Análisis CR2 | El evento extremo 15-20 de julio 2026 en el marco de El Niño en desarrollo

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René Garreaud, académico del Departamento de Geofísica (DGF) de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas (FCFM) de la Universidad de Chile, e investigador del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR2); Deniz Bozkurt, investigador del Departamento de Meteorología de la Universidad de Valparaíso y del CR2; y Roberto Rondanelli, académico del DGF-FCFM y director del CR2. Editado por José Barraza, CR2.

  • En el marco de un intenso evento de El Niño en desarrollo y de la conjunción de otros fenómenos climáticos favorables a las precipitaciones en Chile central, un largo e intenso temporal afectó a gran parte de nuestro país, alimentado por la presencia de un río atmosférico que llegó desde el Pacífico tropical hasta la costa del norte chico y cuya humedad luego fue transportada hacia el sur durante varios días.
  • Este análisis provee una descripción preliminar del evento -con información hasta el martes 21 de julio- el cual resultó en personas fallecidas y gran afectación social. El lado benigno de este sistema es el alivio de las condiciones de sequía que persistieron durante la primera mitad de este año y la abundante acumulación de nieve en la cordillera de los Andes.

Todos juntos y al mismo tiempo

La tormenta en cuestión se desarrolló entre el 15 y el 21 de julio de 2026 y se enmarca en la etapa de desarrollo de un intenso evento de El Niño. Condiciones oceánicas relativamente frías prevalecieron en el sector ecuatorial del Pacífico central hasta abril de 2026, seguidas de un rápido calentamiento de la superficie del mar, de forma que el índice Niño 3.4 alcanzó 1.4 °C la segunda semana de julio (Figura 1a). Este calentamiento también se extendió bajo la superficie, con fuertes anomalías cálidas en los primeros 150 metros del Pacífico ecuatorial (Figura 1b). Estas anomalías, junto con los valores negativos del índice de la Oscilación del Sur y el aumento de la nubosidad convectiva sobre el Pacífico central, configuran en su conjunto la fase cálida de ENOS (El Niño–Oscilación del Sur), y la declaración oficial de “El Niño” solo aguarda a que se cumpla una duración mínima de tres meses.

El calentamiento actual ya está superando valores observados durante el invierno austral en los grandes eventos de El Niño del siglo pasado (1982, 1987, 1997) y del actual (2015, 2023), y las predicciones climáticas indican que este evento alcanzará niveles extremos —con Niño3.4 sobre los 2 °C— a comienzos del verano austral. Una discusión de estas proyecciones se presentó en el análisis sobre el nuevo Niño “Godzilla” publicado en mayo de 2026.

Un evento de El Niño intenso es capaz de perturbar las condiciones dinámicas y termodinámicas del Pacífico austral, favoreciendo las precipitaciones en la zona central de Chile (como se describe aquí), pero no asegura que estas lluvias vayan a ocurrir. En efecto, las precipitaciones fueron casi nulas en gran parte de Chile entre abril y junio, resultando en un déficit pluviométrico superior al 70 % entre las regiones de Coquimbo y del Biobío entre comienzos de año y la primera semana de julio.  Hasta ese momento se especulaba sobre un El Niño fallido (en cuanto a precipitaciones invernales en Chile central) como ocurrió en el año 2015.

Pero a partir de la primera semana de julio, la oscilación de Madden-Julian (MJO por sus siglas en inglés, ver más információn aquí) comenzó a entrar en el territorio de las fases 7-8, que son favorables para la precipitación en Chile Central (Figura 1c), mientras que el modo anular del sur (SAM por sus siglas en inglés) entró en su polaridad negativa (Figura 1d). Como sabemos desde hace más de una década (Juliá et al., 2012; Barret et al., 2012; Matus et al., 2025), estas dos oscilaciones también modulan las precipitaciones en Chile central y justamente se encuentran ahora en las fases que favorecen la llegada de tormentas a nuestro país, lo que, sumado a El Niño en desarrollo, provee el contexto de gran escala de la tormenta que aquí analizamos (Figura 1).

Figura 1. Condiciones climáticas de gran escala durante julio de 2026. (a) Anomalías de la temperatura superficial del mar entre el 6 y el 12 de julio. (b) Sección ecuatorial de las anomalías subsuperficiales de temperatura entre el 9 y el 15 de julio, promediada entre 2° S y 2° N y desde la superficie hasta 300 m. Fuente: Datos NOAA-CPC. (c) Evolución observada y pronosticada de la MJO según el índice RMM. Fuente: Datos NOAA-CPC. (d) Evolución observada del modo anular del sur según el índice AAO. Fuentes: Bureau of Meteorology, Copernicus Marine y NOAA Climate Prediction Center.

El río que cruzó el Pacífico

El contexto de gran escala de esta tormenta incluye tres ingredientes de especial relevancia, que se ilustran en la Figura 2. El primero es el fuerte calentamiento del Pacífico tropical que se extiende a través de toda la tropósfera, aumentando el contraste térmico en latitudes subtropicales y, en consecuencia, la intensidad de la corriente en chorro que se extiende a lo largo de todo el Pacífico a unos 20°S. En segundo lugar, se ha establecido una alta presión de bloqueo en latitudes altas del Pacífico que produce advección de aire frío hacia el norte, incrementando aún más el contraste térmico meridional. Esto favorece el desarrollo de centros de baja presión en latitudes medias del Pacífico, tanto por el aumento de la baroclinicidad e intensificación del chorro subtropical, como por la advección de vorticidad ciclónica planetaria en la costa del Pacífico sudamericano. Finalmente, el calentamiento del océano tropical aumenta la disponibilidad de vapor de agua en la troposfera baja.

Figura 2. Condiciones atmosféricas de gran escala sobre el Pacífico el 15 de julio de 2026. (a) Altura geopotencial en 500 hPa y sus anomalías estandarizadas respecto del periodo 1979-2000. (b) Corriente en chorro y altura geopotencial en 500 hPa. (c) Agua precipitable total. Todos los paneles corresponden a promedios diarios del GFS. Fuente: Climate Reanalyzer.

Figura 3. Esquema de la circulación atmosférica del Pacífico Sur en inviernos de El Niño (tomada de Campos y Rondanelli, 2023)

La Figura 3 resume esta cadena de eventos y la relaciona con la circulación atmosférica típica de inviernos de El Niño en el Pacífico Sur (Rutllant y Fuenzalida ,1991, Campos y Rondanelli, 2023). Sobre el Pacífico tropical cerca de Sudamérica, el sombreado rojizo indica un océano inusualmente cálido. Las flechas de divergencia en altura marcan el lugar donde la convección profunda —desplazada desde Oceanía hacia el Pacífico central durante El Niño— inyecta calor a la atmósfera. Esa fuente de calor excita lo que se conoce como un  tren de ondas de Rossby que la figura despliega hacia el sureste: un anticiclón tropical al sureste de la convección anómala (H), un ciclón subtropical en niveles altos (L, 200 hPa) y un anticiclón polar sobre el mar de Amundsen-Bellingshausen (H), el bloqueo de latitudes altas del que hablábamos antes. Estas altas y bajas sucesivas ocurren como consecuencia del calentamiento inusual durante el Niño y son parte de la respuesta atmosférica. Es en el cuadrante nororiental de esa baja subtropical donde los ingredientes convergen: allí las flechas rojas de transporte integrado de vapor (IVT) muestran cómo la humedad, alimentada por una Zona de Convergencia del Pacífico Sur extendida hacia el este, es encauzada junto al chorro subtropical. Allí mismo el esquema sitúa el máximo de frecuencia de ríos atmosféricos y el cinturón de tormentas desviado hacia el norte por el bloqueo austral. Entre esa región y el continente queda todavía una brecha de unos dos mil kilómetros que el vapor debe cruzar; al alcanzar la zona baroclínica subtropical, el transporte zonal pierde coherencia, pero los ríos atmosféricos que emergen de esta configuración son más intensos, más frecuentes y más duraderos.  Esto explica que la mayor parte de lluvia y sobre todo la nieve en los Andes subtropicales de Chile y Argentina, se acumule en años de El Niño y gracias a los ríos atmosféricos (Saavedra et al., 2020).

Los ingredientes anteriores favorecieron la formación de un río atmosférico zonal (ZAR, por sus siglas en inglés; Garreaud et al., 2024) en latitudes subtropicales, que se extiende desde el Pacífico occidental hasta cerca de la costa de Sudamérica (Figura 4a). Sin embargo, la dirección zonal (es decir, a lo largo de un círculo de latitud) de este río sobre el océano cambia a una dirección meridional a lo largo de la costa chilena (Figura 4b), en conexión con fuertes vientos del norte en toda la troposfera sobre la banda latitudinal y hasta la cordillera de los Andes. Estos vientos del norte resultan a su vez del desarrollo de centros de baja presión frente a la costa centro y sur de Chile.

El intenso transporte de vapor por este ZAR se refleja en los altos valores de IVT (integrated vapor transport) que han predominado a lo largo de la costa desde el 15 de julio (Figura 4c). El eje del río atmosférico (máximo IVT) aparece inicialmente cerca de Concepción, desplazándose levemente hacia el sur el día 16, donde superó los 1000 kg/m/s, llevando este río hasta una categoría 4 (un grado menos que el máximo en la escala de Ralph et al., 2019). Ese mismo día se advierte la formación de una segunda rama del río atmosférico que comienza a avanzar hacia la zona norte de Chile, alcanzando su eje hasta los 26°S (Chañaral) el día 19. En las últimas 24 horas de la Figura 4c, se observa un incremento del IVT en la costa del centro-norte de Chile, superando los 500 kg/m/s en la parte norte de la región de Coquimbo y sur de Atacama. Estos valores son extremadamente altos para estas latitudes subtropicales (Viale et al., 2018). Por ejemplo, en Chañaral el IVT superó ligeramente el máximo histórico de julio en ERA5 -según esta comparación preliminar- mientras que en Coquimbo fue el segundo más alto después de 1987. Las características particulares de esta tormenta y su comparación con los elementos de gran escala. discutidos previamente. nos permiten afirmar con bastante confianza que este temporal se ajusta al molde de muchos temporales históricos ocurridos previamente durante años de El Niño intenso.

Figura 4. Evolución del transporte integrado de vapor de agua (IVT) durante el evento. (a) IVT y dirección del transporte sobre el Pacífico suroriental el 16 de julio 12 UTC 2026. El rectángulo indica la región ampliada en (b). (b) IVT a lo largo de la costa de Chile. (c) Diagrama latitud-tiempo del máximo IVT costero entre el 15 y el 20 de julio de 2026. Para cada latitud se consideró el máximo IVT en una franja de 2° mar adentro y 1° tierra adentro desde la costa. Fuente: NOAA/NCEP GFS.

¿Cuánto y dónde llovió?

La Figura 5a muestra la precipitación acumulada entre el 15 y 20 de julio en la red de estaciones disponibles (DMC, DGA, CEAZA, AgroMet y MeteoRed). Acumulaciones superiores a 100 mm se observan entre el sur de Atacama y el Biobío. Dentro de esta banda de más de 1000 km de longitud, se distinguen los mayores montos en el sur de la región de Coquimbo y sobre la región de Valparaíso, con múltiples estaciones que superan los 300 mm en la ventana de seis días considerada. Muchos de estos montos son mayores a los promedios anuales climatológicos (acumulación desde enero hasta diciembre). Por ejemplo, en el aeródromo La Florida de la ciudad de La Serena, los 170 mm acumulados en este evento son cerca del triple del promedio acumulado entre enero y julio, y más del doble del promedio anual (83 mm). La estación Punitaqui, al sur de la ciudad de Ovalle, registró una de las acumulaciones máximas de esta tormenta con 320 mm, de los cuales 140 mm cayeron el día 17 de julio. Este valor supera al récord anterior (120 mm el 16 de agosto de 1997), en un registro que data desde 1960, de lo cual inferimos un período de retorno de más de 70 años (una estimación robusta y regional de los periodos de retorno de este evento requiere de un examen exhaustivo de la información disponible).  Así, es evidente que esta tormenta fue extrema en términos de su duración, acumulación de lluvia y extensión espacial hacia el Norte Chico del país. Existen pocos análogos al presente evento, destacando la tormenta de mediados de agosto de 1997 (otro gran evento de El Niño) con acumulaciones que se presentan en el panel (b) de la Figura 5.

Figura 5. Distribución espacial de la precipitación y de los daños reportados. (a) Precipitación acumulada entre el 15 y el 20 de julio de 2026. (b) Precipitación acumulada entre el 14 y el 19 de agosto de 1997, presentada como referencia de un evento análogo. El tamaño y color de los círculos representan la precipitación acumulada en cada estación. (c) Emergencias de infraestructura vial e hidráulica reportadas por el Ministerio de Obras Públicas entre el 15 y el 19 de julio de 2026. Datos de precipitación: DMC, DGA, CEAZA, AgroMet y MeteoRed.

Desde la Región Metropolitana al sur, el evento fue intenso, pero no extremo, con acumulaciones entre 100 y 200 mm en los cuatro días contabilizados. En Santiago (Quinta Normal) se acumularon 130 mm con un máximo de 24 horas de 85 mm. Tormentas con precipitación diaria (entre 8 AM y 8 AM del día siguiente) igual o superior a este valor han ocurrido cinco veces en el registro que comienza en 1960, y, probablemente, existen otros casos al considerar ventanas móviles de 24 horas.

En la Figura 5a también se observa un incremento moderado de la precipitación sobre la cordillera de los Andes en Chile central, y en algunas bandas de latitud las mayores acumulaciones parecen estar en la cordillera de la costa. Lo anterior es consistente con el carácter meridional del río atmosférico a lo largo de Chile (Figura 4b), donde el intenso transporte de humedad de norte a sur favoreció precipitaciones intensas en las laderas expuestas al viento norte de las cadenas montañosas transversales en el Norte Chico.

El lado benigno de esta tormenta ha sido precisamente el alivio del déficit pluviométrico en Chile central. En el caso de Quinta Normal, este pasó del 85 % al 17 %. Tampoco disponemos en este momento de una cuantificación regional de la nieve acumulada, pero observaciones de un micro radar de lluvia en la cordillera del Maule (Figura 6) indican que al comienzo del evento la altura de la isoterma 0 °C se ubicó en torno a los 2300 metros sobre el nivel del mar para luego comenzar su descenso hasta unos 1600 metros, resultando en precipitación sólida en gran parte de la cordillera de los Andes de Chile central. La estación de Cerro Tres Puntas (3700 m, Valle Nevado, Región Metropolitana) registró un total de 341 mm de nieve equivalente en agua líquida durante el periodo del temporal, lo que entrega un factor de amplificación orográfica cercano a tres si se compara con el acumulado de Quinta Normal.

Figura 6. Evolución vertical de la precipitación observada mediante un micro radar en Armerillo (cordillera del Maule) entre el 15 y el 20 de julio de 2026. El panel superior muestra la reflectividad del radar y el inferior la velocidad de caída de los hidrometeoros.

La distribución temporal de las lluvias durante este evento de larga duración se presenta en la Figura 7 mediante un corte latitud-tiempo de la precipitación horaria en las estaciones de medición. Esta distribución está fuertemente influenciada por el desplazamiento y evolución del río atmosférico descrito en la Figura 4.  Hacia fines del día 14, las precipitaciones se concentraban en la zona sur, entre las regiones del Biobío y la Araucanía, alcanzando las regiones del Ñuble y del Maule durante el día 15 con magnitudes moderadas a fuertes (> 5 mm/hr). Durante el día 16, la banda de precipitación se desplazó rápidamente hacia el norte, llegando hasta la región de Coquimbo, manteniéndose estacionaria el día 17 y con altas intensidades concentradas en la región de Valparaíso, tanto en la costa como en el interior. Ese mismo viernes ocurrieron también las mayores precipitaciones en la Región Metropolitana. El 18 de julio se produce una pausa de lluvias entre los 32 y 35°S, pero la banda de precipitaciones alcanza la parte norte de la región de Coquimbo y el sur de Atacama, con intensidades sobre los 5 mm/hora en muchas estaciones. El domingo 19 ocurre una nueva pausa de lluvias más o menos generalizada, interrumpida por la ocurrencia de intensidades muy altas (>10 mm/hr) durante varias horas en torno a los 30°S, afectando severamente a La Serena, Coquimbo y localidades cercanas. Durante la mañana del día 20 las precipitaciones regresan a las regiones de Valparaíso y Metropolitana, aunque con una intensidad atenuada.

Figura 7. Evolución latitudinal y temporal de la precipitación horaria observada entre el 14 y el 20 de julio de 2026. Cada punto representa una observación horaria y su color indica la intensidad de la precipitación. Las líneas verticales separan los días. Datos de estaciones de DMC, DGA, CEAZA, AgroMet y MeteoRed.

Daños

Los informes de Senapred han estado registrando los daños producto de esta tormenta, y la actualización del 22 de julio da cuenta de un trágico saldo de trece personas fallecidas, decenas de miles de viviendas con daños y, en su momento más crítico, más de 100 mil personas aisladas. Las afectaciones han ocurrido entre la Región de Atacama y la Región del Biobío, pero se concentran en sectores del Norte Chico, lo cual es consistente con el carácter extremo de las precipitaciones en ese lugar. Lo anterior también impulsó al Gobierno a declarar estado de catástrofe en la Región de Coquimbo y en la provincia de Huasco. En esta zona los cortes de agua potable y energía han afectado a gran parte de la población rural y urbana por casi una semana.

Las precipitaciones en la zona norte causaron la activación de numerosas quebradas. El violento transporte de agua, sedimentos y rocas produjo múltiples daños en la infraestructura pública, incluyendo cortes de camino y daños en puentes, causando la interrupción de la conectividad vial en amplios sectores del Norte Chico. La Figura  5c muestra las emergencias de infraestructura vial e hidráulica reportadas por el Ministerio de Obras Públicas en su visor de emergencias para el presente evento, en gran concordancia con la distribución espacial de las precipitaciones.

Referencias

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Viale, M., Valenzuela, R., Garreaud, R. D., and Ralph, F. M. (2018). Impacts of atmospheric rivers on precipitation in southern South America. Journal of Hydrometeorology, 19, 1671–1687. https://doi.org/10.1175/JHM-D-18-0006.1

Barrett, Bradford S., Jorge F. Carrasco, and Anthony P. Testino. (2012). Madden–Julian oscillation (MJO) modulation of atmospheric circulation and Chilean winter precipitation. Journal of Climate 25 (5): 1678–88. https://doi.org/10.1175/JCLI-D-11-00216.1

Campos, Diego, and Roberto Rondanelli. (2023). ENSO‐related Precipitation Variability in Central Chile: The Role of Large Scale Moisture Transport. Journal of Geophysical Research, August. https://doi.org/10.1029/2023jd038671.

Juliá, Cristóbal, David A. Rahn, and José A. Rutllant. (2012). Assessing the Influence of the MJO on Strong Precipitation Events in Subtropical, Semi-Arid North-Central Chile (30°S). Journal of Climate 25 (20): 7003–13. https://doi.org/10.1175/JCLI-D-11-00679.1

Matus, F., R. Rondanelli, J. Rutllant, and S. Henderson. (2025). Mechanisms for the Influence of the MJO on Precipitation in Southwestern South America. Journal of Geophysical Research Atmospheres 130 (1): e2024JD041935. https://doi.org/10.1029/2024JD041935

Rutllant, J., and Humberto Fuenzalida. (1991). Synoptic Aspects of the Central Chile Rainfall Variability Associated with the Southern Oscillation. International Journal of Climatology 11 (1): 63–76. https://doi.org/10.1002/joc.3370110105

Saavedra, F., Cortés, G., Viale, M., Margulis, S., and McPhee, J. (2020). Atmospheric Rivers Contribution to the Snow Accumulation Over the Southern Andes (26.5° S–37.5° S). Front. Earth Sci. 8:261. https://doi.org/10.3389/feart.2020.00261