Las olas de calor y las sequías se duplicaron en menos de 100 años (El Mercurio)

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Las mayores posibilidades de que un mismo año sea seco y que su temperatura se eleve sobre el promedio están poniendo en peligro la producción de alimento a nivel mundial.

Por Lorena Guzmán H.

Hace tiempo que los datos dicen que la temperatura promedio en la mayoría de los rincones del planeta está subiendo y que en muchas partes, también, la lluvia está disminuyendo. Pero nunca se habían estimado las probabilidades de que ambos fenómenos se den juntos y menos que su frecuencia esté aumentando alarmantemente.

Utilizando datos de temperatura y precipitaciones -entre 1931 y 2015- de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA), un grupo de científicos descubrió que las probabilidades de que un año sea seco y además con temperaturas sobre lo normal se duplicaron a nivel mundial en los últimos 100 años. El equipo determinó que entre 1961 y 1999 las posibilidades de que se dieran ambas condiciones eran de 20%. Pero con la llegada del siglo XXI esas chances se elevaron a 40%.

No es extraño que la sequía haga alianza con el calor en forma cada vez más frecuente. «En los años más secos hay más radiación, lo que impacta en la temperatura, así como también el que haya más demanda hídrica», explica Juan Pablo Boisier, investigador del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR)2.

Esta mayor ocurrencia, asegura el estudio, no solo ha llevado a la aparición de los megaincendios, sino que también ha afectado fuertemente a la agricultura y ganadería.

Zonas clave

«Cuando miramos los datos históricos en las regiones productoras de granos y de pastoreo clave, encontramos que antes del cambio climático provocado por el hombre había muy bajas posibilidades que dos de estas zonas experimentaran al mismo tiempo estas condiciones severas», dice Noah Diffenbaugh, climatólogo de la Universidad de Stanford, en Estados Unidos, y coautor del estudio.

Es así como antes China e India, dos de las regiones agrícolas más grandes y más pobladas del mundo, tenían solo 5% de probabilidades de tener períodos secos y calurosos al mismo tiempo, pero eso fue solo hasta 1980. Desde entonces esas posibilidades han escalado hasta el 15%.

«Estas son grandes regiones de cultivo y pastoreo que cuando tienen problemas de producción impactan a todo el mundo, incluido Chile, porque el precio de los alimentos es global», dice Juan Pablo Boisier.

Además, cuando los extremos climáticos ocurren simultáneamente se exacerban los impactos adversos más allá de los consecuencias que hubieran tenido por separado, dice Ali Sarhadi, líder del estudio e investigador de la Universidad de Stanford.

Si bien los resultados presentados no sorprenden porque las tendencias de temperaturas y precipitaciones en todo el mundo están subiendo y bajando, respectivamente, cada región tiene condiciones particulares, dice Juan Pablo Boisier. «Los efectos del cambio climático en Chile podrían ser incluso un poco más fuertes que a nivel global por los datos de temperaturas locales que se tienen hasta ahora», agrega. El traslado de las zonas de cultivos hacia latitudes más al sur es una prueba de este fenómeno.

Pero el futuro puede ser menos oscuro, concluye el estudio, si se diminuyen las emisiones de gases de efecto invernadero. Ello haría que las frecuentes apariciones de esta dupla letal disminuyeran.

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