¡Un Niño histórico! ¿Un verano extremo?

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    René Garreaud, investigador del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR2), y académico del Departamento de Geofísica de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile

    Comenzó tarde, pero cumplió

    Hasta abril de 2026 el Pacífico tropical se encontraba en La Niña, la fase fría de El Niño Oscilación del Sur (ENSO, por sus siglas en inglés), pero los modelos climáticos ya comenzaban a prever el desarrollo de un evento de El Niño intenso durante el segundo semestre de este año.

    Históricamente, el calentamiento del Pacífico tropical produce mayores precipitaciones sobre Chile central (desde la Región de Coquimbo hasta la Región del Biobío) durante los meses de invierno, como se explica en este análisis. Y así ocurrió este año. Aunque el otoño y el comienzo del invierno fueron particularmente secos en la zona central, una secuencia de perturbaciones sinópticas causó copiosas precipitaciones a partir de mediados de julio. Un aspecto notable de estas tormentas fue su persistencia temporal y extensión al norte chico e incluso a Atacama, causando graves afectaciones en buena parte del país (Figura 1). Los costos directos por daños a la infraestructura pública y paralización de actividades mineras se estiman en más de mil millones de dólares.

    Figura 1. Esquema de los principales impactos de El Niño durante el invierno (julio-septiembre) de 2026. La flecha hacia arriba (círculo celeste) indica actividades que se han visto favorecidas, mientras que la flecha hacia abajo (círculo rojo), las que se han visto desfavorecidas. El costo estimado de 1200 millones de dólares solo incluye la estimación de daños en infraestructura pública elaborada por el Ministerio de Obras Públicas (MOP) y el informe sobre impacto minero.

    ¿Dónde quedó la primavera?

    El mes de septiembre fue mayormente seco, excepto por una tormenta muy intensa, pero concentrada en las regiones de La Araucanía y Los Lagos. Con el evento de El Niño creciendo rápidamente hasta alcanzar su récord histórico (según el índice Niño3.4 que se muestra en la Figura 2), todo estaba dispuesto para una “primavera invernal” que se manifestó con fuerza en octubre. Durante este mes, las tormentas que han afectado a buena parte de Chile central, incluyendo Santiago, han sido de tal intensidad y recurrencia -resumidas en la Tabla 1- que muchos se preguntan dónde quedó la primavera.

    Figura 2. Evolución diaria del Índice Niño 3.4 (diferencia de la temperatura superficial del mar en el océano Pacífico ecuatorial [entre 5°N–5°S y 170°O–120°O] respecto al promedio histórico). Cada línea gris corresponde a la serie de un año calendario (enero-diciembre) entre 1982 y 2026. Se destaca en color rojo la evolución de Niño 3.4 durante 2026, que alcanzó +3.4°C el 20 de octubre. Los eventos de El Niño y La Niña se clasifican según la intensidad de Niño 3.4.

    Fecha Evento Lugar
    2 octubre Granizada y tormenta eléctrica. Breve, pero intensa Santiago oriente
    8 octubre Tormenta severa gatilla aluvión, flujo de detritos e inundaciones urbanas San Carlos de Apoquindo, Las Condes, Santiago oriente
    13 octubre Tormenta severa gatilla inundaciones urbanas Providencia y Ñuñoa, Santiago oriente
    Vientos tornádicos Quinta Normal, Santiago
    22 octubre Granizada y tormenta eléctrica Santiago oriente
    26 octubre Tormenta severa gatilla activación de quebradas Farellones, Lo Barnechea, Santiago oriente
    Tornado F2 Requínoa, Región de O’Higgins

    Un ejemplo de estos eventos se presenta en el mapa con los rayos detectados desde el satélite GOES-19 la tarde del 13 de octubre (Figura 3). La alta densidad de rayos sobre Santiago oriente coincide con reportes de acumulaciones de más de 20 mm en menos de una hora, intensidades pocas veces registradas en esta zona.

    Figura 3. Mapa con los rayos detectados por el satélite GOES 19 (instrumento GLM) entre las 3 y las 5 PM del martes 13 de octubre de 2026 sobre la ciudad de Santiago. El color de los símbolos es indicativo del momento del rayo en ese rango horario.

    La Figura 4 muestra la serie histórica de la precipitación acumulada en la estación Quinta Normal (Santiago centro), donde destaca el récord establecido en 2026 con 148 mm, cerca de siete veces el promedio climatológico. Las acumulaciones en el sector oriente son al menos el doble de su contraparte en Quinta Normal debido a que las tormentas se desarrollaron mayormente sobre la ladera andina.

    Figura 4. Precipitación acumulada en el mes de octubre en la estación Quinta Normal, Santiago. Fuente: Dirección Meteorológica de Chile (DMC)

    ¿Es El Niño culpable de todo esto?

    Aunque cada uno de los eventos en la Tabla 1 tiene causas meteorológicas inmediatas, El Niño ofrece el marco general que, de no existir, haría muy improbable la ocurrencia de esta secuencia de eventos. Recordemos que, de manera general, la precipitación requiere del ascenso de masas de aire con alto contenido de vapor.

    Durante los años de El Niño, el calentamiento de la superficie del mar aumenta el vapor presente en la atmósfera, especialmente sobre el Pacífico tropical. Este vapor es transportado hacia latitudes subtropicales del Pacífico por los vientos en niveles bajos (Campos & Rondanelli, 2023), algunas veces organizado en filamentos de gran intensidad llamados ríos atmosféricos.  Por otro lado, el calentamiento generalizado de la tropósfera tropical intensifica los vientos del oeste con su eje cercano a los 30°S y a unos 10 km de altura. Este chorro subtropical favorece el desarrollo de perturbaciones que, a su vez, inducen el ascenso de aire.  El Niño también favorece la ocurrencia de condiciones de bloqueo cerca del extremo sur del continente, desviando a su vez las perturbaciones hacia el norte (Rutllant & Fuenzalida, 1991). Así, factores dinámicos y termodinámicos durante eventos de El Niño actúan en concierto para aumentar la precipitación en Chile central.

    Estos ingredientes se manifestaron en julio y agosto de 2026, y aún más claramente durante octubre. La Figura 5a muestra el contenido de vapor de agua de toda la tropósfera (denominado agua precipitable) sobre un sector frente a la costa de Chile central, donde el año 2026 supera, por lejos, todos los valores anteriores. El alto valor del agua precipitable en esta zona puede deberse tanto a un incremento del transporte desde sectores tropicales como al calentamiento de la superficie del mar frente a nuestras costas, que este año también ha alcanzado un valor récord (Figura 5b). La magnitud de los vientos del oeste en la tropósfera media (indicativa de la intensidad del jet subtropical) frente a nuestras costas alcanzó un nivel sobre el promedio, pero no extremo (Figura 5c), en tanto el bloqueo al sur del continente fue persistente con anomalías positivas de presión a nivel del mar sobre los 10 hPa.

    Figura 5. Series anuales del valor promedio del mes de octubre de (a) agua precipitable, que corresponde a la integral del contenido de vapor de agua en toda la tropósfera, (b) temperatura superficial del mar y (c) componente zonal del viento en 300 hPa. En todos los paneles se emplean datos de ERA5 promediados en un sector sobre el océano frente a Chile central (35-25°S, 80-72°W). Gentileza de Ronaldo Albuquerque (visitante UFRJ, Brasil).

    Experimentos numéricos ayudarán a determinar las contribuciones dinámicas y termodinámicas a las copiosas lluvias de octubre, aunque a juzgar por la figura 5a, la gran cantidad de vapor disponible frente a nuestras cosas ha tenido un papel esencial. Este vapor ha sido eficientemente convertido en precipitación durante el paso de perturbaciones sinópticas (sistemas frontales y bajas segregadas) y ha favorecido la ocurrencia de tormentas convectivas.

    ¿El peor de todos?

    Antes de mirar los próximos meses, consideremos las acumulaciones registradas a lo largo de Chile hasta octubre de 2026 (Figura 6). El mapa de anomalías de precipitaciones muestra superávit entre 100 % y 200 % en todo el norte chico, la Región de Atacama y parte de la Región de Antofagasta. Esto equivale a acumulaciones entre el doble y el triple de un año promedio en la zona más árida de nuestro país, producto de las tormentas de julio y agosto. En la misma figura 6 se presenta la serie anual de precipitación en La Serena desde 1970 hasta la fecha. El año 2026 figura como el segundo más lluvioso de estos 55 años, con 225 mm, casi a la par del récord de 1972. Esta figura muestra también cómo la serie está dominada por acumulaciones bajo los 80 mm (el promedio para esa estación), excepto por una decena de años con valores sobre los 120 mm, la mitad de los cuales corresponde a un evento de El Niño, como el de 2026. La relación El Niño/superávit pluviométrico solo se rompió en 2023 cuando ocurrió un evento moderado y las precipitaciones fueron casi nulas en el norte chico.

    El superávit pluviométrico en general decrece hacia el sur, desde un 30 % en la Región de Valparaíso hasta un 15 % en Los Ríos. En Santiago (Quinta Normal) los 380 mm a la fecha representan un 30 % de superávit. Aunque bienvenido luego de la prolongada megasequía, este superávit es cerca de la mitad de lo alcanzado en los Niños anteriores, en especial en el gran evento de 1997, cuando se acumularon más de 750 mm. Por otra parte, el Niño “Godzilla” de 2015 fue fallido en cuanto a precipitaciones en Chile central. En Concepción, la situación es similar, donde la acumulación de 1290 mm representa un importante superávit del 37 %, pero aún por debajo de otros Niños históricos.

    Desde la región de Los Lagos al sur, El Niño tiene bajo impacto en las precipitaciones de invierno y primavera. De hecho, toda esta región presenta un déficit entre el 10 y el 20 %, siguiendo una tendencia a la disminución de las precipitaciones que se ha mantenido por varias décadas (Boisier et al., 2018).

    Figura 6. El mapa a la izquierda muestra las anomalías pluviométricas (diferencia porcentual con un año promedio) a lo largo de Chile acumuladas entre enero y octubre de 2026. Fuente: CR2Met. Las series de la derecha corresponden a la acumulación anual desde 1970 a 2026 en las estaciones La Florida (La Serena), Quinta Normal (Santiago) y Carriel Sur (Concepción). Fuente: DMC. Los datos del 2026 están actualizados hasta fines de octubre. Las barras de color rojo y amarillo indican inviernos bajo un evento de El Niño fuerte y moderado, respectivamente.

    Entonces… ¿seguirán las tormentas en Chile central?

    La temperatura superficial del Pacífico, lejos y cerca de nuestras costas, se mantendrá por sobre el promedio durante todo el verano austral, resultando en un alto contenido de vapor en la atmósfera. Luego del máximo esperado para noviembre-diciembre de 2026, la condición de Niño moderado persistirá hasta otoño de 2027 de acuerdo con los pronósticos climáticos en la Figura 7.

    Figura 7. Predicción del índice Niño 3.4 a partir de octubre de 2026 para los próximos trimestres (por ejemplo, DJF: diciembre de 2026 a febrero de 2027). Cada línea corresponde a un modelo de predicción, siendo la línea gruesa azul el promedio de todos ellos. Fuente y actualizaciones mensuales en IRI ENSO Forecast.

    Pero la circulación de gran escala de verano es muy distinta a la de invierno y primavera (Figura 8). La corriente en chorro se desplaza hacia el sur y el anticiclón subtropical del Pacífico, aunque un poco más débil, se expande también hacia el sur de nuestro país. Ambos elementos dificultan la llegada de perturbaciones sinópticas a la zona central de Chile, explicando así las condiciones secas que predominan en los meses de verano. Este verano (diciembre de 2026 a febrero de 2027) no debería ser la excepción, así que esperamos una importante reducción en la probabilidad de eventos de precipitación en los meses próximos en Chile central.

    Figura 8. Circulación media del hemisferio sur representada por la magnitud del viento zonal (oeste-este) en el nivel 500 hPa (unos 5500 m s.n.m.). Como referencia, el punto blanco indica la ubicación de Santiago. El panel (a) es para los meses de invierno (junio-julio-agosto) donde se aprecia cómo la corriente en chorro (jet) subtropical alcanza a Chile central. El panel (b) es para los meses de verano (diciembre-enero-febrero) donde se aprecia la existencia de un solo jet en latitudes medias.

    Pero reducir la probabilidad no elimina la posibilidad. Todos (autoridades y ciudadanía) debemos estar alertas, pues si llega una perturbación a Chile central, esta se encontrará con abundante vapor que podría convertirse en lluvias intensas, probablemente de carácter convectivo propiciadas por las condiciones cálidas del verano. Eventos recientes como el río atmosférico en Chile central a fines de enero de 2021, la inundación de parte de Maipú en enero de 2026, y el trágico aluvión de Atacama en marzo de 2015 atestiguan la severidad que pueden tener estas tormentas de verano y comienzos de otoño.

    ¿Y hará mucho calor? ¿Qué pasa con los incendios en Chile central?

    En un verano de El Niño, el calentamiento de la superficie del mar a lo largo de la costa de Chile suele extenderse hasta la región de Valparaíso, con anomalías de 1-2 °C.  Esta señal se transmite rápidamente a las capas bajas de la tropósfera, produciendo temperaturas del aire superiores al promedio en el litoral y el interior de la zona norte, y la costa del centro de Chile. Lo anterior resulta en una mayor probabilidad de temperaturas máximas y mínimas sobre lo normal durante el verano en años de El Niño entre las regiones de Arica y Coquimbo. Esto contrasta con una menor probabilidad de temperaturas máximas sobre lo normal en el interior de las regiones desde la Metropolitana hasta el Biobío.

    Para este verano, la Dirección Meteorológica de Chile está pronosticando un patrón de temperaturas consistente con la condición de El Niño antes descrita, como se presenta en la Figura 9.

    Figura 9. Predicción para el trimestre de noviembre de 2026 a enero de 2027 de temperatura máxima (Tmax), temperatura mínima (Tmin) y precipitación. Los colores indican la probabilidad de que el promedio trimestral de esas variables esté por sobre o por debajo de la condición climatológica. Fuente y actualización mensual: Dirección Meteorológica de Chile (DMC).

    Es destacable el pronóstico de mayores temperaturas máximas en la región de Valparaíso al norte, pero menores entre la región Metropolitana y la región del Biobío. Sin embargo, nuevamente enfatizamos el carácter probabilístico de estos pronósticos, por lo cual no podemos descartar la ocurrencia de eventos de alta temperatura en Chile central para este verano. El cambio climático ha ido aumentando la temperatura media de esta zona y la ocurrencia de olas de calor (González-Reyes et al., 2023). En el pasado, la ocurrencia de días con temperaturas sobre los 40 °C era muy baja o inexistente, pero esto ha ido cambiando en las últimas décadas y su número continuará aumentando en el futuro (Carrasco-Escaff et al., 2024), aunque no podemos saber si tal condición extrema se manifestará este verano en particular.

    Otra razón de preocupación respecto a los incendios forestales es la mayor carga de combustible que estará presente este verano, pues las lluvias del 2026 han propiciado el crecimiento de pastizales que aún están verdes, pero prontamente se secarán. Sin embargo, en el estudio de Urrutia-Jalabert y colaboradores (2018) se observó que la mayor precipitación en Chile central durante un invierno de El Niño repercute en mayores incendios en el verano subsiguiente (nov. 2027-mar. 2028).

    Mirando más al sur… y al norte

    El impacto más conocido de El Niño en Chile es la tendencia a mayores precipitaciones en los meses de invierno y primavera sobre Chile central. En verano, la acción se traslada a las zonas norte y sur del país, donde la culminación de El Niño se asocia a condiciones deficitarias de precipitación.

    En la cordillera del norte de Chile, la estación de lluvias se desarrolla desde diciembre hasta marzo, el “Invierno Altiplánico”, en conexión con las tormentas convectivas sobre los Andes centrales. Estas tormentas se alimentan de vapor de agua proveniente del interior del continente y transportado hasta el Altiplano por el viento del este.  Durante los años de El Niño, la intensificación del jet subtropical (que sopla desde el oeste) debilita este transporte restringiendo la humedad en la cordillera y disminuyendo las precipitaciones en esa zona (Garreaud & Aceituno 2001). El pronóstico de la DMC (Figura 9) para los próximos meses efectivamente prevé condiciones deficitarias en el Altiplano. Nuevamente enfatizamos el carácter probabilístico de estos pronósticos. Además, la gran cantidad de vapor que estará presente en la costa del norte de Chile (en relación con las aguas cálidas en el Pacífico oriental) puede alimentar tormentas convectivas, cortas pero intensas, incluso en la zona desértica del prealtiplano.

    Por otro lado, el anticiclón de bloqueo (que desviaba las tormentas hacia Chile central) reduce la posibilidad de precipitaciones estivales en las regiones de Los Lagos y Aysén (Patagonia norte) en concordancia con el pronóstico estacional de la DMC (Figura 8). El déficit de agua fresca produce alteraciones en la geoquímica de los fiordos de esa zona del país y favorece el florecimiento de algas nocivas, con graves impactos en la acuicultura que se desarrolla intensamente en ese lugar. El evento de “marea roja” más intenso registrado en Chile precisamente ocurrió en el verano-otoño 2016 (León-Muñoz et al., 2018) en conexión con el intenso evento de El Niño 2015-2016 (Garreaud, 2018)

    La sequía inducida por El Niño en la Patagonia norte se superpone a la señal generada por el Modo Anular del Sur (SAM, por sus siglas en inglés). A diferencia de El Niño/La Niña, las oscilaciones de SAM tienen baja predictibilidad más allá de un par de semanas, por lo que resulta difícil discernir su fase para este verano. Pero el gran agujero de ozono que se desarrolló esta primavera en la estratósfera sobre la Antártica (Figura 10) tiende a retrasar el fin del vórtice hasta comienzos de verano, lo que favorece la ocurrencia de la fase positiva de SAM a fines de verano y otoño de 2027. La fase positiva de SAM concentra los vientos del oeste en la periferia antártica y, por lo tanto, reduce las precipitaciones en el sur de Chile (Garreaud, 2018). Así, hay una chance no menor de una sequía severa sobre la Patagonia norte en verano-otoño de 2027, similar a la observada en 2016 (Muñoz et al., 2026: artículo en revisión).

    Figura 10. Serie anual del tamaño del agujero de ozono sobre la Antártica, medido por la NASA, entre el 1 y el 30 de septiembre y 13 de octubre de cada año. El agujero corresponde a la zona con valores de ozono por debajo de 220 unidades Dobson, una medida del contenido de este gas en toda la columna atmosférica. Se destacan las primaveras de 2026 y 2015, donde el agujero alcanzó tamaños de más de 20 millones de km², como se advierte en los mapas polares. Fuente de datos y actualización: NASA Ozone Watch. Figura tomada del manuscrito en revisión Long-term drying enhances El Niño impacts on Patagonian aquaculture por Muñoz et al., 2026.

    Referencias

    Boisier, J. P., Alvarez-Garreton, C., Cordero, R. R., Damiani, A., Gallardo, L., Garreaud, R. D., … & Rondanelli, R. (2018). Anthropogenic drying in central-southern Chile evidenced by long-term observations and climate model simulations. Elem Sci Anth, 6, 74. https://doi.org/10.1525/elementa.328

    Campos, D., & Rondanelli, R. (2023). ENSO‐related precipitation variability in Central Chile: The role of large scale moisture transport. Journal of Geophysical Research: Atmospheres, 128(17), e2023JD038671. https://doi.org/10.1029/2023JD038671

    Carrasco-Escaff, T., Garreaud, R., Bozkurt, D., Jacques-Coper, M., & Pauchard, A. (2024). The key role of extreme weather and climate change in the occurrence of exceptional fire seasons in south-central Chile. Weather and Climate Extremes, 45, 100716. https://doi.org/10.1016/j.wace.2024.100716

    Garreaud, R., & Aceituno, P. (2001). Interannual rainfall variability over the South American Altiplano. Journal of climate, 14(12), 2779-2789. https://doi.org/10.1175/1520-0442(2001)014%3C2779:IRVOTS%3E2.0.CO;2

    Garreaud, R. D. (2018). Record-breaking climate anomalies lead to severe drought and environmental disruption in western Patagonia in 2016. Climate Research, 74, 217-229. https://doi.org/10.3354/cr01505

    González-Reyes, Á., Jacques-Coper, M., Bravo, C., Rojas, M., & Garreaud, R. (2023). Evolution of heatwaves in Chile since 1980. Weather and climate extremes, 41, 100588. https://doi.org/10.1016/j.wace.2023.100588

    León-Muñoz, J., Urbina, M. A., Garreaud, R., & Iriarte, J. L. (2018). Hydroclimatic conditions trigger record harmful algal bloom in western Patagonia (summer 2016). Scientific reports, 8(1), 1330. https://doi.org/10.1038/s41598-018-19461-4

    León-Muñoz, J., Soto, D., Aguayo, R., & Garreaud, R. (2026). Long-term drying enhances El Niño impacts on Patagonian aquaculture. https://essopenarchive.org/doi/abs/10.22541/essoar.15010792/v1 (preprint)

    Rutllant, J. and Fuenzalida, H. (1991), Synoptic aspects of the central chile rainfall variability associated with the southern oscillation. Int. J. Climatol., 11: 63-76. https://doi.org/10.1002/joc.3370110105

    Urrutia‐Jalabert, R., González, M. E., González‐Reyes, Á., Lara, A., & Garreaud, R. (2018). Climate variability and forest fires in central and south‐central Chile. Ecosphere, 9(4), e02171. https://doi.org/10.1002/ecs2.2171