Las corrientes del Atlántico se debilitan, lo que afectará el clima (El Mercurio)

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Los veranos de Europa serán más cálidos y las tormentas, más fuertes; mientras que su influencia en el resto del mundo aún no está clara.

Por Lorena Guzmán H.

La temperatura del Atlántico baja abruptamente, aparecen las tormentas más grandes de la historia y el hemisferio norte queda totalmente cubierto de nieve. El derretimiento del Ártico provocó que más agua dulce entrara al Atlántico, provocando esta debacle climática y una nueva glaciación. Si bien este es el argumento de la película “El día después de mañana”, no se aleja tanto de la verdad.

El intercambio de agua fría y dulce que generan las corrientes del Atlántico norte afecta el clima planetario. Pensado en grandes escalas de tiempo, es responsable de las glaciaciones. En cambio, cuando se habla de décadas, las consecuencias no son tan extremas, aseguran dos trabajos publicados en la última edición de Nature, pero sí pueden potenciar el cambio climático.

En el Atlántico, a la altura del Ecuador, el agua se calienta porque recibe más radiación. Esta sube hacia el norte formando distintas corrientes, especies de cintas transportadoras de calor, que movilizan el agua más fría, explica Catalina Aguirre, investigadora del Centro de Ciencia del Clima y Resiliencia (CR)2 y académica de Ingeniería Civil Oceánica de la U. de Valparaíso. Ese cambio de temperatura modifica la densidad del agua, así como lo hace el agua proveniente del derretimiento de los hielos. Finalmente, cuando ese intercambio está en equilibrio, el planeta vive períodos cálidos, pero cuando las corrientes se detienen aparece la glaciación.

Lo que descubrieron separadamente ambos equipos internacionales es que las corrientes se han debilitado en 15%. Esto habría sucedido justo cuando llegó la Revolución Industrial -varias décadas antes de que la tendencia de calentamiento global se agudizara- y no habría cambiado desde entonces, asegura uno de los estudios. Mientras que el otro dice que el proceso habría comenzado incluso antes.

“Debido a los pocos datos que tenemos es difícil estimar si esto corresponde a la variabilidad natural de las corrientes o es consecuencia del cambio climático producido por la actividad humana”, explica Catalina Aguirre.

Independientemente de la causa de la pérdida de fuerza de las corrientes, esto sí está afectando el clima. Por ello, Europa tendrá veranos más cálidos y sus tormentas serán más intensas; el nivel del mar de la costa este de Estados Unidos subirá; y el Sahel, la franja de transición entre el desierto del Sahara y la sabana en África, sufrirá de sequías.

Por otro lado, su alcance a nivel mundial es incierto. Se desconoce si el cambio climático agravará el fenómeno y si todo, en conjunto, afectará el ciclo hidrológico del planeta.

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