embargo el profesor afirma que en general se recupera exitosamente, “en el sentido de que logra restablecerse vegetativamente a partir de rebrotes de árboles juveniles que fueron quemados y también de semillas. Fue interesante observar que las brácteas exteriores del cono de araucaria, que contiene más de 200 semillas en su interior, son capaces de proteger algunas semillas del fuego y generar plantitas a partir de éstas”.

Advierte que lenga es la única especie donde se está observando problemas. “No se está restableciendo en áreas donde prácticamente la totalidad de sus individuos adultos murieron con el incendio, es decir, en áreas donde el fuego fue muy intenso”.

Para enfrentar este proceso CONAF se organiza en el desarrollo de un plan de acción. «Pasada la situación más crítica de los incendios forestales en Áreas Silvestres Protegidas de la región, CONAF Araucanía se ha organizado con el fin de enfrentar la elaboración y posterior ejecución de un Plan de Restauración de las zonas quemadas. Para estos efectos hay en funcionamiento comisiones internas de Evaluación y diagnóstico, Participación ciudadana y de Programación”, explicó Ricardo Vargas, Coordinador Plan Restauración CONAF Araucanía.

El profesional de CONAF explica que en este contexto surgió la necesidad de contar con el apoyo de expertos de la UACh, UFRO, UCT e INFOR, entre otros. “La experiencia de 13 años de estudio del prof. Mauro González resulta un insumo muy valioso para la construcción y adopción de medidas de Restauración en esas áreas hoy nuevamente afectadas”.

Manifestó también su interés por mantener vínculos activos con los investigadores e invitarlos a resolver problemas de investigación, “donde aún hoy en día no es suficiente el conocimiento existente».
Por otro lado, Víctor Lagos, Encargado Nacional del Programa de Restauración Ecológica del Sistema Nacional de Áreas Silvestres Protegidas del Estado (SNASPE), indicó que la gira técnica “constituyó una notable oportunidad para cotejar diferentes experiencias y visiones académicas, con las primeras evaluaciones de terreno respecto de los impactos e intensidad del incendio de esta última temporada. En terreno fue posible evidenciar, gracias al monitoreo sistemático de parcelas realizado por el profesor Mauro González y a partir de un incendio anterior (2002) en este parque nacional, la capacidad de respuesta o resiliencia de estos ecosistemas”.

Agregó que “lo observado da cuenta de respuestas heterogéneas de diferentes componentes de la diversidad biológica (especies y ensambles de especies), que pueden orientar la focalización o priorización de intervenciones, para planificar un trabajo más eficaz y eficiente en la restauración de este parque nacional. Ciertamente, hay zonas más afectadas o con una capacidad de respuesta más limitada (tanto por la severidad del daño, como por la composición de especies afectadas) que implican desafíos más urgentes”.

“Todas estas observaciones deberán ser contrastadas con evaluaciones geomáticas y de terreno, más precisas, incluso posteriores a la próxima estación de primavera. No obstante, en el corto plazo hay que concentrar los esfuerzos en el control de amenazas (ganadería, pérdida de suelo, introducción de especies exóticas, etc.), apuntando a la mitigación y rehabilitación de los impactos producidos”, advirtió.

También señaló que se concordó que el conocimiento científico, técnico y empírico existente requiere de la participación activa de la comunidad local, actores e interesados en la gestión de las unidades del SNASPE afectadas. “Para la construcción y ejecución de un plan de restauración ecológica se requiere del empoderamiento real de diferentes sectores, públicos y privados, de manera que se puedan establecer alianzas estratégicas y sinergias que contribuyan efectivamente en una mirada de más largo plazo, en la restauración ecológica de este importante parque nacional”.

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