La Niña se instala este verano con más lluvias en el sur austral y el altiplano (El Mercurio)

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En la zona central, especialmente en los valles interiores, el fenómeno traería temperaturas más altas de lo habitual.

Por Richard García

Ya no hay duda alguna, La Niña nuevamente se hizo presente. Su principal indicio es una baja de la temperatura del océano Pacífico que se registra en forma persistente desde mediados de este año. “Ya en junio las aguas empezaron a enfriarse y de ahí en adelante la temperatura continuó desplomándose”, explica el climatólogo René Garreaud, subdirector del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR2) de la U. de Chile.

El fenómeno de La Niña se conoce como la fase fría del evento climático El Niño-Oscilación del Sur (ENOS), que puede producir extremos climáticos como inundaciones o sequías en distintas partes del mundo debido al desplazamiento de las corrientes marinas.

La Niña se origina en las aguas del océano Pacífico ecuatorial, y se presenta cuando la temperatura superficial del mar es inferior a los -0,5 ºC respecto de la temperatura promedio.

Para saber si se enfrenta un Niño o Niña hay ciertos estándares, como esperar al menos tres meses en que la anomalía se mantenga. “Ya se cumplieron todos esos requisitos y las distintas agencias internacionales que monitorean esto, como la NOAA de Estados Unidos, ya declararon su condición oficialmente”.

“La idea general de la gente es que cuando hay Niño llueve más y si llega la Niña, las precipitaciones son menos, pero eso es válido para el invierno y ahora estamos en verano”, dice el especialista, quien explica que durante la temporada estival La Niña se manifiesta de forma diferente.

Es así como el altiplano sudamericano y en especial la parte alta de Chile, que va desde Parinacota a San Pedro de Atacama, tiende a recibir más precipitaciones que lo normal durante los años de La Niña.

Se trata de lluvias que pueden alcanzar gran intensidad en intervalos muy cortos de tiempo, las que pueden gatillar inundaciones y aluviones. Además, normalmente vienen acompañadas por tormentas eléctricas.

Los ríos prácticamente secos que desaguan en la costa de Arica, como el San José, tienden a presentar crecidas en los años en que el fenómeno de La Niña se presenta. “Eso ya lo sabe la gente del MOP y tienen equipos preparados para reaccionar”, agrega Garreaud.

En la Onemi de la Región de Arica y Parinacota ya están trabajando en forma preventiva en el tema, confirma su director regional Franz Schmauck. “Como oficina, estamos implementando el plan de lluvias estivales”, lo que implica reuniones con los municipios e identificación de puntos históricos donde se han generado desbordes de ríos y aislamiento de quebradas. En el caso de Arica ya se han construido protecciones en las riberas.

Calor en los valles

Otras acciones son la entrega adelantada a los municipios de material básico de apoyo, como bovinas plásticas y planchas de zinc para repartir inmediatamente, sin que deban esperar ayuda del exterior. “La idea es adelantarnos a los hechos tanto en la planificación como en la respuesta hacia la población”, explica Schmauck.

En la zona central el impacto de La Niña se traducirá en una costa con temperaturas más frías de lo habitual y más días nublados. En cambio, en los valles interiores y particularmente en localidades como Los Andes, Chillán, Talca o el mismo Santiago hay una pequeña tendencia a días un poco más cálidos, lo que favorecería también la ocurrencia de incendios forestales.

En la zona sur y austral, especialmente desde Los Lagos hasta Aysén, se esperan precipitaciones sobre lo normal, igual que en el altiplano.

Más al sur el impacto de La Niña se disipa. En Magallanes ya no se sienten sus efectos, menos en la Antártica, debido a la acción de otros fenómenos climáticos.

“La Niña va a estar con nosotros por lo menos hasta el otoño. No sabemos cómo va a ser el invierno. Dependiendo de eso, La Niña podría transformarse en una mala noticia de sequía para Chile Central”, reconoce Garreaud.

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