Las altas temperaturas aceleraron los deshielos antárticos este verano (El Mercurio)

453

El aumento de agua dulce en el mar está impactando la vida microbiana y podría alterar los niveles más bajos de la cadena alimenticia.

Por Richard García

Los deshielos antárticos se aceleraron este verano por las mayores temperaturas que se presentaron en la zona.

Así lo reconoce Beatriz Diez, investigadora de la Facultad de Ciencias Biológicas de la Universidad Católica, quien está evaluando cómo impacta en la vida microscópica marina el agua dulce derivada del colapso de los glaciares.

“Este año como el pasado se ha visto una mayor deglaciación de la zona. Hubo días que se presentaron hasta ocho grados Celsius de temperatura, lo que es muy poco habitual, aunque no se ha repetido hasta ahora el récord de 11 grados Celsius que se registró en marzo del año pasado”.

Como consecuencia, cuenta, en el frente de algunos glaciares es posible caminar sobre suelo descongelado y la playa está descubierta. “Eso significa que todo el hielo que falta ya está en el agua”.

La investigadora trabaja en la isla Greenwich (en el archipiélago de las Shetland del Sur), en el sector de Bahía Chile, donde descargan dos grandes glaciares, el Fuerza Aérea y el Traub. “Hay muchos más icebergs que lo habitual en el agua. Es impresionante la cantidad de bloques de hielo”.

El escenario es muy distinto a 2013, la primera vez que estuvo allá cuando el deshielo no era tan evidente. En esa oportunidad, trabajó en un proyecto del Instituto Antártico Chileno sobre el ciclo del nitrógeno. Ahora lidera uno más grande financiado por Conicyt y que incluye cooperación con el MIT. El objetivo es entender cuál sería el efecto de una deglaciación mayor en los niveles más bajos de la cadena trófica.

“El agua dulce trae nutrientes, metales y hasta compuestos contaminantes. Además incluye microorganismos que estaban en el glaciar y que no sabemos si van a competir con los microbios marinos”.

La preocupación es que eventualmente podrían desplazar a la población nativa, lo que generaría un cambio absoluto en la cadena trófica, afectando desde las especies menores hasta las ballenas, ya que los microorganismos locales sirven como alimento al zooplancton y además hacen fotosíntesis.

El aumento de agua dulce y nutrientes también podría disminuir la luz que llega a los niveles más profundos de la columna de agua, advierte la bióloga, lo que podría afectar el proceso de fotosíntesis de algas y otras especies vegetales generando ambientes con poco oxígeno, lo que también impacta la vida marina.

De hecho, en las últimas mediciones que realizó durante este verano descubrió que el enturbiamiento del agua ya está ocurriendo y en las zonas más próximas a la descarga del glaciar la luz apenas llega a no más de tres metros de profundidad, en comparación con las zonas más alejadas, donde alcanza más allá de los ocho metros de profundidad.

Leer en El Mercurio