
El fuego ha sido históricamente una perturbación relevante en la estructura y composición de los bosques maulinos costeros. Sin embargo, incendios de gran magnitud, como el megaincendio ocurrido en el verano de 2017, han generado interrogantes profundas sobre la resiliencia de estos ecosistemas frente a las actuales condiciones climáticas extremas, marcadas por sequías prolongadas y olas de calor.
Un estudio publicado en la revista científica Frontiers in Plant Science analizó la respuesta posterior al incendio de estos bosques en la región del Maule. Sus resultados revelan que el ruil -especie en peligro de extinción- enfrenta una amenaza aún mayor: no solo por el efecto directo del fuego, que afectó 9 de sus 15 poblaciones, sino también por la masiva invasión de pinos tras el incendio. Esta especie exótica colonizó rápidamente las zonas afectadas, alterando la trayectoria sucesional de estos bosques relictos y empujándolos hacia un estado alternativo dominado por el pino.
En sitios de alta severidad, la densidad del pino alcanzó los 9.760 individuos por hectárea a cinco años del incendio. Esta cifra refleja cambios drásticos en la composición y estructura del ecosistema, generando una intensa competencia entre la especie invasora y las especies nativas por los recursos disponibles en las etapas tempranas de desarrollo, claves para la regeneración del bosque.
Claudia Leal, ingeniera en Recursos Naturales Renovables de la Universidad de Chile, actualmente doctorante de la Universidad de Freiburg, en Alemania, y autora principal del estudio, señaló que el mayor peligro que enfrentan los bosques de ruil ante la invasión de Pinus radiata es el incremento del riesgo de extinción e, incluso, la aceleración de este proceso debido a la competencia directa entre ambas especies por recursos esenciales como el agua, la luz y los nutrientes.
“Se ha registrado que las plántulas de ruil crecen rodeadas de pino en una proporción alarmante: por cada plántula de ruil pueden establecerse hasta diez de pino en su entorno inmediato, limitando severamente su capacidad de recuperar el espacio perdido tras el fuego”, añadió.
Si bien el ruil ha demostrado cierta capacidad de recuperación mediante rebrotes basales y una escasa regeneración por semillas, estas estrategias no logran equiparar los mecanismos altamente eficientes del pino: una especie adaptada a regímenes de incendios más frecuentes y severos, que garantiza su denso y rápido establecimiento posterior al fuego. Este hecho favorece un ciclo de retroalimentación positiva entre los incendios y la invasión de Pinus radiata, en el que los pinos acumulan y conectan el combustible forestal, elevando el riesgo de nuevos incendios que, a su vez, impulsan una mayor expansión y dominancia de la especie.
Mauro González, profesor de la Universidad Austral de Chile, investigador del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia CR2 y uno de los autores del estudio, explicó que los incendios favorecen la invasión de pinos, ya que estos están altamente adaptados al fuego y a las condiciones ambientales generadas por este disturbio. Esta especie libera una gran cantidad de semillas, las cuales germinan rápidamente después del incendio y, luego, al haber más pinos, se genera una mayor probabilidad de incendios.
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