Plantaciones forestales y fuego: una combinación ajena al ecosistema del Chile central (CFM)

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    Por: Alejandro Baño Oyarce Periodista Geofísica

    En el marco de la cobertura de los incendios forestales en Chile, ADN News abordó la relación entre la forma en que se habita el territorio y el riesgo de incendios, a partir de un estudio científico reciente que advierte una mayor exposición de comunidades y limitaciones en los mapas tradicionales de riesgo.

    Para profundizar en estos hallazgos, se entrevistó a Martín Jacques Coper, climatólogo del Departamento de Geofísica de la Universidad de Concepción e investigador del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR2). Según explicó, cerca del 95% de los incendios forestales en Chile tienen origen humano, de acuerdo con registros históricos de CONAF que se mantienen al menos desde mediados de los años ochenta. Estos incendios no siempre son intencionales, pero requieren de la acción humana para iniciarse, lo que los convierte en un problema socioambiental y en gran medida prevenible.

    Jacques subrayó que, a diferencia de otros ecosistemas del mundo donde el fuego cumple un rol ecológico, en el centro-sur de Chile el fuego no forma parte de la dinámica natural del ecosistema. Esto implica una alta responsabilidad humana, especialmente en zonas donde se facilita la propagación del fuego. El estudio pone énfasis en la interfaz urbano-rural, donde se concentran personas y distintos tipos de cobertura vegetal con alta carga de combustible, como matorrales, bosques y plantaciones forestales.

    Uno de los principales hallazgos es que no toda la vegetación implica el mismo nivel de riesgo. Las plantaciones forestales, principalmente de pino y eucalipto, presentan un riesgo mayor que el bosque nativo debido a su carácter monoespecífico, su estructura homogénea y su gran extensión territorial. Además, estas especies provienen de ecosistemas donde el fuego es parte de la dinámica natural, lo que las hace más afines a su propagación. En contraste, el bosque nativo es más heterogéneo en composición y estructura.

    El estudio también concluye que el riesgo de incendio aumenta con la cercanía a caminos, ciudades y zonas productivas, y que los mapas tradicionales de riesgo suelen subestimar los lugares donde efectivamente ocurren los incendios. Asimismo, se identifican importantes diferencias regionales, lo que impide aplicar una estrategia única de prevención para todo el país.

    Respecto al cambio climático, Jacques explicó que este no genera más incendios, pero sí crea condiciones cada vez más favorables para su propagación. En el centro-sur de Chile se observa una tendencia de largo plazo hacia un clima más cálido y seco, con veranos más calurosos e inviernos y primaveras más secos. Esto estresa el combustible vegetal y facilita incendios más intensos. A ello se suman eventos meteorológicos extremos puntuales, como olas de calor con temperaturas superiores a los 41 °C, baja humedad relativa y vientos locales, que dificultan gravemente el combate del fuego, como ocurrió en 2017 y 2023.

    Frente a este escenario, Jacques enfatizó que en el corto plazo es indispensable fortalecer la prevención, mejorar la gestión del territorio y aumentar los recursos destinados al combate de incendios. A largo plazo, advirtió que si no se modifica la planificación del paisaje del centro-sur de Chile, dominado por plantaciones forestales exóticas, la vulnerabilidad seguirá siendo muy alta. La evidencia científica ya está disponible, y el desafío es que se traduzca en decisiones territoriales y políticas públicas basadas en esa evidencia para el bienestar social. | Leer en Noticias FCM