Falta de lluvia no es el factor más importante en alza de contaminación (La Tercera)

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(23 de junio) Expertos dicen que tampoco es la solución al problema. Sólo menos emisiones evitarían las emergencias.

Por Cristina Espinoza

De no llover en una semana, el presente será el semestre más seco en la Región Metropolitana desde que hay registro (1866): sólo 11,9 mm de precipitación en lo que va del año. Lejos de los 100,8 mm del normal histórico a la fecha, e incluso de los 83,9 mm del año pasado. Y el pronóstico de la siguiente semana sigue sin mostrar lluvias para la zona central, confirma Luis Salazar, meteorólogo del Centro Nacional de Análisis de la Dirección Meteorológica (DMC).

A un fenómeno de El Niño débil y de lenta progresión, se suma la tendencia a la baja de precipitaciones proyectada por el cambio climático, y lo que los modelos arrojan es: incertidumbre. Aún no es seguro cuándo ni cuánto lloverá (ver recuadro) y, por ahora, la presencia de una alta presión subtropical bloquea el paso de los sistemas frontales que ingresan por el sur, los que son destruidos, inhibidos o frenados antes de llegar al centro. “Sólo ingresan más al sur: Los Lagos, algunos chubascos débiles en La Araucanía o en Concepción los próximos días”, indica Salazar.

La escasez de lluvia -a lo que el intendente Claudio Orrego ha atribuido el deterioro en la calidad del aire- es uno de los factores que influyen en las emergencias ambientales por esmog, pero no es el más importante. Para que el nivel de material particulado llegue a un nivel crítico confluyen de forma simultánea tanto la geografía, las condiciones de dispersión en la cuenca (variable meteorológica) y el alto volumen de emisiones (ver infografía).

“La falta de precipitación y las condiciones adversas para la dispersión (viento) no generan los altos índices, sólo dejan en evidencia la mala calidad constante del aire en Santiago”, indica Manuel Merino, jefe del Laboratorio de Meteorología y Calidad de Aire del Centro Nacional del Medio Ambiente (Cenma). “Las actuales condiciones dejaron en evidencia que las medidas de reducción de emisiones no son suficientes. La lluvia y el periodo primavera-verano son un paliativo transitorio”, agrega.

La lluvia sedimenta las partículas en suspensión. “Se van al suelo, eso ha sido medido y constatado, y por eso cuando llueve la gente siente que se limpia la atmósfera”, dice Isel Cortés, jefa del Laboratorio de Química Ambiental del Cenma. También impide que el roce de los vehículos las vuelva a elevar. Pero dos días después de la lluvia las malas condiciones reaparecen, sobre todo considerando que tras la lluvia vuelve el frío y este aumenta la inversión térmica. Entre Pudahuel (500 msnm máx.) y Las Condes (975 msnm máx.), por ejemplo, la diferencia de temperaturas a una misma hora llega fácilmente a 8 ó 10 grados, explica Ernesto Gramsch, investigador del departamento de Física de la U. de Santiago.

El aire más tibio en altura produce una capa que impide que el aire frío y contaminado salga de la cuenca. Moreno, del Cenma, insiste en que han recomendado la prohibición del uso de leña por todo el otoño-invierno (reemplazo por sistemas menos contaminantes), pues contribuye en 36% al material particulado fino más agresivo (MP 2,5). “Actualmente sólo se decreta prohibición en alerta y preemergencia, pero no hay fiscalización, es un hecho que no se cumple por falta de conciencia cívica”, dice.

La lluvia en regiones

Luis Díaz Robles, especialista en calidad del aire del departamento de Ingeniería Química de la U. de Santiago, explica que en la Región Metropolitana la geografía es compleja y eso hace que las emisiones que se generan -”que son altísimas”- no se puedan dispersar. “Si le sumas la condición meteorológica, varios días de mala ventilación, empeora el episodio y se genera la emergencia”, dice.

Pero ciudades como Temuco o Coyhaique, que son más lluviosas y con mejores condiciones de viento, también viven frecuentes episodios de emergencia ambiental. En la primera, suelen aparecer de noche, – 7 de la tarde a 3 de la mañana-, por la calefacción a leña, pero se dispersa en la mañana, mientras en Coyhaique, más pequeña y la más contaminada “la cuenca es tan cerrada que no ayuda a que los contaminantes se dispersen rápidamente”, explica.

Déficit récord para junio

La Dirección Meteorológica (DMC) confirmó ayer que el actual junio está a punto de batir un récord como el más seco en 50 años al no acumular lluvias. El último junio con condiciones similares fue en 2001, con 0,3 mm.

La condición se produce incluso en un periodo en que estamos bajo el fenómeno de El Niño, asociado a mayores eventos de precipitación. La DMC aclara, sin embargo, que no es el único factor que influye en la cantidad de lluvia, pues también estamos en la fase negativa de otra condición variable: la Oscilación Decadal del Pacífico (PDO, siglas en inglés), que afecta las precipitaciones.

René Garreaud, subdirector del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR2), explica que la proyección para El Niño indica que la condición continuará y que aún es posible que arroje lluvias normales o sobre lo normal en Santiago, pues estamos recién comenzando el periodo en que, históricamente, se produce el 90% de la precipitación.

“Es variable año a año, ha habido casos similares a este antes. Aún no se puede descartar que julio y agosto puedan ser lluviosos”, dice el climatólogo. Pero de continuar seco, explica, puede verificar que es una señal de cambio climático lo que está gatillando no sólo este período, sino que la última sequía. “La relación de El Niño y las lluvias ya no va a ser tan estrecha como antes”, dice.

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