«Transformar las (malas) costumbres» por Catalina Amigo

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Columna de opinión de Catalina Amigo, estudiante de doctorado del (CR)2 y coordinadora ejecutiva de la Red de Pobreza Energética. Publicada en el Diario Austral.

La Política Energética 2050 planteó la necesidad de elaborar una definición de Pobreza Energética (PE) para Chile. La Red de Pobreza Energética (RedPE) -donde participan INFOR Los Ríos y UACh, entre otras instituciones- establece que un hogar se encuentra en situación de PE cuando no tiene acceso equitativo a servicios energéticos de alta calidad para cubrir sus necesidades energéticas, que permitan sostener el desarrollo humano y económico de sus integrantes. Entre estos servicios se encuentra la calefacción, la cocción de alimentos, agua caliente sanitaria, entre otros. Parte de estos desafíos se buscan hoy enfrentar en pilotos de INNOVA Fosis, en el desafío de Agua Caliente y Calefacción.

Mientras en algunas partes del país estamos (mal) acostumbrados a pasar frío, en otras ciudades el frío al interior de la vivienda se tolera menos, especialmente en la zona centro-sur donde más de un 80% de los hogares utilizan leña para calefacción. Y el problema no es solo cómo o con qué calefaccionar el hogar. Una vivienda mal aislada y con infiltraciones no permite conservar el calor en su interior, lo que implica un mayor consumo de energía para mantener un ambiente confortable, redundando en un importante problema de contaminación atmosférica al que parecemos habernos (mal) acostumbrado.

Bajo la actual pandemia, parece necesario que re-pensemos las (malas) costumbres de la contaminación y el frío en el hogar, considerando el aumento en la cantidad de horas que pasamos en casa. El cambio por parte de las personas no sólo depende de los costos asociados a los combustibles ni del acceso a tecnología, sino también de otros criterios como la satisfacción de los propios umbrales de confort térmico, difíciles de satisfacer con combustibles distintos a la leña bajo las condiciones actuales. Mejorando nuestras viviendas y educando sobre eficiencia energética podremos transformar estas (malas) costumbres, para disminuir la PE y sus efectos en salud.