“Política ambiental de Trump, tapar el sol con un dedo” por Maisa Rojas

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Columna de Opinión de Maisa Rojas, investigadora asociada de la línea de Modelación y Sistemas de Observación del (CR)2. Publicada en Radio Cooperativa.

El presidente de los Estados Unidos ha firmado esta semana un decreto ejecutivo para deshacer medidas de mitigación al cambio climático implementadas por Barack Obama, que fueron tomadas como resultado de negociaciones internacionales y de la convicción de éste de la importancia de abordar de manera decidida el cambio climático.

Todos sabíamos que Trump es un escéptico del cambio climático y prometió en su campaña revertir los avances logrados en la era Obama. Y está cumpliendo con su palabra y esto tendrá consecuencias importantes no solo para EEUU sino para el mundo entero.

A diferencia de muchos otros problemas ambientales, el cambio climático causado por emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) tiene dos características particulares: los GEI son gases bien mezclados. No importa donde se emitan, rápidamente se mezclan en toda la atmósfera, esto a diferencia a contaminación local que impacta una región muy delimitada (Santiago, por ejemplo).

Pero además de este aspecto global en el espacio el problema es integral en el tiempo. El CO2 permanece mucho tiempo en la atmósfera (algo así como 100 años, y un porcentaje no menor incluso 1.000 años), por lo que las emisiones pasadas, de personas que ya están muertas, impactan ahora, y seguirán impactando a muchos que aún no han nacido. Es decir, tenemos un problema intergeneracional.

¿Es relevante que el segundo país que más contamina hoy en día decida dar un pie atrás en los esfuerzos globales por mitigar el cambio climático? Claro que sí. Es la acción individual de millones de humanos consumiendo energía y productos que están asociados a emisiones de GEI que han producido el problema y es solamente solucionable entre todos.

Ahora, ¿será capaz Trump con sus decretos de frenar una transformación que ya ha comenzado a nivel mundial? No completamente. Por un lado, la irrupción acelerada de las energías renovables no convencionales, especialmente eólica y solar, demuestran que la transformación energética (parte importante de la solución al cambio climático) ya es una realidad, y en mi opinión, no la va revertir este retroceso en EE.UU.

Por otra parte, los argumentos de Trump para implementar estos cambios, “empleo y crecimiento económico de EEUU”, son al menos discutibles. En un informe de Bloomberg del 2016 se reporta que por primera vez los números de empleos en EEUU en energía solar superaron a los empleos en el sector petrolero. Las energías limpias siguen creciendo a nivel mundial y su precio ya es competitivo con el carbón, por ejemplo.

Además, los datos de la agencia internacional de energía de 2017 muestran que los últimos 3 años por primera vez las emisiones globales de CO2 se han mantenido constantes, al mismo tiempo que la economía mundial ha crecido. Anteriormente, las reducciones en emisiones siempre estuvieron asociadas con crisis económicas.

Entonces, aunque estas medidas pueden ralentizar las acciones para reducir emisiones, esperamos que tanto los ciudadanos como la economía en general se opongan a medidas que, en realidad, van en contra de los principios que Trump dice defender (empleos y economía).

Esto es crucial, porque aunque después del acuerdo de París existe una hoja de ruta que los países han adoptado para limitar el calentamiento a los 2 ºC, el tiempo es limitado (debemos ser carbono neutral al 2050) y cualquier retraso en implementar estas medidas las harán más costosas: económicamente, ambientalmente y socialmente.

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