Las ciudades tendrán que cambiar y adaptarse al clima (El Mercurio)

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Según las predicciones del cambio climático, habrá cada vez menos tormentas, pero serán más intensas. El problema es que Chile ni siquiera está preparado para una lluvia normal.

Por Lorena Guzmán H.

No es ninguna novedad, pero tras el último temporal volvió a quedar en evidencia que Santiago no está preparado para enfrentar una gran cantidad de lluvia en poco tiempo, ni menos mucho viento. Mientras que Chañaral lleva dos eventos en los últimos años que casi la borraron del mapa, al otro lado del mundo, Portugal es consumido por el fuego tal como pasó en el sur de Chile el verano pasado. ¿Esto es el cambio climático? No necesariamente, concuerdan los expertos.

“La mayor parte del riesgo de desastres naturales en Chile corresponde a variabilidad natural”, dice Roberto Rondanelli, investigador del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR)2 y académico de Geofísica de la Universidad de Chile. Aunque todavía el cambio climático tiene poca influencia en temporales como el de la semana pasada, se espera que en el futuro su presencia sí pese. Por eso es necesario prepararse.

A la medida

Así como los Países Bajos están ampliando y mejorando su red de diques para hacer frente al futuro aumento del nivel del mar (mucha de su superficie ya está bajo la cota de las aguas), California está repensando todo su sistema hídrico, lo que incluye desde construir nuevas represas, hasta derribar algunas antiguas, por ejemplo.

Chile, por su parte, tiene varios planes sectoriales de adaptación al cambio climático, pero el problema es que no hay métricas para evaluar si están dando el resultado esperado, cuenta Nicolás Bambach, director ejecutivo del Centro de Cambio Global UC. “Estamos poco preparados para enfrentar lo que viene y el problema, además, es que no sabemos cómo hacerlo”, agrega.

Muchas veces, las ciudades tienen que enfrentar condiciones meteorológicas nuevas y, en algunos casos, las estructuras institucionales no están preparadas para reaccionar adecuadamente. “Parece que no se alcanza a dar respuesta a la magnitud de las necesidades”, opina Bambach.

“Si bien los países desarrollados llevan la delantera en cómo enfrentar los desastres naturales, todas las naciones son vulnerables y a todas les falta preparación”, opina Roberto Rondanelli. El huracán Katrina, que en 2005 se llevó casi 2 mil vidas en Estados Unidos, es el mejor ejemplo.

Pero para Bambach, nuestro país tiene una ventaja: la práctica con los terremotos y maremotos. “Si logramos traducir esa experiencia a los desastres provocados por el cambio climático habremos hecho un avance importante”, dice. Ambas son instancias que ponen a prueba una ciudad y ese conocimiento ayudaría a una adaptación más rápida.

Si bien Chañaral ha tenido dos desastres seguidos -el aluvión de 2015 y el evento de principios de otoño-, Roberto Rondanelli recuerda que este tipo de desastres ocurre en la zona cada 30 o 40 años, por lo que no son algo totalmente inesperado. “El problema es que la ciudad está emplazada en la desembocadura de un río y eso no cambia”, enfatiza. Las medidas necesarias para proteger a Chañaral del agua son muy distintas a las que se necesitarían para blindar a Valparaíso contra el fuego. Por eso el problema es tan complejo.

Otro punto a considerar, agrega Bambach, es que todas las medidas de adaptación son a largo plazo y no necesariamente la necesidad de invertir en ellas se cristaliza en un solo gobierno. “Por ello, la ciudadanía es fundamental para poner el tema en la agenda”, dice. Y esto pasa en todo el mundo.

Al vivir en ciudades la gente se olvida del contacto con la naturaleza, agrega Rondanelli: “Es como un espejismo que termina cuando el planeta nos sorprende con los desastres”.

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