Turberas en Chile, un secreto bien guardado (El Ágora Diario)

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Las turberas, un tipo de humedal que se encuentra en mayor medida en el extremo sur de Chile, se ha mantenido con bajo perfil hasta hace un tiempo, cuando la comunidad científica nacional ha elevado su importancia ecosistémica. Ahora además el gobierno las ha incluido en su listado de compromisos para reducir emisiones y adaptarse el cambio climático.

Por Gabriela Lucero

El cambio climático nos ha ido obligando, en las últimas décadas, no solo a intentar frenar su avance, sino también a buscar cómo, dentro de la misma naturaleza, hay formas de contrarrestar su impacto.

En esa búsqueda es que la comunidad científica mundial y, por supuesto, también en Chile, lleva décadas desarrollando un trabajo sostenido que hoy, con una COP en silente proceso pandémico, ha seguido reuniéndose a fin de no perder los esfuerzos que nos tuvieron a la cabeza el año pasado como organizadores de este evento mundial.

Prueba de ello es el trabajo que continuará realizando el Comité Asesor Científico sobre cambio climático, organismo integrado por investigadores de diversas áreas, que apoyará políticas públicas sobre emisión de gases invernadero y otras temáticas medioambientales, el cual asesorará al Ministerio de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación de Chile.

Vegetación en turberas de vegetación mixta en la Reserva Parrillar, Punta Arenas, Chile.
Vegetación en turberas de vegetación mixta en la Reserva Parrillar, Punta Arenas, Chile.

Uno de los tantos temas en que este equipo seguirá trabajando será, sin duda, las turberas, un tipo de humedal donde se acumula materia orgánica parcialmente descompuesta a lo largo del tiempo, de alto valor ecosistémico y, sobre todo, gran reservorio de agua.

Un gran aliado que aún está oculto

A la fecha, se estima que cerca del 3% del área terrestre del planeta está ocupado por turberas, de las cuales existen forestadas, no forestadas y tropicales, entre otras. Éstas se encuentran en mayor medida en el hemisferio norte, específicamente en Rusia, Alemania, Holanda, Suecia, Finlandia, Noruega, Canadá y EEUU, todas regiones húmedas y en donde estaba el casquete polar ya derretido.

Las turberas poseen una gran cantidad de biofritas (planta terrestre no vascular), siendo la más común, tanto en el hemisferio norte como en el sur, el musgo sphagnum, el cual se usa en floricultura, pues ayuda a la prolongación natural de la vida de las flores, y en la agricultura aportando oxigenación y humedad.

Turberas en Reserva Parrillar, Punta Arenas, Chile.
Turberas en Reserva Parrillar, Punta Arenas, Chile.

Pero los beneficios ecosistémicos de las turberas son mucho mayores y de ellos nos cuenta Jorge Hoyos Santillán, investigador en el Laboratorio de Biogeoquímica Ambiental en Ecosistemas Extremos de la Universidad de Magallanes e investigador postdoctoral del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR)2 de la Universidad de Chile, quien indica que “dentro de las funciones ecosistémicas que las turberas tienen es que son un foco de biodiversidad, son hogar para muchos tipos de vegetación, desde biofritas, como los musgos, hasta plantas vasculares, como los árboles en el caso de las selvas tropicales. Pero no solamente biodioversidad vegetal, sino que contienen una cantidad importante de anfibios, de insectos y de microorganismos, como hongos, bacterias y también una población interesante de diatomeas (algas)”.

“En el caso del hemisferio sur, no es tan evidente, pero también hay muchos organismos relacionados y adaptados a diversas condiciones, como zorros que viven en las zonas colindantes de las turberas, y pequeños roedores, entre otros. Pero, hablando de especies invasoras directamente relacionadas, tenemos los castores, los cuales han colonizado la Patagonia, de donde no son originarios, sino una especie introducida”, explica el investigador.

Pero, además, las turberas “participan en la regulación de los ciclos hidrológicos, pues hay una interdependencia, ya que éstas requieren forzosamente de agua, pues de lo contrario las plantas no pueden sobrevivir, y si desaparece la cantidad de agua que ellas necesitan, muy probablemente sean desplazadas, dándose un proceso de sucesión”.

Sección de núcleo de turba, Parque Karukinka, Tierra del Fuego, Chile.
Sección de núcleo de turba, Parque Karukinka, Tierra del Fuego, Chile.

De manera indirecta, también, “la estratificación de porosidad en la turba genera niveles diferentes de conductividad hídrica, es decir, en la parte profunda, donde tenemos espacios muy pequeñitos, al agua le cuesta fluir y se retiene, y conforme va subiendo el agua encuentra más espacios para moverse, entonces la conductividad es mucho más alta, lo cual regula absolutamente los ciclos. Y no solo eso, pues en esas partes donde el agua le cuesta mucho trabajo moverse, se mantiene, y eso permite que sea un reservorio de agua importante”.

Pero unas de las cualidades de las turberas que ha tomado mayor relevancia a nivel mundial recientemente, es la capacidad que tienen para retener carbono (CO2). Hoy “hay toda una inercia mundial acerca del uso de soluciones basadas en la naturaleza para mitigar el cambio climático. La principal y a la que se le ha hecho mayor difusión es a los bosques nativos, pero otras de las soluciones basadas en la naturaleza son los humedales y dentro de éstos, las turberas”, nos cuenta el investigador de la Universidad de Magallanes.

Agregando que, “al igual que nosotros, los organismos aerobios respiran y al hacerlo exhalan CO2 y agua, factor que ha llamado la atención y le ha dado mayor relevancia al proceso de degradación de las turberas, pues en él contribuyen a las emisiones de gases de efecto invernadero al emitir CO2 en condiciones normales porque hay organismos vivos”.

“Pero en condiciones normales, de inundación permanente, las turberas también producen metano, que es otro gas de efecto invernadero, lo cual ha generado otra discusión a nivel científico”, continúa Jorge Hoyos Santillán.

En una última medición del año 2018, se estimó que la cantidad de carbono de las turberas era de alrededor 644 giga-toneladas, una cifra impactante y que, según explica el investigador postdoctoral del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR)2, “quiere decir que nuestro reservorio de carbono natural más importante, el ecosistema más importante en Chile son las turberas, no los bosques, como se ha dicho por años. Eso le da aún más relevancia al tema, para intentar conectar a las turberas dentro de la política pública para alcanzar los compromisos que asumido Chile a nivel internacional”.

Explotación de turba en Tierra del Fuego, Chile.
Explotación de turba en Tierra del Fuego, Chile.

El cual agrega que “hay un balance que se hizo acerca de la cantidad de carbono que tiene la atmósfera, el cual se estimó en cerca de 720 giga-toneladas. Entonces, si tenemos 644 giga-toneladas en turberas, estamos hablando de que existe casi la misma cantidad de carbono que hay en la atmósfera retenido en turba, lo que las hace súper relevantes, porque si se empezara a liberar todo ese carbono que está retenido en las turberas o si, por alguna actividad humana o cambio climático se liberara ese carbono, sería una contribución brutal, que podría aunarse al proceso del calentamiento global al acumularse en la atmósfera”. Esto es lo que genera atención en la comunidad científica mundial y sobre lo que se debe poner atención enfatiza el investigador.

Chile y su compromiso con las turberas

En Chile la mayor parte de los humedales están en la Región de Magallanes y Antártica Chilena, pero también los hay, aunque en menor medida, en las Regiones de Chiloé y Aysén. Ahora, en cuanto a cifras de turberas, se estima en 3.1 millones de hectáreas, de las cuales 2500 hectáreas han sido concesionadas para su explotación. Una cifra baja, que genera que Chile importe el 90% de lo que consume.

Aun así, las turberas han sido incluidas en su Contribución Nacional Determinada de Chile (NDC), un documento en que se establecen los compromisos para reducir emisiones y adaptarse al cambio climático, de acuerdo a las metas del Tratado de París. Acá se reconocen sus aportes, pero también se enfatiza en la necesidad de obtener mayor información de ellas sobre su superficie total, sus estimaciones de captura y almacenamiento de Gases de Efecto Invernadero (GEI), por lo que se ha establecido, además, tener toda esta información para 2025, sumando un inventario nacional de humedales; métricas para evaluar sus aportes para la mitigación y adaptación al 2030, además del desarrollo de planes pilotos en 5 zonas, para su manejo.

Estructuras de secado para turba, Tierra del Fuego, Chile.
Estructuras de secado para turba, Tierra del Fuego, Chile.

Pero a pesar de este avance, en Chile se da un caso muy particular, y es que desde el punto de vista legal las turberas se encuentran reguladas dentro del código de minería, y son definidas como un recurso fósil concesionable y explotable. Por su parte, el sphagnum, que es el musgo que se cosecha de manera importante en Chiloé y en Magallanes, al no ser turba, no está regulado por el código de minería, sino por el Ministerio de Agricultura. Esta complejidad en la regulación y en el ente regulador, son algunos aspectos que hacen difícil la protección y conservación de las turberas

Además, “el principal riesgo y del que nadie está exento, es el cambio climático, es decir los cambios en los patrones de precipitación tienen un efecto directo en la disponibilidad de agua en esos ecosistemas, y las turberas dependen 100% del agua, además de la mantención de agua asociadas a esos ecosistemas”, enfatiza Jorge Hoyos.

Otra de las amenazas que enfrentan las turberas en Chile, es el impacto de los castores sobre las turberas. “En este momento los castores estar mayormente confinados a Tierra del Fuego, se extendieron como si fuera su casa, y lo que sucedió es que ellos crean su ecosistema, entonces si llegas a una turbera y no había un cuerpo de agua, ellos lo crean y es lo que han hecho”, explica el investigador de la Universidad de Magallanes.

Turbera de Sphagnum magellanicum impactada por actividad de Castor canadensis ubicada en el Parque Karukinka, Tierra del Fuego, Chile.
Turbera de Sphagnum magellanicum impactada por actividad de Castor canadensis ubicada en el Parque Karukinka, Tierra del Fuego, Chile.

Pero otras amenazas son generadas por el ser humano, como es la extracción de turba o musgo para temas comerciales (jardinería, por ejemplo), pero también cambios en el uso de suelo, que permiten su uso ganadero o el desarrollo de estructura habitacional, lo cual puede verse con facilidad en los que han sido clasificados como humedales urbanos.

A pesar de esto, hay acciones que podríamos desarrollar para proteger estos ecosistemas. El primero, expone Hoyos es “redifinirlos desde el punto de vista jurídico, dejar de considerarlas como material concesionable y explotable, y verlo como un ecosistema, protegerlo y legislarlo como tal; dejar de verlas también como un ecosistema aislado y mirarlo a dimensión cuenca, porque el agua de la turbera no aparece mágicamente, puede venir de la lluvia, pero parte de ella viene de toda la cuenca; y, obviamente, detener su explotación, pero seamos sinceros, hay gente que vive de eso y no podemos quitarles una fuente de ingreso sin ofrecerles otra”.

Turbera pulvinada impactada por actividad de C. canadensis ubicada en Parque Karukinka, Tierra del Fuego, Chile.
Turbera pulvinada impactada por actividad de C. canadensis ubicada en Parque Karukinka, Tierra del Fuego, Chile.

Pero el investigador continúa y proyecta que, si “buscamos más fondos económicos para investigar, tendremos a más científicos estudiando, lo que obviamente acelerará lo que sabemos de las turberas. De esta manera, mejorarán las políticas públicas que puedan hacerse al respecto para protegerlas, pues habrán hechos concretos, estudios y científicos que respalden esas tomas de decisiones”. Una idea ambiciosa, pero que, sin duda, solo traería beneficios.

Leer en El Ágora Diario.