La confirmación de condiciones asociadas al fenómeno de El Niño por parte de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) ha vuelto a situar la atención sobre los posibles efectos que este evento climático podría generar en Chile durante los próximos meses.
El fenómeno se caracteriza por un calentamiento anómalo de las aguas superficiales del océano Pacífico ecuatorial y cambios en la circulación atmosférica, factores que pueden modificar los patrones de precipitaciones y temperatura en distintas regiones del planeta.
Según el más reciente informe de NOAA, existe un 63% de probabilidad de que El Niño alcance una categoría muy fuerte entre noviembre y enero, lo que podría convertirlo en uno de los eventos más intensos registrados desde 1950.
Sin embargo, especialistas llaman a interpretar estas proyecciones con cautela y evitar conclusiones automáticas sobre sus efectos locales.
Un fenómeno más complejo que un simple aumento de lluvias
Pablo Sarricolea, académico del Departamento de Geografía de la Universidad de Chile e investigador del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR2), explica que la declaración oficial de El Niño requiere la combinación de factores oceánicos y atmosféricos.
“La declaración se hace cuando se cumplen dos condiciones a la vez: las temperaturas del Pacífico ecuatorial superan el promedio en 0,5 °C y el componente atmosférico acompaña. Esto refleja un acoplamiento océano-atmósfera, que es lo que distingue El Niño real de un simple calentamiento superficial del mar”, señala.
Aunque históricamente El Niño se ha asociado a una mayor probabilidad de precipitaciones en la zona centro y centro-sur de Chile, el investigador enfatiza que esta relación es estadística y no garantiza un determinado comportamiento climático.
“El mensaje correcto es que El Niño mueve la aguja hacia más lluvia, no que garantiza lluvia”, sostiene.
Más lluvia no siempre significa más agua
Uno de los principales aspectos que preocupa a los especialistas es la posibilidad de interpretar erróneamente un eventual aumento de precipitaciones como una solución definitiva a la crisis hídrica que afecta al país.
Sarricolea explica que una de las consecuencias de El Niño es el aumento de la denominada isoterma cero, fenómeno que puede provocar que parte de las precipitaciones que normalmente caerían como nieve en la cordillera se presenten en forma de lluvia.
“El Niño tiende a elevar la isoterma cero, así que parte de lo que normalmente sería nieve podría caer como lluvia líquida en cordillera”, advierte.
Esto puede generar aumentos temporales en los caudales de los ríos, pero disminuir la acumulación de nieve que actúa como reserva estratégica de agua durante la primavera y el verano.
Además, las lluvias intensas en sectores cordilleranos pueden incrementar la turbidez de las fuentes de abastecimiento, provocar cortes de agua potable y aumentar el riesgo de remociones en masa.
Una pausa, no el fin de la megasequía
El investigador recuerda que Chile arrastra más de una década de déficit hídrico estructural y que una temporada lluviosa no es suficiente para revertir completamente sus efectos.
“La megasequía lleva más de una década de déficit estructural en Chile central. Un invierno húmedo de El Niño es una pausa, no una reversión de la sequía”, afirma.
Según explica, la recuperación de acuíferos y reservas subterráneas requiere procesos mucho más prolongados que una sola temporada de lluvias.
Preparación y monitoreo
El especialista advierte que uno de los principales riesgos asociados a un evento intenso de El Niño no es únicamente la cantidad de lluvia acumulada, sino la ocurrencia de precipitaciones concentradas en cortos períodos.
“Más que la falta de agua, el principal riesgo es la posibilidad de mucha agua junta: aluviones, anegamientos y marejadas”, señala.
Las zonas que requieren mayor atención corresponden al centro y centro-sur del país, especialmente desde Valparaíso hasta La Araucanía, además de sectores precordilleranos, quebradas urbanas, áreas costeras y localidades del Norte Chico susceptibles a lluvias intensas asociadas a sistemas meteorológicos específicos.
Por ello, el llamado de los expertos es a fortalecer las medidas de prevención, revisar sistemas de drenaje, monitorear zonas de riesgo y seguir la información emitida por organismos especializados.
“Más probabilidad de lluvia, sí; solución a la sequía, no; motivo para prepararse, claramente”, concluye Sarricolea.
5 DATOS CLAVES
- NOAA confirmó condiciones asociadas al fenómeno de El Niño en el Pacífico ecuatorial.
- Existe un 63% de probabilidad de que alcance una intensidad muy fuerte entre noviembre y enero.
- El fenómeno aumenta la probabilidad de lluvias en la zona centro y centro-sur de Chile.
- Más precipitaciones no garantizan una recuperación de la sequía ni mayor disponibilidad de agua.
- Los principales riesgos asociados son aluviones, anegamientos, marejadas y crecidas de ríos.
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