Los primeros refugiados climáticos de EE.UU. (La Tercera)

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    Los habitantes de la isla Jean Charles, en Luisiana, se preparan para salir del lugar que, en los últimos 60 años ha perdido el 98% de su superficie por la erosión y el aumento del nivel del mar.

    Por Cristina Espinoza

    Un centro comunitario que pueda servir como refugio ante un huracán o tornado, es lo primero que la comunidad de la isla Jean Charles, en Luisiana, EE.UU., quiere construir una vez que deban ser trasladados. La población, la mayoría miembros de la tribu Biloxi-Chitimacha-Choctaw, será reubicada en otra zona del estado, porque la tierra en la que viven está desapareciendo por la erosión y el aumento del nivel del mar.

    “Vamos a perder todo nuestro patrimonio, toda nuestra cultura”, dijo Albert Naquin, jefe de la tribu al The New York Times.

    Son los primeros refugiados climáticos estadounidenses, quienes se adjudicaron 48 millones de dólares (del Departamento de Vivienda y Desarrollo Urbano y la Fundación Rockefeller) para reasentarse en una zona más al norte de Terrebonne Parish, Luisiana del Sur.

    Desde la década de 1950, la isla Jean Charles ha perdido el 98% de su superficie. Es cada vez más estrecha y lo que solía ser tierra firme, ahora es agua, pasando de tener 17 kilómetros de largo y 8 km de ancho, a 3,2 km de largo y 400 metros de ancho en 2016. La extracción de petróleo, la tala y la construcción de diques en el río Mississippi han contribuido a la erosión del terreno, además del alza del nivel del mar y los huracanes.

    Hoy quedan cerca de 25 familias, con las que trabaja el Centro Lowlander -una institución sin fines de lucro- para realizar el proceso de reasentamiento. El plan no obliga a nadie a salir de la isla y, de hecho, algunos de sus residentes quieren permanecer ahí, aunque no está claro cuánto tiempo más pasará antes de que el agua consuma la tierra por completo.

    Consultado por Bloomberg, el jefe de la tribu, Albert Naquin, contestó con una analogía sobre un perro y sus cachorros. Tratar de convencer de mover a todos los cachorros a la vez es desesperado. Pero una vez que la madre se aleja, los cachorros se asustan y corren detrás de ella. “Como jefe, hay que ver qué es lo mejor”, dijo. “Esta temporada de huracanes podría ser la que acabe con ellos”, aseguró.

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    Este programa no es el primer intento de sacar a la población del lugar. En 2002, cuando el Cuerpo de Ingenieros del Ejército decidió los límites de un nuevo sistema de diques en la zona, llegó a la conclusión de que ampliar el dique alrededor de la isla no valía el gasto, y ofreció ayudar a los residentes a moverse, si todos estaban de acuerdo. Pero no lo estuvieron.

    En 2009, después de los huracanes Ike y Gustav, se ofreció a los isleños trasladarse a la ciudad de Bourg -20 minutos al norte-, pero los residentes de allí se resistieron. El último intento fue en 2012, luego de que un huracán de arena devastara la costa este y el Congreso respondiera otorgando dinero para aliviar el daño de las tormentas futuras. Tampoco resultó.

    Dificultad del traslado

    Según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), entre 50 y 200 millones de personas, principalmente agricultores de subsistencia y pescadores, podrían ser desplazados en 2050 debido al cambio climático.

    Paulina Aldunce, investigadora del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR2) y coautora de uno de los informes del IPCC, indica que el panel de científicos señala que todas las migraciones son multicausales y cada vez hay más consenso de que el cambio climático va a ser causa de ellas. “Lo importante siempre es tomar todos los resguardos. Cuando ocurren este tipo de migraciones hay que poner énfasis en el capital social de la población, porque sucede -sobre todo en países en desarrollo- que cuando son recibidos por países o ciudades más desarrolladas, son separados y sus redes se pierden. Es importante mantenerlos juntos”, asegura.

    En el libro El cambio climático, migración forzada, y el Derecho Internacional, la australiana Jane McAdam señala que se han producido “al menos 86 reubicaciones de comunidades enteras dentro del Pacífico”, tanto durante el período colonial como, más recientemente, debido a la presión ambiental. “Un sentimiento dominante entre los que han sido reubicados es de descontento, a menudo a través de generaciones”, cita Bloomberg.

    Aldunce señala que, a nivel global, se espera que siga incrementándose el movimiento campo-ciudad. “Las naciones cuyas economías dependen de recursos naturales, como la agricultura, son los que van a sufrir más. Eso combinado con menos recursos económicos de los países”, dice. África debería ser una de las zonas más afectadas.