Soberanía, democracia y escasez de recursos: Las 5 amenazas de la crisis climática al orden sociopolítico actual (Emol)

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    Los deshielos, las sequías, los desplazamientos de tierra y el aumento del nivel del mar son fenómenos que se ven potenciados por el calentamiento global. Los expertos son tajantes: ellos obligarán al mundo a reorganizarse.

    Por Consuelo Ferrer

    SANTIAGO.- «Nuestra casa está en llamas», afirmó el jueves 22 de agosto el Presidente de Francia, Emmanuel Macron, cuando los incendios en la Amazonía ya habían causado preocupación en todo el mundo. Hasta ese momento, había más de 76 mil focos activos.»El Amazonas —los pulmones de nuestro planeta, que producen el 20% de nuestro oxígeno— está ardiendo. Esta es una crisis internacional», añadió el Mandatario.

    Las palabras de Macron no cayeron bien en el gobierno brasileño. «Lamento que busque instrumentalizar una cuestión interna de Brasil y otros países amazónicos para obtener ganancias políticas personales», aseguró su par, Jair Bolsonaro, molesto ante el anuncio de que miembros del G7 se reunirían para discutir la emergencia «sin la participación de los países de la región». «Evoca una mentalidad colonialista equivocada en el siglo XXI», dijo.

    En la reunión se anunciaron 18 millones de euros destinados a ayudar ante la emergencia, un ofrecimiento que Bolsonaro inicialmente rechazó. Su jefe de gabinete, Onyx Lorenzoni, señaló que el monto debería ser usado en «reforestar Europa». Más tarde, el gobierno condicionó la recepción de ayuda a que «no se ofenda la soberanía brasileña».

    La última semana de agosto de 2019, la Amazonía estuvo en disputa: mientras Brasil reclamaba su derecho soberano sobre la porción que está dentro de sus límites, en Europa consideraban que se trataba de un bien común, sobre el que otros actores, más allá de Brasil, podían reivindicar derechos.

    Es solo una de las problemáticas que plantea la crisis climática, que —advierten los expertos— traerá consecuencias para los países y la forma en que se relacionan entre sí: los deshielos, sequías, desplazamientos de tierra y alzas del nivel del mar obligarán al mundo a reorganizarse. ¿Cuáles son las amenazas que la crisis climática le plantea al orden sociopolítico mundial?

    La soberanía nacional

    «Los países del mundo, cada uno de ellos y en su conjunto, tendrán que seguir aceptando que hay determinados bienes comunes. Bienes que son ‘del mundo'», plantea a Emol el Premio Nacional de Humanidades y Ciencias Sociales, Agustín Squella. Se refiere, en parte, a la problemática entre Bolsonaro y Macrón: la idea que hasta ahora se tiene de soberanía nacional.

    Es una noción que comparte el doctor en Filosofía Política y académico de la U. Adolfo Ibáñez, Cristóbal Bellolio. «Efectivamente, si es que la emergencia climática se manifiesta de la manera como los científicos anticipan, las nociones tradicionales de soberanía nacional van a tener que ser replanteadas, y no solo porque hay zonas del planeta que no van a poder ser consideradas como pertenecientes a un país, sino también porque las acciones para poder mitigar el cambio climático son necesariamente globales», asegura.

    «Hay una serie de dimensiones en las cuales el concepto tradicional de soberanía nacional ya no va a servir», explica Bellolio, y comenta que se trata de un tema que ya ha aparecido en el horizonte nacional en materia climática: cuando el Gobierno resolvió no suscribir al tratado de Escazú y después cuando el Presidente Sebastián Piñera respaldó la decisión inicial de Bolsonaro de no aceptar ayuda. «Cada país sabrá qué quiere recibir», dijo.

    «El cambio climático es un fenómeno complejo que exige respuestas que tienen otras lógicas, que no obedecen necesariamente a una visión de Estado político, que tiene una definición territorial distinta a la definición biofísica que tiene el planeta» Pilar Moraga

    En términos locales, Squella lo ve como algo difícil de tratar. «Costará mucho, porque a cada rato levantamos el principio de soberanía o de no intervención —aunque unos gobiernos más que otros— e incluso el simple y privado derecho de la propiedad para mirar con desconfianza no solo los ‘bienes comunes’, sino, más aún, los ‘derechos humanos’, que también son comunes e incluso universales», dice.

    Para la investigadora del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR)2 de la U. de Chile, Pilar Moraga, se relaciona con el concepto de «bien común de la humanidad», uno que, si bien se ha desarrollado, «aún no tiene un régimen jurídico definido con respecto a qué bienes son públicos o de interés común de la humanidad». Así como la Amazonía, podrían ser también los glaciares chilenos.

    «Quizás lo que tradicionalmente nosotros comprendíamos como parte de la soberanía sí está puesto en cuestión, y eso se da porque el cambio climático es un fenómeno complejo que exige respuestas que tienen otras lógicas, que no obedecen necesariamente a una visión de Estado político, que tiene una definición territorial distinta a la definición biofísica que tiene el planeta», menciona.

    También introduce otro término que se desarrolla más allá de las fronteras de cada país: el «ecocidio». «Podría ser un símil al genocidio», explica. «Son conductas o políticas que pueden poner en riesgo a gran parte de la humanidad. A propósito de las políticas de Bolsonaro, algunas organizaciones internacionales comenzaron a estudiar la posibilidad de acusarlo de ecocidio», cuenta. «Es un concepto que está en ciernes, pero puede desarrollarse en ese sentido».

    Los movimientos migratorios

    Junto con el cuestionamiento a la soberanía nacional, Bellolio señala que viene otro ligado al concepto de las fronteras nacionales. «Seguramente tendrá que recibir una actualización, porque las migraciones del futuro van a tener que ver con crisis climática, porque esas crisis afectan en todos los niveles», comenta.

    «No es que simplemente se va a inundar donde vivías, sino que la sequía va a hacer que no tengas medios de subsistencia agrícola, por ejemplo, entonces vas a tener que moverte, tal como se mueven los animales que están en búsqueda de agua», añade. «Cuando eso ocurra y aparezca un gobierno tipo Trump y diga ‘nadie más entra’, esa va a ser otra causa de conflicto».

    Por eso, las regulaciones migratorias son algo que Squella también considera que deberían replantearse. «La migración es un fenómeno antiguo en la historia de la humanidad. Aunque su frecuencia y masividad actual requieren regulaciones, migrar es un derecho, y es propio de los derechos que, junto con ser reconocidos, estén regulados», asegura.

    El abogado advierte: «Las regulaciones no deben ser un pretexto para asfixiar los derechos. Resulta muy raro un mundo donde pueden circular libremente las mercaderías y el dinero, pero no las personas».

    Según la también subdirectora del Centro de Derecho Ambiental de la U. de Chile, la arista climática es una que la discusión sobre migración no ha comenzado a abordar, ni en Chile ni a nivel internacional. «Se van a dar en todo el mundo y también a nivel nacional en las regiones. Es un elemento que se debe considerar», asegura.

    «Incluso pueden existir migraciones planificadas en la eventualidad de que se identifiquen zonas de riesgo mayor en las que la vida no pueda continuar. Ese es un tema que no estamos abordando como país y yo no conozco discusiones ni iniciativas a nivel político, ni del Ejecutivo ni del Parlamento, que lo aborden», añade. Podría surgir, incluso, la existencia de refugiados climáticos.

    El manejo de recursos naturales

    Los datos son lapidarios: la ciudad de Santiago vive en 2019 su inverno más seco en 21 años, con un déficit de precipitaciones que supera el 70% y afecta además a gran parte del territorio nacional. Hoy, en torno al agua, son varias las discusiones que se dan. La más reciente: la creación de una eventual carretera hídrica. También una reforma al Código de Aguas.

    «Si tú me preguntas si esas discusiones y soluciones que se están dando son las que deberíamos tener frente a los escenarios que se presentan, yo creo que no», dice la académica de la U. de Chile. «Si queremos pensar en la escasez de agua, que se va a dar sí o sí en los años que vienen y mucho más de lo que conocemos ahora, esas miradas no son de sustentabilidad», plantea.

    «Tendremos que acostumbrarnos a que no todo bien es susceptible de propiedad privada (…) Hubo épocas en que era posible la propiedad privada sobre títulos honoríficos, cargos públicos e incluso personas, como con la esclavitud. Hoy eso nos parece absurdo e incluso injusto y cruel. Pues bien, ahora es el turno del agua» Agustín Squella

    La solución, aclara, todavía no ha aparecido. «Eso es lo que vamos a necesitar definir desde una política integral de concepción de desarrollo: ¿Cómo nos vamos a seguir relacionando con nuestros recursos naturales? ¿Cómo vamos a enfrentar esto a un nivel constitucional?», comenta. «Aquí hay una conversación de fondo que no se quiere dar todavía, porque significa costos políticos que los gobiernos no están dispuestos a asumir».

    Sobre esos costos, Bellolio baraja una tesis: «Gran parte de la resistencia que algunos sectores de derecha tienen con el cambio climático, que muchas veces puede parecer negacionismo científico, en el fondo es un tipo de rechazo político. Lo que ellos muchas veces rechazan es justamente que los organismos del Estado, a través de medidas coercitivas que mañana pueden ser leyes o decretos, obliguen a agentes privados a hacer lo que de otra manera no harían», comenta.

    Para Squella, tiene que ver con un «cambio de ideas» y al mismo tiempo con «cambios culturales profundos, que representarán algo más que simples cambios de ideas». «Tendremos que acostumbrarnos a que no todo bien es susceptible de propiedad privada», asegura, y pone también al agua como ejemplo.

    «En Chile hemos inventado la fórmula de privatizarla no privatizando el agua misma, que es un bien nacional de uso público, sino los derechos de aprovechamiento del agua. Hubo épocas en que era posible la propiedad privada sobre títulos honoríficos, cargos públicos e incluso personas, como con la esclavitud. Hoy eso nos parece absurdo e incluso injusto y cruel. Pues bien, ahora es el turno del agua», opina.

    Repensar la geopolítica

    Pilar Moraga, que dentro del (CR)2 lidera el área de investigación sobre Gobernanza e Interfaz Ciencia-Política, vuelve a insistir en que los desafíos que supone la crisis climática se deben enfrentar con una lógica distinta a la que se ha utilizado hasta el momento para resolver asuntos internacionales o políticos. Una de las expresiones de esa necesidad es la de repensar la geopolítica y la relación entre los países.

    «Como Latinoamérica, no se ha trabajado mucho hasta ahora en una integración regional de cooperación de cambio climático», asegura, y señala que espera que la COP25, que tendrá lugar en Chile a fin de año, sea una instancia para articular eso y fortalecer el trabajo integrado. «Efectivamente hay desafíos que son comunes en la región», dice.

    La emergencia por incendios es un ejemplo. Si bien aclara que la estrategia para prevenirlos es que existan «políticas de uso de suelo adecuadas», ante la realidad de que van a seguir ocurriendo aconseja «trabajar en una cooperación regional donde se pongan recursos comunes para combatir los incendios». «Sobre todo en temas de adaptación y de respuesta a los impactos del cambio climático, serían sumamente deseables las cooperaciones de tipo regional», afirma.

    Bellolio pone un ejemplo todavía más concreto. «Nuestra relación con Bolivia tiene que empezar a repensarse en función de los próximos cien años y no seguir hablando de lo que pasó en la Guerra del Pacífico», señala. «Hay que tener en cuenta el agua que tiene Chile, las reservas de gas en Bolivia y sobre todo el hecho de que tienen territorio en altura, que puede servir para ubicar habitantes desplazados de nuestra costa. No hay que olvidar que Chile es una gran playa», agrega.

    «Me parece que pensar con nuestros países hermanos en soluciones de largo plazo, que tengan a la vista estos eventuales fenómenos, es fundamental, y no creo que la generación que actualmente gobierna tenga ningún tipo de sensibilidad ni complejidad para pensar esto. No tengo ninguna esperanza», expresa.

    Squella suma el factor de los organismos internacionales y su intervención. «Las democracias actuales ya están en serios problemas con una economía global en cuyo marco los inversionistas y los organismos internacionales monetarios y de comercio toman determinaciones que escapan al control de los gobiernos», dice, y asegura que «se han transformado casi en los talleres de reparaciones de las catástrofes que ocurren a nivel mundial» por las administraciones.

    La democracia

    «Hay que replantear la democracia como sistema político», señala de entrada Bellolio. Para explicar su drástica postura, profundiza: «Enfrentar una crisis de estas características implica una serie de sacrificios en todos los niveles, desde disminuir el consumo hasta ciertos cambios culturales que estamos acostumbrados a hacer. Esos cambios no ocurren solamente por educación y campañas, sino que muchas veces vienen a través de medidas coercitivas», plantea.

    Para él, los sistemas democráticos tienen «limitaciones» para enfrentar esta crisis y pone como ejemplo a Francia. «Macron, que vive en el centro de París y puede darse el lujo de moverse en bicicleta y tener una vida verde, le dijo a la gente que iban a pagar más impuestos por las bencinas. El poder adquisitivo de quienes viven en la periferia y necesitan del auto para moverse no es el mismo, y esa gente reclama y dice que la crisis climática es una guerra contra los pobres. Por otro lado, la élite europea responde en algún minuto nos tenemos que hacer cargo de esta crisis», cuenta.

    «La posibilidad de que un líder gane una elección prometiendo consumir menos o crecer de una manera distinta, ofreciendo sacrificios en vez de «tiempos mejores», creo que es muy difícil. Por eso es que no estoy seguro de que la democracia sea el mejor método para enfrentar el cambio climático» Cristóbal Bellolio

    «Es como si se hiciera una fiesta arriba de un puente y de repente, cuando son las 2 o 3 AM, nos damos cuenta de que la fiesta está a tope y el puente está a punto de caerse, pero todavía hay 500 personas esperando entrar y reclaman su derecho. El problema es que si los dejas entrar, el puente se viene abajo. ¿Qué líder es capaz de decirle a la gente que esta fiesta tiene que funcionar con menos gente?», se pregunta.

    «La posibilidad de que un líder gane una elección prometiendo consumir menos o crecer de una manera distinta, ofreciendo sacrificios en vez de «tiempos mejores», creo que es muy difícil. Por eso es que no estoy seguro de que la democracia sea el mejor método para enfrentar el cambio climático», plantea.

    «No tengo idea cuál será la alternativa y no estoy diciendo que haya que poner un comité de hombres sabios que terminen siendo unos dictadores científicos. Lo único que yo digo es que, a primera vista, los incentivos del sistema democrático, que tienen que ver con la posibilidad de persuadir a la población sobre que las cosas van a estar mejor en las nuevas elecciones, parece ir en la dirección contraria de lo difíciles que son las medidas que hay que tomar para combatir el cambio climático», comenta.

    Desde el (CR)2, Moraga está en descuerdo. «Eso pasa en sociedades poco informadas y poco educadas frente a los impactos. Ahí, efectivamente una restricción puede causar el efecto contrario en las votaciones, pero yo esperaría que de aquí a pocos años, las nuevas generaciones, que ya han demostrado tener más conciencia, puedan ser lo suficientemente sensibles como para que el discurso político deba adaptarse a las expectativas de los nuevos electores», concluye.

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