Aunque la noticia es relativamente reciente para quienes no están relacionados con la zona, locales, autoridades e incluso investigadores ya presagiaban el triste destino del lago. Pablo Sarricolea, Director del Departamento de Geografía de la Universidad de Chile e investigador del centro de ciencia del clima y la resiliencia (CR2), señala que el alto nivel de nitrógeno y fósforo son claves para las floraciones actuales, advirtiendo sobre el alto riesgo futuro que esto implica: «Tarde o temprano se presentarán floraciones severas como la actual. Para ello son clave las mediciones de la Dirección General de Aguas, las cuales deberían ser más sistemáticas y recurrentes”.
“Se ha identificado un incremento de la acumulación de nitrógeno y carbono en el lago, que es simultáneo con el aumento de la superficie forestal en la cuenca hidrográfica de Vichuquén, particularmente importante a partir de 1980”, afirma por su parte Magdalena Fuentealba, investigadora del Instituto de Geografía UC y del Instituto de Ecología y Biodiversidad (IEB).
Esto coincide con el relato de Sergio Antonio Herrera, artesano del pueblo, que recuerda cuando CONAF llegó al secano costero, zona agrícola que se caracteriza por tener un suelo especialmente seco y depender de las lluvias para sembrar, con la promesa del oro verde. Según explica, les prometieron que serían plantaciones muy exitosas económicamente, pero demoraron quince años en crecer y, antes de eso, los agricultores ya se habían dado cuenta de que cometieron un error. “Me arrepiento de, por mi ignorancia, haber plantado pino. No sabía que iba a matar mi tierra y que nunca más se iba a poder sembrar trigo o cebada de los cerros, queda ácida la tierra y todo se muere”, enfatiza con pesar.
La razón detrás del estado del lago se atribuye a múltiples causas. Las señales se detallan en un estudio publicado en Science Direct, del que tanto Magdalena como Pablo fueron parte.
Pablo profundiza: “Se está experimentando un episodio de floración masiva de cianobacterias, coherente con un estado de eutrofización avanzada. Se trata de un lago que ha recibido durante décadas un exceso de nutrientes desde la cuenca y desde el borde del lago, que se encuentra cada vez con más viviendas para vacacionar. En los veranos, cuando la temperatura del agua aumenta y la radiación solar es más intensa, el lago se estratifica, y así, esas reservas de nutrientes se expresan como blooms, es decir, proliferaciones explosivas de cianobacterias que colorean el agua, generan espumas superficiales y pueden producir toxinas peligrosas”.
Magdalena complementa, asegurando que “este fenómeno es cada vez más común en los lagos de Chile, y así por ejemplo, esto también ocurre en el Lago Villarrica. Se han detectado altos niveles de nitratos y de coliformes fecales en algunos sectores del Lago Llanquihue y aunque no ha habido aún una situación de toxicidad, desde el punto de vista de la carga de nutrientes hay una alerta de lo que se puede esperar”.
Es por esto que disfrutar de la refrescante cuenca en un cálido verano este año se convirtió en un recuerdo lejano. Incluso, la imagen del frondoso y viscoso bosque submarino de algas, que prevalecía en la memoria de muchos visitantes, ha desaparecido. No resistieron al bloom. Pero este lugar no es solo lago. Hay un legado vivo que va más allá de su entorno natural.
La triste realidad es que los pobladores llevan enfrentando advertencias sobre el estado del agua del lago desde 2010 en adelante. Pero es la primera vez que lo cierran y más del 80% de las personas de la comuna dependen directamente de las actividades que implican el uso vacacional del lago. “La gente que trabaja aquí va a necesitar mucho apoyo. Las cabañas ya no se están arrendando, bajaron los arriendos. Seguro que las plusvalías de los terrenos también van a bajar, para el microempresario que sobrevive en esta tierra, yo creo que sería importante que el gobierno de una pequeña ayuda”, comentó Antonio.
Ismael Aguirre, administrador municipal de Vichuquén, estuvo presente en una reunión con el gobierno regional, donde se presentó un plan de descontaminación previamente expuesto a la comunidad. «Hemos tenido una importante reunión en el IBORE, donde estaban convocadas todas las instituciones para poder activar una estrategia que viene de la mano del gobierno regional. Estaban todas las instituciones convocadas para poder desarrollar una una estrategia», explica.

Por otro lado, comenta que a nivel de ayuda gubernamental están en un proceso de cambio muy incierto, porque al no ser declarado como catástrofe mediambiental, dependen de los decretos que se dicten.
Más allá de esta polémica que ha enfrentado a los pobladores, los investigadores han recalcado que son múltiples los factores humanos que se mezclan con las condiciones fisicoquímicas. Fuentealba explica que los cambios en los aportes de sedimentos y nutrientes desde la cuenca y que están asociados a los usos de suelo. En este sentido, dependiendo de las actividades que se desarrollen en la cuenca, se puede modificar la dinámica natural de aportes al lago, no solo por el incremento de los sedimentos y los nutrientes sino también por su contenido químico: «En el caso del Lago Vichuquén, las plantaciones forestales han aumentado hasta cubrir más del 60% de su cuenca en los últimos 40 años así mismo, ha habido un incremento notable de las viviendas de segunda residencia”.

Sergio “Toño” Herrera Calquin es artesano de la zona y conoce bien su lugar natal. A sus 60 años, ha presenciado este gradual cambio y comenta que puede que al inicio haya sido poca superficie plantada, «pero el problema fue que se exageró; se cortó y explotó en exceso, y luego se volvió a plantar pino. “Hoy estamos frente a un punto de no retorno. Yo lo vengo advirtiendo desde hace más de veinte años y ahora me doy cuenta de que la situación es muy difícil”.
Son muchos como él, que no estaban informados sobre las consecuencias cuando CONAF impulsó plantar esta especie. Toño recuerda que participó en una plantación de casi 300 hectáreas del secano costero, motivado por la promesa de que los grandes árboles los proverían de ganancias económicas: “Puro roble, hualo, boldo, colihue, maqui, peumo, corontillo, especies que recuperan humedad. Todo eso se cortó a ras de suelo y además se quemó. El daño fue enorme. Nos prometieron riqueza y lo que hicieron fue dejarnos sin agua”.
Dice que el Estado tuvo otra oportunidad, una de esas que no se repiten. Fue después de los incendios del 2017, cuando el fuego arrasó con todo y dejó la tierra negra, desnuda. Ahí —dice— se podría haber hecho algo distinto. Cortar los pinos que quedaban en pie y apostar por la restauración del bosque nativo.
Pablo Sarricolea, investigador de CR2, pone énfasis en uno de los pasos fundamentales para superar esta crisis: “El sector forestal debería mitigar los impactos de su actividad, por ejemplo, con medidas que minimicen el aporte de sedimentos y nutrientes. Por otro lado, tener responsabilidad sobre las cenizas de los incendios que llegan al lago, pues en muchos casos aportan nutrientes”.

Otra razón que resuena en las ideas de los expertos y los vecinos, es el exponencial crecimiento de las viviendas alrededor del lago, y cómo estas afectan su composición. Camilo, quien ha vivido toda su vida en el lugar y a quien llamaremos así porque ha preferido resguardar su identidad, observa las viviendas en Llico y comenta que se han construido tan cerca de la orilla, que si el lago estuviera en su nivel ideal estarían inundadas. Dice que un problema con una planta de tratamientos, sumada a otros factores, ocasionó un cambio visible: “ el lago tenía tanta vida, veíamos en los muelles cómo salían las burbujitas de las algas. Ahora han ido desapareciendo”.
Al respecto, Sarricolea dice que el municipio debería aplicar ordenanzas más severas para regular las construcciones residenciales en la comuna y cerca del lago, exigir sistemas de tratamiento de aguas residuales efectivos y que los propietarios de viviendas deberían mantener y mejorar sus sistemas de saneamiento (fosas y plantas compactas), evitar el uso de detergentes con fósforo, y apoyar iniciativas de restauración de la ribera.
Desde la Municipalidad, comentan que en el plan de descontaminación que propusieron esta semana aborda todos los factores desde la investigación científica y que creen que con esto, pueden prosperar en la fiscalización de las casas a orillas de lago, que, explican, hasta ahora ha sido una tarea compleja por ser segundas viviendas.

También dan cuenta de que hay múltiples situaciones asociadas a los contaminantes del agua, las plantas de tratamiento que cuenta el territorio, que son de tipo rural y que todos sus nutrientes terminan en el estero que conecta con el lago. Pero afirman que tienen un proyecto aprobado para hacer un cambio de la matriz, en el cual harán un tratamiento de esas aguas grises para ser más eficientes.Por otro lado, al ser una zona agrícola los nutrientes que provienen de los animales afectan la cuenca.
Por último, recuerdan que desde los años ochenta la explosión inmobiliaria devoró todas las barreras vegetales filtrantes, que son el el oxígeno que que un cuerpo de agua como este tiene. «Entonces, hay que tratar de revertir esa situación a través de la creación de barreras vegetales filtrantes para para poder eliminar los contaminantes del agua». El plan también contempla una estrategia de recuperación ecológica, que incluye reforestación en la ribera, restauración de humedales y quebradas, y la construcción de humedales artificiales. A esto se suma una gestión territorial orientada a regularizar propiedades, congelar loteos irregulares y crear una ordenanza de protección del borde lacustre.
Como una forma de ilustrar el problema, Pablo Sarricolea y Gabriela González Vera, alumna de Magíster en Geografía de la Universidad de Chile, han realizado una evaluación rápida de dos indicadores satelitales clave usando imágenes del programa Copernicus (Sentinel-2). El NDCI (Índice Normalizado de Clorofila) permite estimar la presencia de clorofila-a, mostrando las condiciones favorables para un bloom; y el FAI (Índice de Algas Flotantes), identifica biomasa de algas en la superficie del lago. Cuando este último aumenta, significa que la floración está plenamente desarrollada y que existe riesgo ambiental y sanitario inmediato.
Ambos aseguran que desde 2016 existían condiciones hipereutróficas en el lago (máxima saturación), pero lo alarmante es lo que vemos hoy. “Esta crisis es un claro ejemplo de que el lago ha perdido su resiliencia, es decir, su capacidad natural para absorber la sobrecarga de nutrientes y recuperarse por sí mismo. Si en 5 o 10 años más no se frena la carga externa e interna de nutrientes, el Lago Vichuquén dejará de tener eventos puntuales de floraciones, sino que pasará a un lago hipereutrófico durante los 12 meses del año, haciendo más compleja la posibilidad de revertir el daño”, comenta Gabriela.

