Bosques para el futuro: el llamado a promover el manejo de bosque nativo por su resiliencia frente al cambio climático (El Desconcierto)

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Chile fomenta las plantaciones forestales como parte de sus compromisos climáticos, mientras que expertos denuncian falta de incentivos para recuperar el bosque nativo; un ecosistema más resiliente frente al cambio climático pero que se ha deteriorado en el último tiempo.

Por María del Mar Parra

La palabra biodiversidad contiene una importante característica de este fenómeno: diversificar las herramientas para hacer frente a los riesgos. Cuando existe solo una especie, es más fácil que una plaga, un incendio o una inundación ponga fin a todo un ecosistema. Sistemas con varias especies que cumplen distintas funciones pueden adaptarse a las adversidades del cambio climático, transformando su composición sin desaparecer por completo.

Esto es cierto para los bosques nativos; sistemas complejos donde interactúan múltiples especies, y que además son sumideros de carbono, enfriadores del clima y reguladores del agua. Pero en Chile, un país altamente vulnerable al cambio climático, la tendencia ha sido la de reemplazar bosque nativo por monocultivos forestales y agrícolas. Este avance se impulsó con los subsidios a plantaciones forestales, e incluso con planes de manejo entregados por la Conaf que el año pasado fueron declarados ilegales por Contraloría.

Así, se estima que la pérdida o deterioro anual de bosque nativo durante las últimas décadas ha superado las 50.000 hectáreas. Hoy, la falta de incentivos y subsidios eficientes para recuperar y mantener estos bosques es apuntada como causante de su abandono. Alertan que, a merced de la tala ilegal y el ingreso de ganado, se profundiza el deterioro de estos ecosistemas.

Pero los bosques nativos son importantes sumideros de carbono, y una forma eficiente de mantener ese nivel de secuestro de carbono de la atmósfera, es protegiendo y restaurándolos. Científicos piden incentivos para manejar el bosque nativo, ya sea para la restauración y conservación, como para extraer madera nativa y otros bienes de alto valor de forma sustentable. De a poco algunas experiencias de manejo de bosque nativo se presentan como posible ejemplo, aunque son consideradas “una ola en el océano” en contraste con el ritmo de deterioro.

Compromiso con el bosque nativo

El Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC), recomienda a los países aumentar la superficie de bosques como forma de capturar el carbono de la atmósfera. Pero en un artículo de la revista Nature, expertos británicos advirtieron que muchos de los compromisos de los países con este objetivo, fomentan las plantaciones forestales para fines comerciales más que los bosques nativos. Estas, al ser cosechadas de forma regular y a tala rasa liberan el carbono devuelta a la atmósfera cada 20 años, mientras que los bosques naturales lo secuestran por varias décadas.

Dentro de la Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDC), Chile se comprometió a reforestar 200 mil hectáreas, pero solo 70 mil de ellas serían destinadas a bosque nativo, quedando el resto como campo abierto para plantaciones forestales. “Es necesario diferenciar en la legislación el concepto de plantaciones y el de bosques. Hoy como bosque se entienden muchas cosas y se utiliza como una forma de desarrollar políticas que al final, no están asociadas a los bosques”, explica Zamorano.

Según el artículo de la prestigiosa revista, “mientras las plantaciones forestales pueden abastecer a comunidades locales, son más débiles para capturar carbono. Esto queda de manifiesto en Chile, que vio en el 2017 incendios forestales de magnitud sin precedentes, propiciada por las grandes extensiones continuas de monocultivo forestal en la zona centro sur. Las miles de hectáreas que se quemaron ese verano, expulsaron a la atmósfera una cantidad de dióxido de carbono (CO2), equivalente al 90% del total de emisiones del país durante el año anterior.

Incentivos al bosque nativo

Una de las principales solicitudes para incentivar el cuidado de estos ecosistemas, es mejorar los subsidios que entrega la ley de recuperación del bosque nativo. Expertos coinciden en que los montos otorgados son bajos para el grado de inversión que se requiere. Además, el hecho de que sea concursable impone muchos trámites sin certeza de resultado, lo que termina disuadiendo a los dueños de los predios.

“Las y los chilenos no deben olvidar que los subsidios para plantaciones forestales se establecieron para que los dueños de forestales construyeran un patrimonio de plantaciones que ayudara a echar andar el país. En 20 años fue muy efectivo, y tenía montos adecuados y no era concursable. Lo mismo debería hacerse ahora pero con el bosque nativo”, propone Pablo Donoso, ingeniero agrónomo de la Universidad Austral (UACH).

Muestra de la inefectividad del instrumento, es que desde su aprobación solo se ha entregado una parte menor al 20% de los fondos asignados a la ley. Así, el país queda todavía muy lejano a alcanzar las hectáreas de recuperación y manejo de bosque nativo comprometidas para el 2030.

Bosque nativo y el cambio climático

Una de las fortalezas de un ecosistema diverso son las interacciones entre especies. El vínculo más conocido de este tipo es el de competencia, pero se están comenzando a estudiar los vínculos de cooperación. “Hay una comunicación permanente entre los organismos que cohabitan un espacio, por el suelo a través de sistemas radiculares. Las plantas son capaces de percibir el peligro y de transmitir el riesgo. Se sabe por ejemplo que los árboles más viejos son un recipiente de conocimiento del lugar y apoyan a establecer y regenerar nuevas plantas”, indica Zamorano.

Además de ser resilientes de por sí, los bosques nativos entregan servicios ecosistémicos que hacen a la resiliencia del territorio completo. Las diferentes alturas de los árboles y la diversidad de especies no arbóreas que conviven debajo hacen que el agua escurra más lento hacia el suelo. “La heterogeneidad hace que los suelos tengan una porosidad que filtra el agua de manera más lenta, lo que permite mantener cierto caudal de agua en verano, a diferencia de lo que sucede en las cuencas rodeadas por plantaciones forestales.

Así, “cuando la gente protesta por la falta de agua, eso también tiene que ver con los bosques”, reflexiona Antonio Lara, profesor de la Universidad Austral de Chile e investigador principal del CR2. Por eso se busca  impulsar toda forma de manejo del bosque nativo que se haga de forma sustentable, ya sea para restaurar y conservar, como para extraer maderas nativas y otros productos como mieles o frutos. “Si recuperas un bosque y se destruyen cien, no tiene sentido. Hay que reducir las amenazas y expandir el manejo y la conservación, que no tienen por qué ser contradictorias si está bien hecha la planificación y si no se corta por ejemplo el bosque adulto o los árboles que están en alta pendiente, por ejemplo”, indica Lara.

Como forma de obtener un rédito económico a cambio del manejo del bosque, se puede extraer madera nativa de alta calidad para satisfacer un mercado interno de nicho que la utilizaría para construcción, ornamentos y adornos. Incluso existe un mercado externo si Chile comienza a producir volúmenes más significativos o con valor agregado. Por su parte, existen cooperativas campesinas que han mejorado la producción de bienes como hongos, mieles, frutos y flores de bosque nativo.

Manejando el bosque nativo

Jan Köster es presidente de Aprobosque, una asociación de productores de bosque nativo que promueve el manejo sustentable para extracción de madera. Actualmente tiene 40 socios propietarios, que trabajan con sus propios equipos de trabajo. La asociación surgió a partir de una preocupación por la burocracia en los trámites para manejo de bosque nativo.

Según el productor, se trata de un negocio redituable y factible de hacerlo en forma sustentable, pero requiere una inversión inicial y es a largo plazo. “En el corto y mediano plazo la carga financiera es fuerte porque hay que manejar el bosque para llegar a una calidad mejor. Pero en unos años voy a tener réditos cada 7 años de forma inagotable en el tiempo, con cortas selectivas y dando al bosque el tiempo para regenerarse”, explica el ingeniero. Por eso cree que el principal cambio para impulsar el manejo de bosque nativo es un buen subsidio que tenga relación con el costo de inversión inicial.

Pero también apunta a la cultura y educación de la gente. “Hoy si alguien te ve con una motosierra cerca de un árbol te quieren matar, hay poca conciencia sobre el manejo del bosque nativo”, comenta. En esta misma línea, Pablo Donoso alerta sobre “la falta de áreas demostrativas de alto valor, que sean de universidades o del Instituto Forestal (INFOR). Esto ha sido una dificultad, y serviría para demostrar ejemplos de cómo se hace esto y como funciona para quienes quieren comenzar a hacerlo”.

Para Antonio Lara, hay una esperanza en el recambio generacional. “Faltan áreas demostrativas y es importante que las carreras de ingeniería forestal tengan un área fuerte de bosque nativo. Yo trabajo en la universidad, y veo el entusiasmo que tienen las personas jóvenes con querer abordar el desafío de la conservación y de manejo, vinculado a los propietarios y a temas sociales también. Este recambio en lo académico y también en quienes son dueños de los predios, que los van heredando de sus padres, pueden generar un cambio con convicción y desde las bases”, reflexiona.

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