Análisis CR2 | El Niño Godzilla, versión 2026

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    René Garreaud, Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia CR2, y académico del Departamento de Geofísica de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile

    Desde hace varios meses existe un marcado interés en diversas instituciones, medios de prensa, comunidad científica y público general sobre el desarrollo de un evento de El Niño durante el año 2026, el que —en virtud de su esperada magnitud— ha sido nombrado coloquialmente como un super Niño o Niño Godzilla (término ya empleado en el evento de 2015, uno de los más intensos en el registro). Ad portas de un invierno que se anuncia como altamente lluvioso, aquí repasamos qué sabemos (y qué no) de este fenómeno y sus implicancias en Chile.

    Si se olvidaron de ENSO…

    Es pertinente recordar que El Niño corresponde a la fase cálida del fenómeno El Niño-Oscilación del Sur (ENSO, por sus siglas en inglés), un modo de variabilidad natural del sistema océano-atmosfera en el Pacífico tropical. En esta fase, se produce un calentamiento de la capa superficial del océano Pacífico entre la línea de cambio de fecha (180°W) y la costa occidental de Sudamérica, en una banda centrada en el ecuador (entre 5°S y 5°N aproximadamente). En la fase opuesta —La Niña— esa zona del Pacífico experimenta un enfriamiento. Las fases tienden a sucederse una a otra y a persistir cerca de un año (aunque algunos eventos de La Niña se han extendido hasta por tres años consecutivos), como lo muestra la serie del índice Niño3.4 que corresponde a la anomalía (diferencia con el promedio histórico) de la temperatura superficial del mar (TSM) en el Pacífico central ecuatorial (Figura 1).

    Figura 1. Valores semanales del índice Niño 3.4 (desviaciones de la TSM respecto a la climatología en el Pacífico central ecuatorial, en °C). En este caso se ha descontado el calentamiento de largo plazo. Fuente: Bureau of Meteorology, Australia.

    Para ser clasificados como tales, los eventos de El Niño y La Niña requieren que el índice Niño3.4 supere los +0.7 °C o que esté por debajo de -0.7 °C, respectivamente, por al menos tres meses consecutivos. Así, en la figura 1 se distinguen El Niño “Godzilla” de 2015, El Niño moderado de 2023 y la triple Niña de 2020-2022.

    La componente atmosférica de ENSO, la Oscilación del Sur, se refiere a la variación opuesta de la presión a nivel del mar entre el Pacífico oriental y occidental. Así, durante El Niño, el anticiclón semipermanente del Pacífico frente a Sudamérica tiende a bajar su intensidad al mismo tiempo que las bajas presiones que caracterizan la zona norte de Australia e Indonesia tienden a ser un poco más altas. Las fluctuaciones de este dipolo de presión son usualmente representadas por el Índice de la Oscilación del Sur (SOI por sus siglas en inglés, Figura 2), de forma que durante los eventos de El Niño (o La Niña) los valores de SOI tienden a ser negativos (o positivos). Aunque la relación entre Niño3.4 y SOI está en el corazón de ENSO, el acoplamiento entre el océano y la atmósfera no siempre comienza en forma simultánea.

    Figura 2. Valores mensuales del índice de la oscilación del Sur (SOI, diferencia estandarizada de presión a nivel del mar entre Darwin (Australia) y Tahití, en décimas de hPa) Fuente: Bureau of Meteorology, Australia.

    Por otro lado, las anomalías de TSM en el Pacífico tropical alteran la distribución de precipitación y nubes convectivas en esta zona, lo que a su vez modifica la circulación atmosférica fuera de los trópicos. Por ejemplo, la Figura 3 muestra una secuencia de anomalías de presión superficial en el Pacífico sur, de forma que durante los eventos de El Niño se tiende a posicionar una alta presión al oeste de la Península Antártica. Esta “alta de bloqueo”, sumada al debilitamiento del anticiclón subtropical, es uno de los factores que explican la tendencia a mayores precipitaciones en los meses de invierno y primavera en Chile central. Una discusión más completa de este mecanismo se presenta en este análisis. Se agrega a lo anterior la mayor disponibilidad de vapor de agua sobre el Pacífico central que puede alimentar la precipitación de las tormentas que llegan a nuestra región (Campos y Rondanelli 2024). Lo contrario ocurre durante los inviernos de La Niña, generando condiciones deficitarias de lluvia en Chile central.

    Figura 3. Esquema de la circulación atmosférica durante años de El Niño (panel a). En estos periodos ocurre un debilitamiento del Anticiclón del Pacífico (óvalo rojo segmentado). Las aguas superficiales anormalmente cálidas (área amarilla) en el Pacífico tropical central favorecen nubes convectivas y de gran desarrollo vertical en esa zona. Las zonas con convección suprimida se indican mediante el símbolo del sol. La circulación inducida por esta actividad convectiva tropical es capaz de perturbar el campo de presión en latitudes subtropicales y medias, como muestra la secuencia de núcleos anómalos de baja-alta-baja presión (óvalos rojos y violetas), produciendo una onda de Rossby (flecha gris) en la atmósfera sobre el Pacífico. El establecimiento de anomalías de alta presión al oeste de la Península Antártica, junto al debilitamiento del Anticiclón del Pacífico, favorece la llegada de sistemas frontales a Chile central durante los inviernos de El Niño. Lo contrario ocurre durante los inviernos de los años de La Niña, como se esquematiza en el panel (b). Más información en este análisis.

    En vivo desde Galápagos…

    Veamos qué está ocurriendo actualmente con ENSO. Un evento de La Niña débil persistió durante gran parte de 2025 y comienzos de 2026, como se muestra en la Figura 1. Al mismo tiempo, SOI registró valores levemente positivos (Figura 2), consistentes con la sequía moderada que experimentó Chile central en el año 2025. Pero desde mediados de abril hasta mediados de mayo ha ocurrido un fuerte calentamiento del Pacífico tropical, con anomalías sobre 1 °C en gran parte de esta zona, superando los 3 °C cerca de la costa de Ecuador y del norte del Perú, como se muestra en la Figura 4 (cabe notar que aún persisten anomalías frías en una delgada banda a lo largo de la costa de Chile debido al intenso afloramiento de aguas subsuperficiales).

     

    Figura 4. Anomalías de la temperatura superficial del mar para el día 17 de mayo de 2026, con base en observaciones in situ y estimaciones satelitales. Fuente: NOAA Coral Reef Watch. EEUU

    El índice Niño3.4 ya alcanzó +0.5 °C, pero la declaración “oficial” de El Niño debe esperar a que este valor se incremente y persista por varios meses más. Estamos muy seguros de que esto va a ocurrir, pues el agua del océano tropical, bajo la superficie, presenta anomalías cálidas que están aflorando en el extremo oriental de la cuenca. Por su parte, el índice SOI presenta valores negativos desde mediados de abril (Figura 2), indicando que el acoplamiento océano-atmosfera está comenzando.

    Predicción de El Niño

    Más allá de las observaciones del reservorio subsuperficial de aguas cálidas, los modelos estadísticos y numéricos son consistentes en señalar el establecimiento de un evento de El Niño durante nuestros meses de invierno y primavera. Por ejemplo, la Figura 5 elaborada por la NOAA (EEUU) indica que un evento de El Niño tiene una probabilidad de ocurrencia superior al 90 % entre junio y diciembre de 2026.

    Los modelos numéricos informan la evolución de diversas variables oceánicas y atmosféricas (incluyendo Niño3.4 y SOI), de donde es posible inferir la intensidad del próximo evento. Entre junio y septiembre se espera con mayor probabilidad un Niño débil a moderado (Niño3.4 entre 0.5 y 1.5 °C). En general, los eventos de El Niño alcanzan su mayor intensidad en los meses de primavera y verano austral. En este evento, los modelos de pronóstico indican una importante probabilidad de que El Niño alcance categoría fuerte o muy fuerte, con Niño3.4 superando los 2 °C. Esto lo haría comparable con los grandes eventos registrados en la historia reciente (1983, 1987, 1997 y 2016). Algunas simulaciones individuales indican que Niño3.4 podría alcanzar hasta 4 °C, probablemente la razón del concepto “El Niño Godzilla”, pero debemos enfatizar que este valor no es el consenso de las predicciones y, de materializarse, ocurrirá entre diciembre de 2026 y febrero de 2027. Cabe señalar que, durante el verano, un Niño intenso tiende a producir condiciones más secas que el promedio sobre el Altiplano y la parte norte de la Patagonia occidental, un tema que retomaremos más adelante.

    Figura 5. Probabilidad de ocurrencia de las fases de ENSO en los próximos trimestres del año 2026. JJA= junio, julio, agosto. En este periodo, no hay posibilidad de un evento de La Niña. A su vez, la fase de El Niño se ha subdividido en cuatro categorías de acuerdo con la intensidad del evento en el Pacífico ecuatorial central. Fuente: NOAA-CPC

    Mirando hacia Chile central

    La alta certeza sobre el establecimiento de El Niño en los meses siguientes tiene implicancias muy directas en los regímenes de precipitación y temperatura del aire, sobre todo en el Pacífico tropical y las costas adyacentes. Por ejemplo, bajo este escenario se esperan lluvias intensas y temperaturas cálidas en la costa norte del Perú para la próxima primavera y verano. El impacto de ENSO sobre el resto de Sudamérica (y el mundo) es más complejo (e.g., Cai et al. 2020), pues ocurre a través de teleconexiones atmosféricas, como la esquematizada en la Figura 3. Esto conlleva una cadena de mecanismos físicos, muy dependientes de las condiciones de la atmósfera, agregando así importantes grados de incertidumbre en la predicción climática en las zonas extratropicales.

    Figura 6. Anomalías (desviaciones respecto a la climatología) globales de (a) temperatura superficial del mar, (b) presión a nivel del mar y (c) precipitación, predichas para el trimestre junio-julio-agosto de 2026. Estas predicciones corresponden al promedio de las salidas de varios modelos numéricos del sistema océano-atmósfera, compilados por el programa Copernicus del Centro Europeo de Pronóstico del Tiempo (ECMWF)

    Con esta precaución en mente, examinemos qué dicen los modelos numéricos sobre el clima de los próximos meses. La Figura 6 presenta la predicción climática para junio-julio-agosto de 2026 sobre todo el planeta mediante las anomalías de TSM, presión a nivel del mar y precipitación. Reforzando la predicción del índice Niño 3.4 antes comentada, el panel superior de esta figura muestra el fuerte calentamiento de gran parte del Pacífico tropical.  Sobre el Pacífico en el hemisferio sur, las anomalías de presión indican el acoplamiento entre el océano y la atmósfera, con presiones más altas de lo normal sobre Australia e Indonesia, y presiones por debajo de lo normal en la parte oriental de la cuenca, causando así un SOI negativo. Las anomalías negativas en este sector corresponden a un debilitamiento del anticiclón del Pacífico suroriental, lo que, sumado a una alta de bloqueo al oeste de la Península Antártica, facilita la llegada de sistemas frontales a Chile central. En efecto, la predicción de anomalías de precipitación (Figura 6c) muestra una banda con precipitaciones sobre lo normal (de entre 100 y 200 mm) extendida desde el Pacífico subtropical hasta la zona central de Chile.

    Así, los modelos predicen de manera consistente el establecimiento de la componente oceánica y atmosférica de ENSO y precipitaciones sobre lo normal en Chile central durante los meses de invierno y primavera. Pero es importante ponderar estas predicciones a la luz de la historia hidroclimática de la región. Como ejemplo de lo anterior, la Figura 7 muestra un diagrama de dispersión entre el índice Niño3.4, promediado en los meses de invierno y la precipitación anual en la estación Quinta Normal (Santiago). Cada círculo corresponde a un año entre 1920 y 2025, y el color indica cuán intensa fue la tormenta más extrema del año en cuestión. Aquí se aprecia una evidente tendencia a mayores precipitaciones acumuladas en los años de El Niño y a menores precipitaciones en los años de La Niña. En los años neutros de ENSO (Niño 3.4 entre -0.5 y +0.5 °C) la precipitación tiene casi igual chance de estar sobre o por debajo del promedio histórico en esta estación (cerca de 310 mm). La precipitación extrema es más dispersa, pues hay años que incluyen días muy lluviosos (sobre 50 mm) en todas las fases de ENSO; aun así, la probabilidad de una tormenta extrema es mayor en años de El Niño.

    Figura 7. Diagrama de dispersión entre el índice Niño3.4 promediado en los meses de invierno (MJJAS) y la precipitación anual (enero-diciembre) en la estación Quinta Normal (Santiago, DMC). Cada círculo corresponde a un año entre 1920 y 2025, y el color indica el valor de precipitación diaria correspondiente al percentil 97,5 % de cada año.

    La Figura 7 incluye también el rango esperado para Niño3.4 para este invierno. Existen solo siete años previos con este nivel de calentamiento, todos con una precipitación acumulada anual por sobre los 400 mm, incluyendo los años más lluviosos del registro (1982, 1987, 1997), excepto el año 2015. Como mencionamos previamente, este fue el Niño Godzilla original, pero no logró interrumpir la megasequía en Chile central que había comenzado en 2010.

    Es posible que la interferencia de otros modos atmosféricos en un clima cambiante (como la mancha cálida) haya sido responsable de este desacople entre ENSO y las lluvias en nuestro país. O es posible que la muestra de observaciones no capture toda la diversidad del sistema físico. Cualquiera que sea la respuesta, la condición seca durante un Niño de gran intensidad enfatiza que las predicciones estacionales para este invierno en Chile central tienen algún grado de incerteza, aun cuando las mayores probabilidades son de un invierno lluvioso frente al cual personas e instituciones deben estar preparadas.

    Finalmente, debemos recordar el carácter marcadamente episódico de las lluvias en Chile central, donde la acumulación anual suele estar determinada por la presencia o ausencia de un reducido número de tormentas intensas que además generan una gran afectación social. Esto se ilustra bien con el invierno de 2023, donde tan solo dos ríos atmosféricos zonales (de cinco días de duración cada uno) a fines de junio y mediados de agosto fueron capaces de interrumpir la megasequía en esta zona. La ocurrencia de estas tormentas extremas se puede facilitar durante un invierno de El Niño, pero depende últimamente de condiciones sinópticas moduladas también por oscilaciones intraestacionales capaces de producir alternancia entre meses secos y lluviosos dentro de un mismo invierno. Ya veremos si se juntan todos estos ingredientes este invierno. La buena noticia es que actualmente podemos prever las condiciones meteorológicas con una semana de antelación gracias a los pronósticos numéricos del tiempo, así que estaremos muy atentos a ellos.