Análisis CR2 | Incendio forestal Penco-Lirquén Región del Biobío, Chile 17-19 de enero de 2026. Evaluación meteorológica rápida

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Fotografía tomada desde Tomé mirando al sur, 19:00 h, 17 de enero de 2026. Cortesía de Andrés Arriagada

 

Por Rene Garreaud, investigador del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia CR2 y académico del Departamento de Geofísica de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile

Este análisis se fortaleció gracias a los comentarios de Martin Jacques y Alejandro Miranda, investigadores CR2, y Aníbal Pauchard, de la Universidad de Concepción y el Instituto de Ecología y Biodiversidad.

Hoy se cumplen dos meses del incendio Penco-Lirquén, y en este nuevo análisis queremos dar a conocer cuáles fueron las variables meteorológicas que propiciaron este evento.

El incendio

Varios incendios forestales se iniciaron en el centro-sur de Chile (regiones de Ñuble, Biobío y Araucanía) durante la tarde del sábado 17 de enero de 2026, como se observa en las imágenes GOE19, visible que incluye focos de calor (Fig. 1). El incendio cerca de Concepción fue causado por tres focos de ignición cercanos que se fusionaron en un solo, conocido como el incendio de Penco-Lirquén en 36,7°S, 73°O.

Figura 1

Impulsado por fuertes vientos del sursuroeste, el fuego se propagó rápidamente desde los puntos de ignición en la cordillera de la costa hacia el borde costero, manteniéndose activo durante las siguientes 48 horas, alcanzando la localidad de Penco-Lirquén y la aldea de Punta Parra. Fue en estas localidades donde el incendio causó la lamentable cifra de 19 víctimas mortales, destruyó miles de viviendas y dañó infraestructura crucial. Además, quemó 20.000 hectáreas en un paisaje dominado principalmente por plantaciones forestales exóticas, como se muestra en la siguiente imagen del satélite Sentinel 2A (canal SIWR) pocos días después de que el incendio fuera controlado (Fig. 2).

Figura 2

En la imagen anterior, la cicatriz del incendio es muy evidente en las zonas cubiertas de vegetación, pero no logra mostrar la intrusión del fuego en las áreas urbanas, como se aprecia en las siguientes fotografías desde el suelo (Fig. 3).

Figura 3

La gran intensidad del incendio durante la noche del sábado al domingo se revela en las siguientes imágenes satelitales nocturnas (NOAA-21 VIIRS), adquiridas alrededor de la 1:00 de la madrugada del 17 de enero (antes del incendio) y del 18 (durante el incendio). Cabe destacar que la energía lumínica emitida por el incendio fue más intensa que aquella emitida por las ciudades cercanas. También se observan otros incendios forestales hacia el interior de la región (Fig. 4).

Figura 4

El evento Penco-Lirquén de enero de 2026 se suma al triste historial de grandes incendios forestales en Chile, que han sido particularmente prominentes durante la última década (González et al., 2018). Entre ellos, destacamos el evento de Viña del Mar en febrero de 2024, que causó 138 víctimas fatales (WWA, 2024), y los megaincendios en la zona central de Chile en enero de 2017 y febrero de 2023, que quemaron más de 500 mil hectáreas cada uno, aproximadamente diez veces el daño del promedio histórico por incendios a nivel nacional (Carrasco-Escaff et al., 2024). El evento Penco-Lirquén es similar al evento de Viña del Mar en términos de su ubicación costera, tamaño e intrusión en áreas urbanas. La siguiente imagen ofrece una representación gráfica del área quemada en cada uno de estos eventos (Fig. 5).

Figura 5

Cabe destacar que el reciente incendio de Penco-Lirquén abarcó el área que no se quemó durante febrero de 2023, cuando el gran incendio de Santa Juana afectó la región del Biobío (Fig. 6).

Figura 6

Condiciones sinópticas

El incendio de Penco-Lirquén se produjo bajo una zona de altas presiones (dorsal) en la tropósfera media que abarcó desde el Pacífico sureste hasta el extremo sur del continente. Esta dorsal se refleja en la corriente en chorro de nivel superior sobre el Pacífico austral, como se muestra en el mapa sinóptico (Fig. 7) elaborado por la Dirección Meteorológica de Chile. La dorsal fue muy intensa y se ubicó bastante al sur de su posición típica, lo que propició una extensión hacia el sur del anticiclón subtropical del Pacífico sureste que alcanza el sur de Chile (Fig. 7, letra A mayúscula).

Figura 7

Este contexto sinóptico generó una marcada subsidencia (aire descendente) en la tropósfera media, como se muestra en el análisis de retrotrayectoria de parcelas que llegan a la zona costera del Biobío en la tarde del día 17 de enero (Fig. 8). Se destaca el origen en la tropósfera media de las parcelas de aire que llegan a la costa de la región del Biobío, trayendo así aire extremadamente seco que sustituyó al aire frío y húmedo en la capa límite marina.

Figura 8

Al norte del anticiclón superficial a lo largo de la costa chilena, la letra “b”, en el mapa sinóptico (Fig. 7), indica el desarrollo de una baja costera (Garreaud et al., 2002), esquematizada a continuación (Fig. 9). Entre el anticiclón (H) y la baja costera (L), existen vientos del este (hacia el mar) en la tropósfera inferior que, entre otras cosas, generan los vientos Puelche en la vertiente occidental de los Andes. Esta subsidencia forzada trae aire cálido y seco a la tropósfera libre inferior sobre el valle central y las regiones costeras, el que puede incorporarse a la capa límite durante el día.  Así, el ambiente sinóptico del 17 y 18 de enero de 2026 es similar al observado en incendios importantes anteriores en el centro-sur de Chile (Carrasco-Escaff et al., 2024).

Figura 9

Condiciones meteorológicas locales

En consonancia con su clima mediterráneo, el centro de Chile presenta un verano largo, cálido y seco. Chillán registra temperaturas máximas (Tx) superiores a 30 °C casi a diario desde diciembre, alcanzando los 35 °C en dos olas de calor previas al evento (Fig. 10). Concepción —en la costa— presenta temperaturas máximas más bajas debido a la influencia del aire marítimo.

Figura 10

Las temperaturas máximas en la tarde del 17 de enero de 2026 (justo antes del inicio del incendio) fueron de 31,5 °C en Chillán y 24,5 °C en Concepción (Fig. 10). Ambos valores estuvieron por encima de la temperatura media de enero-febrero (29,6 °C en Chillán y 22,6 °C en Concepción), pero no fueron extremos y estuvieron por debajo de los registros diarios máximos observados a lo largo del registro (Fig. 11). En Chillán, aproximadamente un tercio de los días de enero-febrero tienen una temperatura máxima cercana a los 31,5 °C. En Concepción, aproximadamente el 15 % de los días de verano tienen una temperatura máxima cercana a los 24,5 °C.

Figura 11

Al día siguiente (18 de enero), cuando el incendio aún no estaba controlado, la temperatura subió a 36,5 °C en Chillán, un valor extremo que se registra en aproximadamente el 1 % de los días de verano. En Concepción, la temperatura se mantuvo similar, en parte, debido a que la densa columna de humo redujo considerablemente la radiación solar en la superficie, según las mediciones de la boya costera POSAR ubicada frente a Concepción (Fig. 12).

Figura 12

La serie diaria (enero-febrero, 1970-2025) de la temperatura máxima muestra una clara tendencia al calentamiento en Chillán y condiciones relativamente estables en Concepción, lo que refleja el enfriamiento del océano y el calentamiento de la tierra observados en el centro-norte de Chile (Falvey & Garreaud, 2005).

Chillán y Concepción cuentan con estaciones meteorológicas operadas por la Dirección Meteorológica de Chile, con varias décadas de registros de alta calidad, pero ninguna de ellas registra realmente las condiciones de la zona donde se originó el incendio (Chillán está demasiado tierra adentro y Concepción demasiado cerca de la costa). Por eso, a continuación, mostramos los registros de una estación meteorológica no oficial obtenida de Weather Underground (ITOM) cerca del incendio (Fig. 13).

Figura 13

Aquí se observa que el incendio se inició en el peor momento (la tarde del 17), cuando la temperatura era alta (30 °C), pero, sobre todo, cuando el viento era más fuerte (mayor a 25 km/h) y la humedad disminuyó a menos del 17 % (equivalente a menos de 2 g/kg de humedad relativa). Tras la puesta del sol, las temperaturas comenzaron a descender, pero el viento se mantuvo fuerte y la humedad baja durante toda la noche. Todas estas condiciones están moduladas por la fase de desarrollo de una baja presión costera en el sur de Chile.

Al igual que en Chillán, la temperatura máxima fue más alta en la tarde del 18 de enero (33 °C), el viento se mantuvo fuerte y la humedad baja hasta aproximadamente las 19:00 h, cuando la disipación de la baja presión costera trajo aire marino a la región. Lamentablemente, la dirección del viento no es fiable en esta estación, pero a juzgar por la zona afectada por el incendio y las predicciones meteorológicas numéricas, el flujo cerca de la superficie provenía del sureste. Más arriba, entre 500 y 2.000 m sobre el nivel del mar, el viento desarrolló un componente del este (mar adentro), como lo demuestra la dirección de la columna de humo (véase la Figura 1).

Figura 14

Este gran incendio fue controlado tras dos días de intenso trabajo por parte de bomberos de municipios locales, la Corporación Nacional Forestal (CONAF) y empresas privadas. La meteorología también influyó, ya que la desaparición de la baja presión costera el 19 de enero de 2026 restauró la capa límite marina con nubes bajas que se desplazaban de norte a sur. En esta etapa, se produjo, además, un flujo de aire hacia el mar que transportó el humo tierra adentro, provocando mala calidad del aire en varios lugares, como se muestra en la figura 14.

Conclusiones

  • El reciente incendio forestal en Penco-Lirquén fue de grandes dimensiones, pero no extremas (20.000 hectáreas), y se originó en las laderas boscosas de la cordillera de la Costa. Se propagó rápidamente hacia el norte (unos 30 km en 9 h) hasta alcanzar zonas urbanas, donde cobró la vida de 19 personas y causó una gran destrucción.
  • El incendio se desarrolló bajo una intensa dorsal de alta presión y la fase de desarrollo de una baja costera, lo que generó condiciones cálidas, secas y ventosas.
  • Si bien no batieron récords, estas condiciones fueron muy favorables para la rápida propagación del fuego en una zona que no había sufrido incendios masivos en los últimos cinco años (como mínimo).
  • A nivel local, el incendio se inició y se propagó en el peor momento y lugar, de forma similar a lo que provocó el trágico incendio de Viña del Mar (febrero de 2024).
  • Este evento difiere de los megaincendios del centro-sur de Chile (enero de 2017 y febrero de 2023) que ocurrieron en la ladera oriental de la cordillera de la Costa y bajo condiciones climáticas extremas e inéditas, cuya frecuencia e intensidad han aumentado debido al cambio climático, según el estudio de atribución formal de Carrasco-Escaff (2024).

Referencias

Carrasco-Escaff, T., Garreaud, R ., Bozkurt, D., Jacques-Coper, M., and Pauchard, A., 2024: The key role of extreme weather and climate change in the occurrence of exceptional fire seasons in south-central Chile. Weather and Climate Extremes 45, 100716. DOI: 10.1016/j.wace.2024.100716.

Garreaud, R., J. Rutllant and H. Fuenzalida, 2002: Coastal lows in north-central Chile: Mean structure and evolution. Mon. Wea. Rev.130, 75-88

González, M.E., Gómez-González, S., Lara, A., Garreaud, R. and Díaz-Hormazábal, I., 2018: The 2010-2015 Megadrought and its influence on the fire regime in central and south central ChileEcosphere, 9, 1-17. DOI e02300.10.1002/ecs2.2300

Falvey, M. and Garreaud, R., 2009: Regional cooling in a warming world: Recent temperature trends in the SE Pacific and along the west coast of subtropical South America (1979-2006)J. Geophys. Res., 114, D04102, doi:10.1029/2008JD010519.