Precipitaciones y nieve podrían dejar al día la caída de agua en la zona centro norte de Chile (Noticias FCFM U. de Chile)

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«La posibilidad de que caiga nieve y se acumule un poco en la madrugada del jueves, existe», confirma el académico del Departamento de Geofísica de la FCFM e investigador del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR)2, Roberto Rondanelli. El climatólogo analiza la lluvia que ha tenido la zona central este invierno y su impacto en las medidas restrictivas del consumo de agua que se estudian aplicar en verano, en caso de seguir con déficit, en medio de la sequía por la que ha transitado Chile en los últimos 12 años.

Hasta la fecha, en la zona central del país el déficit de precipitaciones respecto a un año normal es alrededor del 30%. Desde la región de Coquimbo hacia el sur, la situación todavía es de déficit general. Así lo advierte el profesor Roberto Rondanelli, quien no desconoce los beneficios del sistema que ha provocado días continuados de lluvia, una escena que despierta esperanza en medio de la sequía que ha levantado la posibilidad de activar cortes de agua en el verano.

“Por supuesto que cualquier lluvia ayuda, pero para superar la sequía, al menos, deberíamos terminar con un año normal. Por lo pronto, todavía estamos en un déficit. Así que a pesar de que a nosotros nos parece que ha sido un año lluvioso, la precipitación en Santiago suele ser bastante concentrada en el invierno y, por lo tanto, en los inviernos llueve normalmente bastante. Con este sistema de precipitaciones, si bien se ha reducido el déficit –que antes del último evento era de alrededor de un 60% y ahora lo hemos bajado a un 30%–, todavía estamos con déficit”, aclara el investigador del (CR)2.

Solo en Santiago, los sistemas frontales que se han dado en este invierno han sumado 110 milímetros de agua caída. No obstante las noticias recientes, con informaciones de anegamientos, interrupciones de caminos y caídas de árboles, el académico indica que estos eventos siempre traen asociadas características benignas como también otras indeseadas. “Todos estos eventos son relativamente normales durante los inviernos y, en realidad, no hemos tenido grandes desastres por efecto de estos temporales”, sostiene.

“Inviernos normales, con varios episodios de lluvia, seguidos por varias semanas con lluvia, la verdad es que hemos tenido pocos en los últimos 12 años, que ha sido el período de la megasequía. Desde el año 2010 en adelante, hemos tenido muy pocos inviernos donde hemos visto que la precipitación sea la precipitación normal de un año o que las temperaturas estén cercanas al promedio de invierno. El último año muy lluvioso que tuvimos en Santiago fue el año 2002, donde cayeron en total varios cientos de milímetros más de lo que indica el promedio”, comparó el profesor Rondanelli, refiriéndose también a la dimensión de las temperaturas, donde dijo que se ha observado, desde fines de mayo, una baja con respecto a temperaturas típicas de un invierno local.

Escalas de tiempo más largas

Para aclarar el impacto de estas recientes lluvias en la mitigación de la sequía chilena, el investigador precisó que es necesario comprender que hay ciertos sistemas naturales o sociales que tienen escalas de tiempo más largas que las de un año.

“Al construir un embalse, éste demora varios años en ser llenado y también varios años en ser utilizado. Por lo tanto, no basta tener la precipitación normal de un año para recuperar muchos de los déficits que nos ha dejado esta megasequía”, ejemplificó.

“Hay sistemas que se ven a adaptar a la precipitación de un año, por ejemplo, el pasto o la hierba en los cerros va a crecer y se va a ver bonita, pero quizás, los bosques no se van a recuperar del todo, porque van a requerir de un año con superávit para poder recuperar la fuerza que habían perdido durante la megasequía. Asimismo, otros subsistemas, como las aguas subterráneas o como los lagos superficiales, los ríos, requieren, en algunos casos, de más años de precipitación sobre lo normal. Así que, desde la perspectiva del largo plazo, es difícil hablar todavía de una recuperación de la sequía”, explicó.

“Todavía ni siquiera hemos alcanzado un año normal a esta fecha en Santiago y la zona central. No obstante, tal parece que en este nuevo sistema que se aproxima, durante el final de esta semana, es posible que al término de ese sistema buena parte de la zona centro norte, y quizás parte de la zona central, esté -al menos- al día en el año 2022, lo cual sería una gran noticia”, declaró.

Medidas restrictivas para el consumo de agua en verano

“Todavía es muy prematuro decir que hemos superado la sequía o que hemos superado las medidas más restrictivas respecto del consumo de agua, porque llevamos recién un tercio de la precipitación del año completo, o sea, si nos quedáramos con la precipitación que ha caído hasta el momento y no lloviera más, estaríamos igual en una situación bastante mala, así es que yo diría más que estoy esperanzado en que el resto del invierno continúe siendo lo lluvioso que ha sido este último mes y medio. De ser así, vamos a estar en un mucho mejor pie durante el verano respecto de lo que se había anunciado”, indicó el investigador.

A pesar de que estamos teniendo lluvias, el académico precisó que para salir de la sequía deberíamos tener un año muy lluvioso sobre lo normal, como ocurrió en los años 1982, 1987, 1998 o el año 2002, “donde las precipitaciones en Santiago superaron los 500, 600 ó 700 mm. Probablemente cuando se repita alguno de esos años, ahí vamos recién a poder bajar la guardia con la sequía, pero mientras eso no ocurra, no es posible descartar ninguno de los escenarios de restricción, dado que lo que tenemos ahora es simplemente un tercio de lo que debería llover en Santiago en un año completo”.

Nieve, un fenómeno raro en Santiago

Dado que la ciudad se ha ido expandiendo hacia las zonas altas de la precordillera, se hace más común que ciertos barrios de Santiago y sus personas vean nieve caer cada cierto tiempo, una o dos veces durante el invierno, explica el académico.

“Efectivamente hay una posibilidad de que la temperatura, durante la madrugada del jueves esté cercana a los 2 ó 3 grados Celsius. Ya hay una masa de aire frío que está empujando la precipitación. El frente frío, que va a entrar el miércoles, jueves y parte del viernes, genera esa posibilidad de que las temperaturas en Santiago, a la hora en que esté precipitando, estén cercanas a los 2 grados.  Ahora, no se necesita necesariamente una temperatura de 0 para que caiga nieve, porque la nieve viene con una cierta memoria y, por lo tanto, se viene derritiendo. Si uno tiene temperaturas un poco más altas que 0 en la superficie uno habla de aguanieve, pero la misma nieve también es capaz de bajar la temperatura una vez que empieza a caer, así que la posibilidad de que caiga nieve y se acumule un poco en la madrugada del jueves, existe”, afirmó.

La parte más compleja del sistema del jueves, aclaró, “es justamente la posibilidad de nieve, porque las estructuras, que no están diseñadas para la nieve, fallan”.

Si bien el académico precisa que todavía es una posibilidad baja, advierte que, de ocurrir un pronóstico de nieve, es de esperarse que ocurran variadas dificultades en la cotidianeidad. “Uno debería esperar, probablemente, muchos trastornos de la vida normal, simplemente porque las cosas colapsan, como los tendidos eléctricos. En general la gente queda sin electricidad y, por lo tanto, muchas veces sin calefacción, ese sería quizás la principal precaución: va a estar muy frío y posiblemente podría cortarse la electricidad, así que, de tener calefacción con electricidad, considerar una alternativa de emergencia”, concluyó.

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