Restaurar tierras degradadas puede generar beneficios de entre US$ 7 y US$ 30 por cada dólar invertido (El Mercurio)

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    Por Rosa Martínez

    Un humedal que recupera su capacidad de almacenar agua, una ribera rehabilitada o vegetación urbana que vuelve a proporcionar sombra pueden reducir la vulnerabilidad frente al cambio climático. Así lo indica el “Estado de la Financiación para la Naturaleza 2026”, publicado por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), que destaca que las soluciones basadas en la naturaleza (SBN) contribuyen a enfrentar la pérdida de biodiversidad y la degradación de la tierra.

    Frente a las sequías, Eugenia Gayo, subdirectora del CR2 dice que restaurar suelos, humedales, vegetación ribereña y ecosistemas de cuenca permiten mejorar la infiltración y retención de agua; sin embargo, aumentar la cobertura vegetal no garantiza una mayor disponibilidad hídrica.

    En materia de biodiversidad, Gayo apunta que la restauración exige continuidad y una mirada de largo plazo, pues recuperar las funciones de un ecosistema puede tomar años, décadas o siglos.

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