Los desafíos del cambio climático en la era Trump (El Mercurio)

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Como candidato, el Presidente de Estados Unidos no solo dijo que no haría nada en contra del calentamiento global, sino que incluso negó su existencia. Por ahora se desconoce si se mantendrá en el Acuerdo de París, pero lo que sí es seguro es que las consecuencias de sus acciones afectarán a todo el mundo.

Lorena Guzmán H.

“El concepto de calentamiento global fue creado por y para los chinos, para volver a la industria de EE.UU. no competitiva”, tuiteó Donald Trump cuando aún no era Presidente de Estados Unidos.

Esta semana, tras el primer discurso del Mandatario ante el Congreso estadounidense, Bernie Sanders, demócrata que compitió con Hillary Clinton por la nominación como candidato en las últimas elecciones, dijo en la misma red social: “En el discurso de Trump no escuché una palabra sobre el cambio climático -la mayor amenaza que enfrenta nuestro planeta”.

En paralelo, Patricia Espinosa, la nueva cabeza en el tema de cambio climático de Naciones Unidas, espera paciente que la administración de Trump le responda a su propuesta de reunión, algo que muchos catalogan como un desaire diplomático. Ella ha dicho estar preocupada por los rumores de que Estados Unidos se excluya del acuerdo de París -el instrumento internacional que tiene el mundo hoy para combatir al cambio climático-. Pero si resultan ser ciertos, el mundo de igual manera podrá pelear contra el calentamiento, dijo.

Tensa espera

Amenazas, contraamenzanas, omisiones y silencios son los ingredientes que han caracterizado la relación de Donald Trump con el cambio climático. Desde negarlo enfáticamente hasta “tener la mente abierta” sobre el Acuerdo de París han sido las aguas en las que han navegado sus declaraciones. Es cierto que aún no hay nada concreto, pero también lo es que justo cuando él fue elegido, al otro lado del mundo, en Marrakech, Marruecos, los especialistas reunidos para cristalizar el Acuerdo de París siguieron los resultados de la contienda aguantando la respiración. El ambiente no es de pesimismo puro, pero la cautela abunda hasta saber qué tan graves serán las consecuencias. Porque, independientemente de las medidas que finalmente tome la administración, las habrá.

Para algunos pudo ser ironía que la reunión de cambio climático que se realizó en Marrakech coincidiera con las elecciones de Estados Unidos, pero finalmente sirvió para darle más visibilidad a la primera, opina Eduardo Sanhueza, consultor internacional sobre cambio climático. “De alguna manera reafirmó la voluntad del resto de los países de decir que el Acuerdo de París es algo sustantivo, que se logró ratificar en un muy corto plazo y que se sigue trabajando para llevarlo a cabo”, dice.

Aunque la gran mayoría de los países ya ratificó el acuerdo que se logró en París a fines de 2015, el cómo se va a llevar a la práctica aún es un trabajo en progreso. Por ello, si Trump decide retirarse, el golpe no será menor. No lo va a destruir, pero sí lo va a desestabilizar. Si esto mismo hubiera sucedido con un acuerdo más maduro, sería diferente. “Los mecanismos sobre los que descansa el nuevo tratado habrían tenido tiempo de acordarse y consolidarse”, dice Francisca Reyes, académica del Instituto de Ciencias Políticas de la Universidad Católica. Pero, por otro lado, si Estados Unidos se queda, agrega la especialista, la pregunta es si su administración permitirá el acceso a los datos de cumplimiento de las metas del país.

Ahora bien, aunque hay formas para que el retiro de Estados Unidos se cristalice, el costo político de hacerlo podría ayudar a detener la fuga, dice Pilar Moraga, investigadora del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR)2 y académica de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile.

Uno de los artículos del acuerdo establece que un país se puede retirar a los tres años de que el acuerdo esté en ejecución, siempre y cuando dé aviso con un año de antelación. Pero en la última parte de ese mismo artículo dice que si el país se retira de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático -la matriz de todos los acuerdos sobre el tema-, se da por entendido que el país también se exime de participar en el acuerdo. En este caso no hay plazos mínimos que cumplir.

“Si Estados Unidos optara por esta segunda vía, sería muy fuerte en términos de relaciones internacionales y diplomacia. La Convención es muy sólida y tiene historia como para abandonarla sin consecuencias”, dice la especialista.

Cambio de escenario

Haciendo el análisis desde otro punto de vista, Francisca Reyes dice que hay que recordar que el Acuerdo de París se cerró un año antes de las elecciones estadounidenses, por lo que el discurso de Trump como candidato corresponde al viejo orden del cambio climático. “Lo que preocupó a Estados Unidos sobre el acuerdo de Kioto -el antecesor de París- era la falta de equidad respecto de las responsabilidades”, explica. Y en ese contexto, el que la industria de Estados Unidos se viera injustamente afectada fue una bandera de lucha. Con París esto se equiparó con, entre otras cosas, el acuerdo que el mismo Estados Unidos, cuando Barack Obama estaba a su cabeza, logró con China e India, entre otros países, por un mecanismo voluntario de reducción de emisiones como base del nuevo acuerdo.

Eso, junto con la “internalización” del cambio climático por parte de la economía, sitúa al planeta en otra etapa. “Algunas fuerzas del mercado se soltaron. Hay ciertas dinámicas que ya empezaron y son imparables, y que fueron detonadas por las bajas substanciales de costos en la generación de energías renovables”, dice Francisca Reyes.

Eduardo Sanhueza coincide con el análisis. “Va a resultar difícil desconocer algunos nichos de negocios muy buenos. Qué mejor ejemplo que el de Tesla, que además de los autos eléctricos, ahora decidió incursionar en las techumbres solares”, opina. Pero por otro lado también es cierto, agrega el consultor, que si Estados Unidos se retira, la reconversión tecnológica en el mundo será más lenta. “Todo el cambio que se requiere para bajar las emisiones se verá afectado, pero también aparecerán nuevos jugadores que querrán tomar el liderazgo en ello”, dice. Y China estaría dispuesta a cumplir ese rol, por ejemplo.

Otra consecuencia del retiro del tablero de Estados Unidos son sus aportes a los fondos de adaptación y mitigación. Lo comprometido fue fundamental para lograr el consenso de París, y aunque las platas podrían ser respuestas por otros países, no hay que olvidar que Estados Unidos es uno de los principales emisores de gases de efecto invernadero.

También se debe considerar, dice Pilar Moraga, que finalmente el cambio climático es un problema a largo plazo, por lo que el gobierno de Trump no va a lograr cosas que sean completamente irreversibles. De momento, lo comprometido por los países en el Acuerdo de París no es suficiente para mantener a raya el aumento de la temperatura global promedio en los 2 °C. “Si a eso le sumamos el no cumplimiento de Estados Unidos de sus medidas, la meta se vuelve aún más lejana”, asegura.

La voz de la gente

Los especialistas coinciden en que la comunidad y los gobiernos locales se volverán muy importantes en la lucha contra el cambio climático. Incluso, para contrapesar las medidas de los gobiernos centrales. “Ya se ha producido la judicialización de estos temas en Nueva Zelandia, Pakistán y otros, donde lo que se alega es el incumplimiento de los compromisos a nivel internacional”, dice Pilar Moraga, investigadora del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR)2 y académica de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile.

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