Las cuentas pendientes con los océanos de Colombia y el mundo (Semana Sostenible)

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En tanto que Colombia podría perder 60 municipios costeros por el incremento del nivel del mar y vería afectados 80% de sus manglares por el cambio climático, la ciencia advierte ahora un cambio en la dinámica de las corrientes oceánicas del planeta provocado por el calentamiento global que podría alterar definitivamente los patrones climáticos.

La más reciente investigación sobre la situación de los océanos en el mundo fue la publicada por el Instituto de Oceanología de la Academia de Ciencias de China que estableció que el calentamiento global está acelerando las corrientes oceánicas masivas de la Tierra. En el informe, publicado en la revista científica Science Advances, los autores advierten que entre 1990 y 2013, la energía de las corrientes aumentó en aproximadamente un 15% por década.

«Si la aceleración es real, podría afectar las corrientes en chorro, los patrones climáticos y la cantidad de calor almacenado en las profundidades del océano«, reveló el estudio.

Hu Shijian, oceanógrafo del Instituto de Oceanología de la Academia de Ciencias de China y autor principal del estudio, comentó que los oceanógrafos sospechan que el calentamiento climático está afectando la circulación oceánica.

«La corriente de Kuroshio, que corre por el este de Asia, parece estable, mientras que el Agulhas, que fluye a lo largo de la costa oriental de África, se ha ampliado, fracturándose en remolinos serpenteantes. La Corriente del Golfo del Océano Atlántico puede estar debilitándose. Esto, a medida que el deshielo del Ártico desacelera a su conductor, el hundimiento del agua salada en el Atlántico Norte, mientras que las corrientes en el oceáno Pacífico han experimentado un fuerte repunte», sostuvo.


Un clima más cálido parece estar alterando las corrientes de los océanos. Foto: ESTUDIO DE VISUALIZACIÓN CIENTÍFICA DEL CENTRO DE VUELO ESPACIAL GODDARD DE LA NASA

Ante la inexistencia de mediciones directas sostenidas de las corrientes en todo el mundo, Hu y su equipo recurrieron a los llamados reanálisis, que combinan observaciones del océano y la atmósfera con modelos de computadora para llenar los vacíos y producir una imagen global. De cada uno de los cinco que utilizó extrajo la energía cinética del océano mes a mes, a una escala gruesa que ignoraría la turbulencia de los remolinos y las tormentas. Finalmente cada uno mostró un aumento distinto a partir de 1990.

La matriz Argo, una flota de casi 4.000 flotadores robóticos desplegados en todo el mundo, proporcionó la mejor prueba. El estudio indicó que los flotadores han estado subiendo y bajando en los 2.000 metros más altos del océano durante los últimos 15 años, midiendo la temperatura y la salinidad. Así mismo que los vientos oceánicos, que impulsan la mayoría de las corrientes, han aumentado constantemente en las tres últimas décadas.

Hu dijo que existe una buena evidencia de que la actividad humana ha contribuido a ese fortalecimiento. «Por ejemplo, en el hemisferio sur, el agotamiento del ozono y el calentamiento por causa de las emisiones de gases efecto invernadero han alterado la circulación atmosférica para empujar los famosos vientos del oeste del Océano Austral hacia el sur, lo que quizás provoque un ligero fortalecimiento y propagación de la Corriente Circumpolar Antártica. Mientras tanto, el calor del calentamiento del Atlántico tropical ha acelerado la circulación de Walker, un patrón ecuatorial que impulsa los vientos alisios del Pacífico», señala la investigación.

La aceleración del océano podría tener efectos en todo el mundo. Según el estudio, las corrientes tropicales más fuertes podrían llevar más agua tibia a latitudes más altas y ese calentamiento podría cambiar los patrones climáticos. Aunque este es el primer estudio global y todavía existe mucha incertidumbre, lo cierto es que refleja que los humanos están mal preparados para diagnosticar realmente lo que está sucediendo con los océanos. 

El 2020 será un año definitivo

Este será un año clave para los océanos. Varios objetivos planteados por la comunidad internacional para proteger los ecosistemas marinos y la seguridad alimentaria de la humanidad deberían cumplirse este año. Entre esas metas figuran, por ejemplo, la obligación de que los países protejan por lo menos el 10% de sus mares y de que se prohíban las subvenciones que contribuyen a la pesca ilegal y excesiva.

Además, el 2020 será el momento para evaluar cuál es el avance y cumplimiento de diversos tratados internacionales que han buscado proteger a los océanos y, finalmente, el mar será considerado en las discusiones más importantes sobre cambio climático.

Los océanos en la próxima COP y la necesidad de un acuerdo latinoamericano

La vigésimo quinta Conferencia de las Partes (COP) de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, logró que por primera vez se incluya a los océanos como ecosistema clave al discutir las estrategias formales de mitigación y adaptación al cambio climático.

Coral en fiordos de Tortel. Foto: Oceana.

Así, en junio de este año, los océanos formarán parte de las discusiones formales del Órgano Subsidiario de Asesoramiento Científico y Tecnológico (SBSTA), encargado de prestar asesoría a la COP, cuando se reúna en Bonn (Alemania). Será un momento crucial, aseguran los expertos, porque de ese encuentro saldrán conclusiones que serán llevadas a la próxima COP, la número 26, que se desarrollará en Glasgow (Escocia).

Los expertos consideran que reconocer la importancia crítica de los océanos en el sistema climático de la Tierra, y por ende en el calentamiento global, ayudará significativamente a impulsar la ambición climática.

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El Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) señaló que los océanos cumplen un rol fundamental en la regulación del cambio climático y, al mismo tiempo, sufren las consecuencias ocasionadas por él.

“El océano absorbe casi el 30% de todo el CO2 emitido y el 90% del calor adicional causado por el cambio climático. El océano está sufriendo consecuencias devastadoras que debemos abordar con urgencia”, comentó la ministra chilena de medio ambiente, Carolina Schmidt, durante la COP 25. Entre esas consecuencias se encuentra el aumento de la temperatura del agua, la acidificación y la pérdida de oxígeno; todos estos fenómenos con impactos que ya es posible percibir en los ecosistemas.

Corales muertos Foto: Greg Asner

A excepción de Brasil, los países latinoamericanos no son grandes emisores de gases de efecto invernadero. Las acciones que, por ende, provengan de ellos no tienen el alcance que pudieran tener aquellas impulsadas por países como China, Estados Unidos, India, Rusia o Japón. “Es por ello que existe gran frustración porque no se está llegando a acuerdos globales”, dijo Osvaldo Ulloa, director del Instituto Milenio de Oceanografía (IMO) en Chile.

Sin embargo, en opinión del oceanógrafo, los países latinoamericanos deberían ser capaces de responder a otros impactos igualmente graves como la contaminación y la sobrepesca.

“El océano se está deteriorando no solamente por el CO2. Si bien eso es muy importante, nosotros en Latinoamérica tenemos que preocuparnos sobre todo de lo inmediato y de cómo esto afecta a las comunidades costeras. Hay mucho que nosotros podemos hacer como comunidad de países que no pasa por los grandes acuerdos de la COP”, aseguró Ulloa.

Foto: Greg Asner

Sin embargo, el experto advirtió que es necesario seguir insistiendo para llegar a acuerdos globales. “Nosotros debiéramos hacer acuerdos regionales a nivel latinoamericano o sudamericano. Hacer esfuerzos en forma paralela a lo que se pueda estar haciendo con las grandes potencias”.

Se cumple el plazo para las áreas marinas protegidas

El Programa de Naciones Unidas para el Ambiente (PNUMA) definió, en 2010, el Plan Estratégico para la Diversidad Biológica, más conocido como Metas Aichi, un marco de acción con 20 metas que deben ser implementadas por los 196 países firmantes, a más tardar el 2020, con el fin de proteger la biodiversidad del planeta.

En la meta número 11, los países se comprometen proteger el 17% de la superficie de la tierra y el 10 % de sus mares.

Foto: patagoniaphotosafaris

La oceanógrafa Laura Farías, investigadora del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR) en Chile y líder de la mesa de océanos durante la COP 25, afirmó que “América Latina y el Caribe han avanzado notablemente en la superficie protegida de océanos desde el año 1990”.

Según la plataforma Protect Planet, administrada por el Centro de Monitoreo de la Conservación Mundial del Medio Ambiente de las Naciones Unidas, la región tiene un 13,09% del océano protegido correspondiente a 5.199.402 km2 . “La tasa de aumento (en Latinoamérica) es superior a otros continentes y Chile ha sido un buen ejemplo de ello”, agrega Farías.

El país sudamericano tiene el récord de áreas marinas protegidas con el 42,4 % de su territorio marítimo bajo alguna categoría de protección. Centroamérica, por su parte, también está en un gran debe puesto que, a excepción de Belice, ninguno de los países que conforman la región ha cumplido con la meta. Según Protect Planet, Costa Rica solo tiene un 2,61% de su mar territorial protegido. El Salvador un 0,71%, Guatemala un 0,9%, Honduras un 4,16%, Nicaragua un 2,97% y Panamá un 1,68%.

La eficacia de la meta, sin embargo, es algo que ha sido puesto en duda por científicos. El ecólogo Piero Visconti, investigador del Instituto Internacional de Análisis de Sistemas Aplicados en Viena, advierte que la meta, al centrarse en porcentajes, lleva a “resultados perversos”.

Ballena Jorobada en el Parque Marino Francisco Coloane. Foto: Patagonia Photosafaris.

Ulloa señala que “no basta con decir yo tengo un 10%” puesto que “es sumamente importante dónde va a estar ese 10%”. El científico explica que “mucho del deterioro del océano está asociado a los mares interiores, a la zonas costeras, y esa ahí donde se echa de menos más protección porque es donde se reproducen los peces. Finalmente, las comunidades humanas dependen del océano.

“El 10% suena bien, pero a mí me preocupa más el dónde”, dice el experto. “¿Estamos realmente protegiendo áreas críticas para los ecosistemas?”, se pregunta.

Por otra parte, Farías agrega que “no sirve solo aumentar las áreas marinas protegidas, sino que hay que generar planes de manejo y fiscalizar, de lo contrario la medida no es efectiva”. Sin embargo, la realidad de los países latinoamericanos es que “no tenemos la infraestructura ni los recursos por lo que claramente tenemos una debilidad”, señala Ulloa.

Un tratado global de los océanos en alta mar

Este 2020 se espera que se lleve a cabo la firma del Tratado Global de los Océanos. Su objetivo es crear un marco jurídico para la conservación y uso sostenible de la biodiversidad marina de los océanos en alta mar, es decir, en áreas fuera de las jurisdicciones nacionales (AFJN). Este tratado podría, entre otras cosas, contribuir a detener la sobrepesca y proteger la seguridad alimentaria de la humanidad.

Una ballena jorobada madre y cría cerca de la superficie. Las ballenas bebés necesitan respirar cada pocos minutos durante su primer año, por lo que el par tiende a permanecer cerca de la superficie. Crédito de la imagen: montereydiver en Best Running / CC BY 2.0.

Las aguas internacionales representan dos tercios del total del área ocupada por los océanos en el planeta y cubren más de 230 millones de kilómetros cuadrados. Un área mayor que la que ocupan todos los continentes juntos.

Diferentes stocks pesqueros dependen, en determinadas etapas de sus ciclos biológicos, de ecosistemas que se ubican en alta mar. La conectividad existente entre estos lugares del océano, los ecosistemas costeros y las economías de los diversos países es hoy innegable. Sin embargo, la contaminación provocada por sustancias químicas, el ruido y los plásticos, la sobrepesca y las prácticas pesqueras destructivas, todas ellas agravadas por los efectos del cambio climático y la acidificación del océano, amenazan la biodiversidad marina de alta mar.

Es por ello que hoy resulta esencial la conservación de los ecosistemas marinos que se encuentran en aguas internacionales, aseguró High Seas Alliance, una alianza entre 27 organizaciones no gubernamentales y la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), que promueve la cooperación internacional para fortalecer la gobernanza de alta mar.

Diferentes stocks pesqueros dependen, en determinadas etapas de sus ciclos biológicos, de ecosistemas que se ubican en alta mar. Foto: Greenpeace.
Diferentes stocks pesqueros dependen, en determinadas etapas de sus ciclos biológicos, de ecosistemas que se ubican en alta mar. Foto: Greenpeace.

Actualmente solo el 1% de los océanos globales están protegidos, a pesar de que la UICN estableció que lo mínimo necesario es un 30%. Este tratado sería el primero específicamente dirigido a la protección de la biodiversidad marina en AFJN.

La Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (CONVEMAR) es la “constitución” en materia de gobernanza global de los océanos. Sin embargo, ciertos vacíos y debilidades permiten que alta mar se encuentre desprotegida, sostuvo Mariamalia Rodríguez, experta en asuntos Latinoamericanos del High Seas Alliance. En la actualidad no existe ningún mecanismo general que permita el establecimiento de áreas marinas protegidas o reservas totalmente protegidas en alta mar.

Foto: Greenpeace.

Tampoco existen requisitos uniformes que rijan la realización de evaluaciones de impacto ambientales y evaluaciones ambientales estratégicas que permitan evaluar de forma completa las actividades humanas y sus efectos individuales y acumulativos. “Todas las organizaciones que tenemos ahora tienen un mandato sectorial”, señaló Rodríguez.

“Son como diferentes cajas que regulan o solo la pesca, o solo la navegación, o solo la minería. Se trata entonces de un marco fragmentado y sectorial que no apoya el tema de conservación puesto que cada quien se preocupa de su actividad, pero nadie está haciendo la tarea de coordinar. Este tratado busca ser una sombrilla que cubra los diferentes sectores que actualmente hay”, explicó.

Acuerdos para controlar la pesca ilegal

Cerca de 26 millones de toneladas del pescado capturado anualmente, o uno de cada cinco pescados vendidos, son pescados de manera ilegal o no declarada, con un valor de hasta 23 000 millones de dólares, según estimaciones de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

En alta mar, “las Organizaciones Regionales de Ordenamiento Pesquero (OROP) son las que, en principio, deberían establecer cuotas de pesca según información científica. Sin embargo, hay pesca no regulada y no reglamentada que se está llevando a cabo, sin ningún control. Se trata de una actividad ilegal que se da por fuera de los controles de estas regiones”, apuntó Rodríguez.

Dicha actividad opera a través de barcos que no se reportan o que pescan más de lo que deben y que, muchas veces, hacen trasbordos, entre buques, de la mercancía para desembarcarla en diferentes países.

Buque pirata La Fayette. Foto: MarineTraffic

El tratado global de los océanos busca generar mayor cooperación y coordinación entre países y organizaciones. “Ese fortalecimientos entre las estructuras que ya tenemos, podría marcar una diferencia en el combate de estos problemas”, afirmó Rodríguez.

Pero también existe otro acuerdo en el combate de la pesca ilegal. Se trata de las medidas del Estado Rector del Puerto (AMERP, por sus siglas en inglés) y en 2020 se darán a conocer los primeros resultados de una encuesta que busca evaluar si es que está siendo efectivamente aplicada y si ha dado resultados.

Este tratado, que entró en vigor en 2016, es el primero destinado exclusivamente a frenar la pesca ilegal y establece medidas para que los países suscriptores, 87 hasta ahora, las apliquen cuando los barcos extranjeros estén en sus puertos o busquen ingresar a ellos. En concreto, el acuerdo pide a los buques extranjeros someterse a inspecciones en cualquier puerto donde realicen escala si es que los Estados, donde se produce ese paro, lo consideran necesario.

Descarga de atunes en Manta, Ecuador. Foto: Pablo Guerrero WWF

A los barcos sospechosos de estar involucrados en la pesca ilegal se les puede denegar la entrada a los puertos o autorizarla únicamente para su inspección.

En 2019, las naciones firmantes acordaron la implementación de un cuestionario para determinar cómo se está implementando el acuerdo en cada país y cuáles son las brechas entre los miembros. Se espera que los primeros resultados estén listos para la próximo reunión del AMERP en 2020.

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Pesca industrial de pelágicos. Foto: Oceana

Seguimiento al cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible

En septiembre de 2015, los Estados miembros de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) adoptaron un conjunto de objetivos globales, los llamados Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), para “erradicar la pobreza, proteger el planeta y asegurar la prosperidad para todos como parte de una nueva Agenda de Desarrollo Sostenible.

El ODS número 14 es conservar y utilizar de manera sostenible los océanos, los mares y los recursos marinos. Para avanzar en su cumplimiento, la Asamblea General de las Naciones Unidas decidió realizar, en Lisboa, una conferencia entre los días 2 y 6 de junio de 2020, donde las discusiones rondarán en torno a cómo ampliar la acción oceánica basada en la ciencia y la innovación para la implementación de este objetivo.

Pescadores de la Higuera cosechando locos. Foto: Oceana - Eduardo Sorensen
Pescadores artesanales de la Higuera, Chile, cosechando locos. Foto: Oceana – Eduardo Sorensen

La conferencia busca, entre otras cosas, invitar a los Estados miembros a proporcionar una actualización sobre la implementación de los compromisos voluntarios asumidos para apoyar la implementación del ODS 14.

También espera estimular nuevas alianzas innovadoras y concretas, apoyar acciones adicionales para conservar y utilizar de manera sostenible los océanos, identificar otras formas y medios para apoyar la implementación del objetivo 14, compartir las experiencias adquiridas a nivel nacional, regional e internacional, identificar posibles desafíos y obstáculos así como oportunidades y medios innovadores para apoyar la implementación del objetivo 14.

Para ello, el encuentro espera involucrar a todas las partes interesadas: gobiernos, organizaciones intergubernamentales, instituciones financieras internacionales, organizaciones no gubernamentales, organizaciones de la sociedad civil, instituciones académicas, comunidad científica, sector privado y filantrópico.

Pescadores artesanales pescando merluza. El único ejemplar adulto pescado en la jornada de trabajo. Foto: Michelle Carrere
Pescadores artesanales pescando merluza. El único ejemplar adulto pescado en la jornada de trabajo. Foto: Michelle Carrere

Algunas de las metas propuestas en el objetivo 14 tienen como fecha de cumplimiento el 2020. Una de ellas es “gestionar y proteger sosteniblemente los ecosistemas marinos y costeros para evitar efectos adversos importantes, incluso fortaleciendo su resiliencia, y adoptar medidas para restaurarlos a fin de restablecer la salud y la productividad de los océanos”.

También este año se cumple el plazo para “reglamentar eficazmente la explotación pesquera y poner fin a la pesca excesiva, la pesca ilegal, no declarada y no reglamentada y las prácticas pesqueras destructivas, y aplicar planes de gestión con fundamento científico a fin de restablecer las poblaciones de peces en el plazo más breve posible, al menos alcanzando niveles que puedan producir el máximo rendimiento sostenible de acuerdo con sus características biológicas”.

Colombia tiene muchos asuntos pendientes 

La destrucción de los hábitats, la intervención irresponsable del espacio costero y el cambio climático son las principales amenazas que se ciernen hoy sobre los océanos colombianos. Sin embargo, no son las únicas.

El olvido al que han sido sometidas estas áreas por años, se ha convertido en uno de los principales detonantes de su situación actual. Los arrecifes coralinos, manglares y fondos blandos, entre otros ecosistemas marinos, están en peligro.

Se trata de una realidad preocupante, pues estas zonas son clave para la conservación del planeta. Francisco Arias, director del Instituto de Investigaciones Marinas y Costeras (Invemar), dijo que la producción de oxígeno en el mar es casi dos veces la de las selvas y los bosques de la parte emergida del planeta. Además tienen la capacidad para mantener la regulación climática, razones de peso para cuidarlos.

“Los mares colombianos tienen valles, cordilleras, caños y escarpes, lo que le brinda al país unas características especiales desde el punto de vista biogeográfico, pues responden por toda esa biodiversidad y riqueza; sin embargo, son áreas olvidadas”, manifestó.

El investigador llamó la atención, además, sobre lo que sucede en estas zonas que están siendo impactadas y desapareciendo por cuenta de la mano del hombre.

El área de arrecifes coralinos en el país es pequeña, tiene en total de 111.000 hectáreas por la falta de de conservación. Sin embargo, estos ecosistemas son determinantes desde el punto de vista biológico, social, cultural y económico, pues son clave para garantizar la seguridad alimentaria de muchas comunidades.

De igual forma, juegan un papel importante en la estabilidad planetaria debido a que actúan como depositarios de CO2, de manera eficiente y a diferencia de lo que sucede con los ecosistemas terrestres, la mayor parte de las emisiones de carbono que capturan jamás vuelve a la atmósfera. “Esto es muy importante en el ciclo del carbono y estos ecosistemas han sido olvidados en la discusión del cambio climático”, aseguró Arias.

En cuanto a los pastos marinos, solo hay 43.000 hectáreas, que están situadas principalmente en el Caribe. Este dato, según Invemar, corresponde a la mitad de los que había a principios del Siglo XX.

Las actividades humanas alrededor de las grandes ciudades en la Costa los han hecho desaparecer. Francisco Arias, precisó que el sitio más crítico en términos de pérdida es la Bahía de Cartagena y sus alrededores, pues sus pastos marinos desaparecieron con su importancia ecológica y de producción de oxígeno. Los más relevantes hoy están ubicados en la Península de La Guajira.

La situación de los manglares


Colombia tiene alrededor de 300.000 hectáreas de manglares en el Pacífico y 87.000 en el Caribe. Foto: archivo/Semana.

No diferente es la situación de los manglares, zonas de las cuales Colombia tiene alrededor de 300.000 hectáreas en el Pacífico y 87.000 en el Caribe. Sin embargo, tiene tres ecosistemas que en estado crítico: la Bahía de Cispatá, la Ciénaga Grande de Santa Marta y el Golfo de Urabá.

Los fondos blandos también están siendo afectados por la exploración y explotación de hidrocarburos, situación preocupante si se tiene en cuenta que representan el 95% del total del territorio marino del país. Estos ecosistemas son los principales depositarios del carbono y del fitoplancton que hay en el fondo de los océanos.

Es tal el olvido al que han sido sometidos los mares y los océanos, que en el país muy poco lo que se habla de su territorio, por ejemplo. Se dice que el territorio colombiano tiene 1.134.000 kilómetros cuadrados; no obstante, este dato corresponde a la parte emergida, pero no se mencionan los más de 900.000 kilómetros de aguas marinas y submarinas.

“Hay valores olvidados marginales a los circuitos económicos y sociales del país y las comunidades costeras son las más vulnerables y alejadas de la nación, pues son muchos los sitios en los que la única forma de llegar es por mar, dado que no hay ni carreteras, ni aeropuertos y la única alternativa son lanchas, con distancias enormes en tiempos y en costos”, manifiesta Arias.

Cerca de 60 municipios costeros colombianos estarían en riesgo

A construir diques y muros se verán obligados los gobiernos de los países y ciudades costeras, si no quieren desaparecer en lo profundo del mar.

Un reciente estudio realizado por la organización científica Climate Central y publicado en Nature Communications, reveló que a partir del año 2050, las zonas costeras, en las que actualmente viven 300 millones de personas, se inundarán cada año. 

El cambio climático es, según la investigación, la principal causa, pues el aumento de la temperatura del planeta como consecuencia de la contaminación de la atmósfera por los gases de efecto invernadero, generará el derretimiento de los glaciares y, por tanto, el incremento del nivel del mar.

El documento advierte que producto de este fenómeno se verán afectados el triple de las personas que hasta ahora se había estimado con los modelos de predicción tradicionales.

Varias ciudades de Asia, Brasil, Irak, Tailandia, Mozambique, Estados Unidos, Holanda, Indonesia, España e Italia hacen parte del grupo de mayor amenazadas. 

En la zona roja del mapa de riesgo elaborado por los autores del estudio aparecen registradas ciudades como Shanghai, Bangkok y Basora, al igual que estados como Nueva Jersey, Florida y California. También algunas zonas costeras de Nueva York. Se presume, incluso, que poblaciones como Long Beach desaparecerán.


Se espera que fenómenos extremos como los tsunamis sean cada vez más intensos en los próximos años debido al aumento del nivel del mar. Foto: Getty. 

Colombia también se vería afectada. Un total de 60 municipios costeros del país, con una extensión de 7,2 millones de hectáreas, se encontrarían en riesgo de inundación para el año 2100, por aumento del nivel del mar. Esta cifra corresponde al 9% de la zona costera, de acuerdo con análisis realizados por el Instituto de Investigaciones Marinas y Costeras (Invemar). 

Adicionalmente, al final de este siglo podría perderse por erosión costera cerca del 1% de las áreas municipales ubicadas en esas zonas, siendo los departamentos de Magdalena, Atlántico, La Guajira, Cauca, Córdoba, Bolívar, Chocó y Nariño los más afectados, según indican los modelos predictivos realizados durante los últimos 15 años por dicho instituto.

El país es altamente vulnerable a los impactos del cambio climático y sus zonas costeras están dentro de las más frágiles del planeta. Adicional al aumento del nivel del mar, hay otros fenómenos de origen natural y climático que pueden afectar estas áreas: la acidificación del océano, la exacerbación de huracanes y mares de leva o la Oscilación del Sur, más conocida como fenómeno de El Niño – La Niña.

Los estudios de Invemar indican que a nivel de ecosistemas el 80% de los manglares podría verse afectado por el aumento del nivel del mar (26% en el Caribe y 74% en el Pacífico) y también por la erosión costera que puede impactar un 5% de los mismos, principalmente en el Pacífico con un 69% y 31% en el Caribe.

En lo que hace referencia a los arrecifes coralinos los resultados de los modelos predictivos muestran que para final de siglo cerca del 35,3% de los corales estarían expuestos a temperaturas superficiales del mar (TSM) superiores a 28,9°C, siendo los del archipiélago del Rosario y San Bernardo los más susceptibles a verse afectados.

En los pastos marinos, las mencionadas temperaturas tienen menores implicaciones que para los corales; sin embargo, para el 2100 aproximadamente el 7% de las áreas de pastos tendrían un nivel de exposición a la TSM superior a 30°C y podrían empezar a presentar mortandades por estrés térmico, según el análisis de Invemar y el Instituto de Hidrología, Metereología y Estudios Ambientales (Ideam), de 2017.

En cuanto a la acidificación marina, los análisis muestran un valor mayor de 3 para ambas costas, en un rango 3,45 y 3,9 en el Caribe y de 2,8 y 3 para el Pacífico, indicadores que evidencian un entorno aceptable para la sobrevivencia de los corales.

Lo preocupante es que, según Invemar, frente a estas amenazas el país carece de información detallada para medir las variables del sistema del carbono de manera directa y adecuada según los estándares internacionales, por lo tanto, se requiere hacer desarrollos en capacidades nacionales para evaluar los impactos y generar modelos específicos para las condiciones del Caribe y Pacífico colombianos.

Por si fuera poco, a esto hay que sumarle las consecuencias del cambio climático y adicionarle las de origen antrópico como la contaminación, las actividades náuticas y marítimas sin precaución, la construcción de infraestructura costera como muelles y puertos, la sobrepesca, el uso de artes de pesca ilegales y las actividades de buceo o senderismo acuático sin el debido cuidado y precaución.

La falta de estudios y de información científica es otro grave inconveniente que impide que el Estado y las instituciones a las que corresponde, actúen de forma oportuna y eficaz. Aún resta mucho por hacer en Colombia y el mundo por los océanos, y aunque el panorama no es alentador, todavía se pueden salvar, solo falta voluntad.

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