Repasando el Sexto Informe de Evaluación del IPCC: Revelan consecuencias del Cambio Climático y la necesidad de medidas de adaptación en la Región de Coquimbo (Mundo Acuícola)

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Otro aspecto que releva el trabajo es el incremento medio del nivel del mar, que habría aumentado más rápidamente desde 1900 que en cualquier siglo anterior, en al menos los últimos 3000 años.

La primera parte del Sexto Informe de Evaluación, recientemente publicado por el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC), es consistente en plantear la gravedad de los cambios que se están registrando en el ambiente físico y biogeoquímico de la Tierra. “Es inequívoco que la influencia humana ha calentado la atmósfera, océano y suelo”.

El mismo documento señala que un clima más cálido intensificará la condiciones meteorológicas muy húmedas y muy secas, así como los eventos y estaciones climáticas, con implicancias en el aumento de la frecuencia y amplitud de los eventos extremos, como inundaciones repentinas y sequías intensificadas. En ese mismo contexto, se plantea que es muy probable el aumento de la frecuencia y magnitud de los eventos El Niño Oscilación del Sur (ENOS) -evento climático con influencia en la Región de Coquimbo- para la segunda mitad del siglo 21, según los escenarios climáticos tomados en cuenta por el IPCC.

Al respecto, el Dr. Boris Dewitte, oceanógrafo físico del CEAZA que aportó al anterior reporte del IPCC, puntualiza que entre los años 2030 y 2040 los eventos relacionados con El Niño Oscilación del Sur (ENOS) deberían doblar su frecuencia.

“Es decir, podríamos tener más eventos El Niño extremos, que habitualmente se conectan con períodos de precipitaciones extremas en la región norte de Chile y en Perú. Estos eventos son generalmente seguidos por eventos La Niña persistentes, los cuales favorecen períodos de escasez de precipitaciones”.

Aumento del nivel del mar

Otro aspecto que releva el trabajo es el incremento medio del nivel del mar, que habría aumentado más rápidamente desde 1900 que en cualquier siglo anterior, en al menos los últimos 3000 años.

En este sentido, los especialistas especifican que el nivel medio del mar a nivel mundial se incrementó en 0,20 m entre 1901 y 2018. En tanto, la tasa media de aumento del nivel del mar habría llegado a 3,7 mm por año entre 2006 y 2018.

En relación a este tema, el Dr. Dewitte señala que si bien los indicadores aparentan poca relevancia, se puede entender su dimensión cuando se añade a un evento de oleaje.

“Ese incremento pareciera no ser mucho, pero cuando se añade al aumento de eventos atmosféricos más intensos, el oleaje gana amplitud; y si se suma la elevación del nivel del mar promedio, todos ellos hacen que exista un peligro o un estresor más fuerte para las infraestructuras del litoral”.

Aumento de CO2, temperatura y de eventos extremos

​​Uno de los aspectos más conflictivos para poder evitar pérdidas humanas, ecológicas y otras por mayor número de eventos extremos, ha sido la disminución de dióxido de carbono (CO2), especialmente por parte de las naciones más industrializadas del orbe. El CO2, junto a otros gases como el metano y el óxido nitroso, sería uno de los impulsores del calentamiento global y, por consecuencia, de los eventos extremos.

En esta materia, la Dra. Laura Ramajo, investigadora CEAZA y autora del próximo reporte IPCC sobre los impactos en sistemas naturales y sociales, así como la adaptación al cambio climático, señala que el reporte plantea el problema de que las emisiones de CO2 pueden perdurar cientos de años en la atmósfera y de la inercia del impacto de las emisiones del dióxido de carbono, lo que significa que inclusive si hoy llegásemos a emisiones iguales a 0, la Tierra seguiría mostrando un calentamiento durante decenios, debido a que el CO2 tiene una larga vida en la atmósfera.

“El informe es claro en cuanto a que, según cuando se tomen ciertas acciones, veremos algunos cambios antes o después. Sin embargo, algunas de las modificaciones serían irreversibles, por ejemplo el derretimiento del Ártico. El informe también señala que el impacto del cambio climático se arrastrará por las próximas décadas. Pero esto pone el estrés en tomar las decisiones ahora, porque el CO2 se acumula y sus efectos son exponenciales”, advierte.

En cuanto al aumento de temperatura, el Dr. Dewitte señala que los 1.5ºC que ha planteado el IPCC como reducción promedio de la temperatura atmosférica a nivel planetario, a través de la reducción de emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera, es una forma de controlar la distribución de los eventos extremos. Esta reducción de la temperatura (anomalía) tiene como referencia la era preindustrial (1850 y 1900) y debiese alcanzarse a finales del siglo para evitar mayores dificultades con temas como migrantes climáticos, pérdidas de biodiversidad, infraestructura, etc.

“Ahora estamos en una trayectoria que no va en la búsqueda de esta reducción, pero es casi seguro que para el 2050 llegaremos a un aumento de 2ºC. Entonces, afrontaremos un calentamiento extremo de cualquier manera”, declara.

El Dr. Dewitte plantea que tal vez una de las dificultades para entender el alcance de esta situación entre la población es que el discurso científico ha apuntado frecuentemente al cambio del clima en el futuro como un incremento de sólo algunos grados, lo que pareciera inofensivo.

“El problema es que no sólo se cambia el clima global sino que la amplitud y frecuencia de los eventos extremos que generan pérdidas materiales y humanas. Lo que es un impacto mucho más directo en la sociedad”, asegura.

Relevancia de la existencia y mantención de la monitorización ambiental

Si bien el informe del IPCC es una evaluación de una gran cantidad de literatura científica (14 mil estudios de investigación) que incluye miles de datos, la comunidad científica siempre está en busca de más información para una mayor precisión de los resultados. Especialmente cuando se trata de pronosticar escenarios de cambio climático, de baja escala, es decir, a niveles territoriales más pequeños que permitan considerar particularidades climáticas, orográficas, oceanográficas, etc., por ejemplo de la Región de Coquimbo. En ese sentido, uno de los aspectos que la comunidad científica está continuamente tratando de mejorar es la monitorización ambiental que provee esa información, en todos los rincones del mundo.

La Dra. Simone Schauwecker, investigadora postdoctoral de clima y glaciología del CEAZA y una de las revisoras del más reciente informe del IPCC, manifiesta que para la generación de conocimiento científico es necesario tener mediciones que generen series de datos sobre distintos aspectos del comportamiento de la naturaleza. Por ello destaca los esfuerzos del CEAZA en instalar y mantener estaciones de monitorización ambiental en costa, valle y montaña.

“En base a ese tipo de datos, a la medición permanente en el tiempo -lo que significa conservar instrumentos por décadas, en lugares específicos- podemos entender lo que ha pasado, por ejemplo en los últimos decenios, para proyectar lo que podría ocurrir en el futuro”, asevera.

También enfatiza en la relevancia de la densidad de la monitorización, junto con la calidad de la información que se registra, que debe ser correcta, sin vacíos y cumplir estándares internacionales para su confiabilidad.

En esa misma área, el CEAZA está desarrollando su iniciativa Climate Action Planning (CLAP), financiado por la ANID (https://www.anid.cl/), que entre otros aspectos busca generar proyecciones sobre los efectos futuros del cambio climático en el norte-centro de Chile tanto en la atmósfera como en el océano y la biota, a escalas espaciales finas, todavía fuera de alcance de los modelos climáticos globales de predicción del clima.

Entre algunas de las acciones el proyecto implementará un sistema de observación oceánica, que busca, precisamente, aumentar el registro de datos, para realizar pronósticos a corto plazo y estacionales, sobre las condiciones del clima y el mar en la Región de Coquimbo.

​​El Dr. Carlos Olavarría, director ejecutivo del CEAZA, explica que si bien este proyecto se centra en la investigación de la adaptación al cambio climático y su planificación, con énfasis en la observación oceánica, también integra los componentes que se relacionan con ella. Por ejemplo, los procesos que ocurren con el recurso hídrico en la alta cordillera, pasando por los valles hasta llegar a la costa.

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