Maisa Rojas: «Esta sequía debiera enseñarnos a tener un cambio profundo en cómo gestionamos el agua» (El Mercurio Valparaíso)

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    Habiéndose dedicado a estudiar científicamente el clima, actualmente se desempeña como académica del Departamento de Geofísica y es además la actual directora del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR2) de la Universidad de Chile. Por otra parte, es la única científica que participa en el Consejo Presidencial encargado de colaborar con la planificación y desarrollo de la próxima conferencia sobre cambio climático (COP25) que se realizará en Santiago en diciembre, y que ella ve como una gran oportunidad para Chile.

    Por Patricio Tapia

    Grandes incendios, megasequía, huracanes devastadores. Los desastres vinculados al cambio climático parecen conducir a la movilización de grupos ambientalistas, a la preocupación de la ciudadanía y a la acción de algunos gobiernos. La física y climatóloga Maisa Rojas (1972), sin embargo, elige la tranquilidad para explicar todo lo que rodea a estos fenómenos.

    -¿Alguien podría hoy negar o discutir la existencia de un cambio climático?

    -No, no. No se puede negar ni discutir la existencia del cambio climático. Hay dos cosas, eso sí, que es importante distinguir. Una es detectar un cambio: uno toma datos, uno observa y de ahí se puede hacer el diagnóstico de si algo está cambiando; esa es la primera parte que un científico hace y esa parte le llamamos «detección». En ese aspecto no hay ninguna duda de que hay un cambio. Pero la segunda cuestión, que obviamente está relacionada, es si ese cambio tiene su origen o está siendo producido por una actividad humana; a esa segunda pregunta la llamamos «atribución» y esa pregunta también está contestada. La respuesta es: sí. Todo el calentamiento global que hemos observado en los últimos 150 años es atribuible a actividad humana, en concreto a la quema de combustibles fósiles y al cambio del uso de la tierra que los humanos hemos hecho sobre el planeta.

    -Las noticias recientes informan desde huracanes a incendios gigantes. ¿El mundo vive una emergencia climática?

    -Hay cierta sutileza al respecto. Si dijimos que sí había un cambio climático atribuible al hombre, ¿cómo se relaciona ese cambio climático con los que podemos llamar eventos extremos? Y esa pregunta lleva a la atribución de eventos extremos. Estos eventos siempre han ocurrido, siempre ha habido incendios. La investigación para poder decir que un evento extremo fue causado o fue magnificado o lo hizo más frecuente el cambio climático, resulta un área de investigación mucho más reciente, yo diría que tiene menos de 10 años. Solo recientemente estamos pudiendo concluir que estos eventos se están haciendo más probables debido al cambio climático, como es el caso de las dos grandes olas de calor que hubo en Europa en el verano del hemisferio norte, en junio y julio. Ahí hubo estudios que dijeron que sin cambio climático esto no hubiese ocurrido. Para otros eventos, esto no se puede decir o es mucho más difícil hacer esa conexión.

    -Recién el huracán Dorian dejó un desastre en Bahamas y amenazó a Estados Unidos. La percepción general es que hay muchos huracanes poderosos recientes. ¿Es así?

    -En el caso de los huracanes, en particular, ni siquiera todavía sabemos bien la tendencia general, es decir, si han aumentado. En ese caso, entonces, no, no podemos decir que tengan que ver con cambio climático.

    -Y lo que ocurre en la selva amazónica, que sigue quemándose. ¿Cuán peligrosa puede ser esta situación para el equilibrio ecológico mundial?

    -Obviamente es preocupante, porque es un área muy importante en muchos aspectos de la biodiversidad, es un área ecológica fundamental para el planeta completo. Ahora bien, los incendios ocurren todos los años y todos los años esta es la época de incendios, porque es la época en la que llueve menos y por lo tanto el más probable que se propaguen los incendios. Mi entendimiento es que, aunque son grandes, no son los más grandes de los que haya registro. El año 2005, creo, hubo incendios más importantes, pero todavía no ha terminado la época de incendios, así que habrá que hacer esa evaluación más bien cuando termine el año.

    -Hubo una serie de polémicas porque se insinuó que el presidente brasileño podía alentar o al menos no desalentar las quemas en esa zona. Si más allá del cambio climático, hubiera razones económicas, ¿habría alguna responsabilidad de todos los consumidores de productos brasileños más baratos para incentivar quemas?

    -Yo creo que no nos podemos hacer responsables de eso, porque, muy en particular, los incendios son fenómenos muy complejos que tienen un ingrediente climático, o sea, es más fácil que se propaguen cuando hay sequía, por ejemplo, pero tienen muchos ingredientes muy, muy humanos. Históricamente, la agricultura ha utilizado la quema para preparar las tierras para cultivo. Pero lo que denota esta polémica es que es un ejemplo muy claro de cómo los seres humanos estamos ejerciendo una presión muy grande sobre nuestras tierras y cómo todo el sistema de comida o la industria alimentaria está, efectivamente, muy interconectada con estos sucesos. Porque el hecho de que Brasil esté deforestando el Amazonas no es para consumo local sino, de alguna manera, global. Pero no diría que nos podemos hacer responsables nosotros de eso.

    -Ahora bien, no hay necesidad de irse de Chile para ver los efectos del cambio climático. Se cumplen 10 años de una sequía que comprende de Coquimbo a La Araucanía. ¿Cuán grave es la situación hídrica en Chile?

    -Es bien compleja, en realidad. Es probablemente el tema más complejo para Chile el de la falta de precipitaciones. Pero una cosa es la precipitación y otra es el recurso hídrico y el recurso hídrico se gestiona. Esa gestión puede hacer muchas cosas para mejorar la disponibilidad, independientemente de si llueve mucho o poco. Obviamente, si no llueve nada, no hay nada que gestionar. Pero hay harto espacio que existe todavía para mejorar la disponibilidad del recurso. Eso por un lado, no echarle solamente la culpa al cambio climático, sino también a cómo nosotros nos organizamos en torno al uso del agua. Pero lo otro, es que el hecho que esta sequía sea tan extensa en el tiempo, nos debiera hacer reflexionar sobre que ya no podemos seguir pensando en soluciones paliativas, como pagar por un camión aljibe para tener agua. Se podrá pensar que ya el próximo año volverá a llover y el siguiente también y probablemente va a volver a llover un poco más en los años siguientes, pero creo lo que debiéramos pensar es que tenemos que tener un cambio profundo en la manera que gestionamos el agua, eso es lo que debiera enseñarnos esta sequía.

    -Los efectos en al menos 4 regiones ya son patentes, con mortandad de animales y campos secos. ¿Ya es imposible revertir todo esto y lo que queda es acostumbrarse y tratar de frenar sus efectos?

    -Es una pregunta difícil, porque no tengo una varita mágica para decir si va a volver a llover en ciertas regiones o no. Tenemos bastante entendimiento sobre qué es lo que ha producido la sequía. Es una mezcla de eventos. El cambio climático tiene que ver, claro, y en ese sentido ese elemento se va a mantener. Pero también hay elementos de variabilidad natural del sistema y eso uno esperaría que sí se revierta, que debiera aliviar un poco. Entonces hay tres elementos: está el cambio climático, sobre el que no hay mucho que podamos hacer al respecto, porque es un cambio que ya ocurrió o está ocurriendo; el otro es la variabilidad natural, sobre la cual podemos esperar, pues sabemos que hay ciclos naturales que influyen en las precipitaciones, que esto mejore; y, por último, es ponernos de acuerdo en cómo usamos el poco recurso que hay. Es una conjunción de esas tres cosas la que debemos tener en consideración sobre el uso del agua.

    -Es decir, ¿hay esperanzas de que esto no sea un cambio definitivo del clima de la zona centro-sur del país, a algo mucho más seco?

    -Diría que la tendencia a largo plazo es que sí, lo cual no significa que no vaya a volver a llover nunca más. De hecho, cualquier persona que vive, no sé, en La Serena o lo que llamamos en Norte Chico, si uno mira los datos, y me imagino que también en la recolección incluso del recuerdo de las personas, es una zona que está acostumbrada a tener 10 años con un poco de lluvia y después 10 años casi sin nada de lluvia, es decir, que es muy variable y con una variabilidad por décadas. Eso se ve muy claro en los datos. Nosotros suponemos que eso se va a mantener de alguna manera, superpuesto con una tendencia a la sequedad. Así, cuando la variabilidad natural sea más favorable, va a llover un poco más, pero siempre pensando que la tendencia a largo plazo es a la disminución del agua. Hay que pensar que no volverán las precipitaciones como en los años 80 o 90.

    -Se ha señalado que el río Maipo ha perdido un cuarto de su nivel y hay empresas de agua potable que han pedido que su cuenca sea declarada zona de escasez. ¿Podría significar que no estén tan lejanas medidas como el racionamiento de agua potable para Santiago?

    -Tuvimos racionamiento de energía eléctrica por causa de sequía, ¿no es verdad? En el año 1998, yo creo que fue. Así que, sí, definitivamente es posible.

    -Por otro lado, se dice que esta década de sequía es además la década más cálida en el último siglo, lo que agrava la escasez de agua…

    -Exactamente. Eso sí. En general, las precipitaciones siempre son algo mucho más difícil de entender, de estudiar. Pero la temperatura está aumentando. Eso es innegable y eso va a seguir ocurriendo. Eso aumenta la evotranspiración, la humedad se pierde por evaporación. Si hay poca agua, con altas temperaturas entonces se evapora más, ese es un efecto. El otro efecto importante que tiene es que en cierta parte del país, en el Norte Chico hasta Curicó, tenemos una cordillera muy alta. Entonces, cuando llueve, estamos acostumbrados a que nuestra cordillera se entienda como un reservorio natural de agua durante el invierno y después en primavera y verano se descongela y tenemos agua en los ríos. ¿Qué es lo que ha ocurrido? Han disminuido las precipitaciones, pero además llueve con mayores temperaturas, entonces hay menos de esa agua que se queda acumulada como nieve. Eso tiene un efecto importante en general en el régimen de los caudales en los ríos.

    -El aumento de temperatura también aumenta la posibilidad de incendios. ¿Es preocupante la temporada de incendios en verano?

    -Sí, definitivamente. Tenemos clara evidencia de que existe una relación entre las olas de calor y los incendios o en la propagación de los incendios. La mayoría de los incendios en Chile son iniciados por causas humanas, pero la pregunta es que si una vez que se inician están las condiciones propicias para que se propaguen y una ola de calor hace que sea más propicio que ellos se propaguen. En general, un clima más cálido es uno de los ingredientes que debiera preocuparnos respecto al tema de los incendios.

    -Sigue sin llover en Santiago, como casi no lo hizo en todo el invierno. ¿Es demasiado iluso pensar que puedan caer lluvias importantes próximamente?

    -Justamente hace poco estuvimos con unos colegas meteorólogos discutiendo sobre un fenómeno que ocurre muy rara vez, que se llama «calentamiento súbito estratosférico». Es un fenómeno en que la estratósfera (estamos hablando como a 20 kilómetros de altura) por alguna razón se calienta. Eso ocurre a veces en el invierno en el hemisferio norte; en el hemisferio sur casi nunca ocurre, pero cuando ocurre puede tener un efecto sobre los vientos y puede tener un efecto sobre las precipitaciones. Entonces, estábamos elucubrando que si ese fenómeno se mantiene un par de días más, es posible que haya precipitaciones en primavera. Pero no voy a poner mis manos al fuego por esa predicción. Hay un par de elementos que están ocurriendo bien lejos, pero que quizá podrían tener esa consecuencia. No sabemos todavía.

    -Un método que alguna vez usó un alcalde y que al parecer está estudiando el Ministro de Agricultura con su visita a China es la siembra o bombardeo de nubes. ¿Le parece una buena medida?

    -No soy experta en ese tema. Mi entendimiento es que no es muy efectiva, que cuesta mucha plata para tener muy poco resultado. Pero, como digo, no soy experta.

    -Frente a esta sequía, ¿cuáles son las medidas que puede tomar el Estado y cuáles la ciudadanía?

    -Bueno, nosotros también gastamos agua en nuestras casas, así que obviamente tener conciencia de que el agua es preciosa y racionalizar su uso está en manos de todos: cerrar la llave. El Estado y las municipalidades también tienen harto espacio de medidas que ellos pueden tomar. Por ejemplo, el tema del riego. Creo que lamentablemente tenemos que dejar de pensar que tenemos que tener parques con pasto: el pasto requiere de mucha agua, el pasto no es nativo de esta región, no corresponde. Estamos, en el fondo, manteniendo algo de manera artificial.

    -Una de las grandes reservas de agua dulce del mundo está en los glaciares chilenos. Y ellos están en retroceso. ¿Es una situación irreparable?

    -Sí, probablemente en el caso de los glaciares es algo bastante irreparable, en el fondo, debido al calentamiento. Si la atmósfera se calienta, van a desaparecer porque se derriten. No hay mucho que hacer. Es parte de los cambios irreversibles que estamos produciendo en el planeta.

    -Usted es parte del Consejo Presidencial para la COP25. ¿Qué espera de esa reunión?

    -La COP25 es un gran evento, una gran conferencia que va a tener impacto en muchos ámbitos distintos. Para Chile, en particular, va a poner el tema del cambio climático en las noticias, eso ya es importante: entender dónde estamos y qué es lo que hay que hacer. Lo otro es que, también en ese contexto, Chile se comprometió a ser carbono neutral el año 2050 y eso va a determinar lo que va a ocurrir en el país en los próximos 30 años. Eso ya es un asunto gigantesco. Y yo esperaría que la COP25 movilice a la ciudadanía a sensibilizarse frente a los problemas que ya vivimos y a las opciones que tenemos para limitar que los impactos sean aún mayores, es decir, a mitigar y a cambiar.

    -¿Es tan importante, como sostiene la ministra de Medioambiente, el artículo del Acuerdo de París, a discutirse en la COP25, que define un mecanismo de mercado para la acción climática?

    -Sí, es bien importante. Suena un poco lejano, ¿verdad? Pero hay que pensar que el Acuerdo de París es un acuerdo entre todos los países del mundo, lo que lo hace muy complejo. Es muy importante que la implementación se haga de la mejor manera posible y, en ese sentido, ese artículo, sobre el mercado del carbono: cómo entre todos vamos a hacernos cargo de reducir o eliminar nuestras emisiones y cómo nos apoyamos para lograr ese objetivo. Ese artículo, digo, es el último que queda por resolver, si esperamos que de verdad se resuelva.

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