Las hojas alertan sobre el tipo de contaminantes en Santiago (El Mercurio)

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La observación de árboles nativos revela la presencia de metales pesados en diferentes concentraciones según la comuna.

Por C. González

Investigadores de la U. Católica de Valparaíso (PUCV) examinaron durante casi dos años el material particulado que se acumula en hojas de árboles nativos como quillay y peumo en distintas comunas de Santiago. Así descubrieron la presencia de elementos como molibdeno, plomo, aluminio y estaño, que en grandes concentraciones pueden ser nocivos para la salud humana, y que suelen depositarse en diferentes cantidades y sectores de la capital, según la época del año.

“El mensaje es claro: respecto a la calidad del aire, las actividades que se desarrollan en un sector pueden afectar a otro”, precisa Ariel Muñoz, académico del Instituto de Geografía de la PUCV e investigador del Centro del Clima y la Resiliencia (CR)2. Por ejemplo, “hay comunas con muy pocas fuentes de emisión, como en el sector oriente, pero hay metales pesados que están concentrados mayormente ahí. Esto tiene que ver con patrones de circulación atmosférica del aire, que mueven los elementos por la ciudad”.

Restauración

A partir de la experiencia en otros países, los investigadores hicieron un catastro de árboles en la ciudad y escogieron quillay y peumo para este trabajo: tienen hojas lisas, lo que favorece la acumulación de material particulado. Tardan tres días en cubrir y tomar muestras de casi 40 comunas, una vez en cada estación del año.

Los análisis en laboratorio han mostrado que elementos como cobre, plomo y plata se concentran en zonas del centro y norte de Santiago, especialmente en invierno y verano. Otros elementos, como el molibdeno, se acumulan en todas las estaciones del año en el sur de la ciudad, asociado a fuentes específicas que procesan este metal en esa zona. El cadmio también se encuentra en altas concentraciones en esta área de la capital, pero solo en verano.

“Hemos visto que a pesar de que ya no hay plomo en el combustible, aún tiene una alta presencia. Dejamos de emitirlo, pero no nos hemos hecho cargo del que quedó en el ambiente”, agrega Muñoz. Al ser un elemento pesado, no se dispersa fácilmente con el viento.

La iniciativa busca ser un complemento al limitado número de estaciones de monitoreo distribuidas por la capital. “Sabemos que tienen alto costo y, aunque miden material particulado de distinto tamaño y algunos gases, no miden todos los elementos que pueden generar daño en la salud. Esta es una alternativa más económica para identificar en qué lugares se concentran los elementos químicos”.

Los investigadores plantean que esta alternativa de monitoreo puede aplicarse en otras ciudades con alta carga de contaminantes, como Antofagasta, Coyhaique y Temuco; así como en la zona del borde costero donde están instalados parques industriales y así conocer su radio de impacto.

“Este es el primer paso para hacer una restauración ambiental; cómo podemos modificar actividades y hábitos de producción y transporte, para mejorar la calidad del aire y reducir la carga de metales pesados”.

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