Especialistas advierten sobre un posible fenómeno de El Niño de gran intensidad en 2026, aunque aclaran que aún no existe certeza sobre sus impactos reales en Perú y Sudamérica.
El fenómeno de El Niño vuelve a encender las alertas en la costa occidental de Sudamérica; aunque algunos ya lo han bautizado mediáticamente como “El Niño Godzilla” por su posible intensidad, especialistas advierten que todavía existen incertidumbres sobre el alcance real de sus impactos durante 2026.
De acuerdo con monitoreos internacionales, el Océano Pacífico tropical presenta señales de calentamiento, una condición clave para el desarrollo del fenómeno de El Niño, que altera el clima global y suele generar lluvias intensas, tormentas y cambios bruscos de temperatura.
Según la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA), existe una alta probabilidad de que el evento se consolide durante los próximos meses y alcance mayor intensidad hacia finales de año e inicios de 2027.
El climatólogo chileno Martín Jacques, investigador del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR2), explicó que aún no es posible determinar con certeza qué tan severos serán los efectos. “El Niño es una alteración tan fuerte del sistema climático que impacta no solo al Pacífico tropical, sino también a la temperatura global del planeta”, señaló.
Perú entre los países más expuestos
En el caso de Perú, especialmente en la costa norte, se prevé un mayor riesgo de lluvias intensas y tormentas debido al calentamiento del mar frente a Ecuador y el litoral peruano. Sectores como la pesca y la agricultura podrían verse afectados por cambios en las temperaturas oceánicas y alteraciones del ecosistema marino.
Pese a las advertencias, Jacques precisó que el término “Godzilla” no tiene sustento científico y responde más a una etiqueta mediática usada anteriormente durante el fuerte evento de 2015. Incluso recordó que no todos los fenómenos intensos terminan generando los impactos esperados.
¿Debemos preocuparnos?
Los expertos recomiendan mantener la vigilancia, pero evitar el alarmismo. Aunque los pronósticos estacionales ayudan a anticipar riesgos, las condiciones específicas del clima pueden cambiar y afinarse con mayor precisión apenas días antes de posibles tormentas o eventos extremos.
Además, el fenómeno de El Niño forma parte de un ciclo natural conocido como ENOS (El Niño-Oscilación del Sur), que suele repetirse cada dos a siete años, aunque el cambio climático podría influir en su intensidad futura, un tema que todavía genera debate científico.
Las autoridades de países como Perú y Ecuador mantienen monitoreo constante ante el posible desarrollo del fenómeno, con el fin de reducir riesgos y fortalecer la capacidad de respuesta frente a eventuales emergencias climáticas.
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