Los incendios forestales en Chile tienen mayoritariamente origen humano y se concentran en zonas donde conviven asentamientos y alta carga vegetal, según explicó el climatólogo Martín Jacques Coper, académico del Departamento de Geofísica de la Universidad de Concepción, al analizar estudios científicos recientes sobre el fenómeno.
De acuerdo con los registros de la Corporación Nacional Forestal (CONAF), más del 95% de los incendios forestales en el país se originan por acción humana, una tendencia que se mantiene desde al menos mediados de la década de 1980. Si bien esto no implica que todos los incendios sean intencionales, confirma que la presencia humana es un factor indispensable para su inicio.
Jacques señaló que, a diferencia de otros ecosistemas del mundo, el fuego no forma parte de la dinámica ecológica natural del centro-sur de Chile. “En el centro-sur de Chile, el fuego no es parte de la dinámica ecológica natural”, indicó, agregando que la recurrencia actual de incendios representa un problema socioambiental más que un fenómeno natural.
Los estudios revisados destacan el riesgo asociado a la denominada interfaz urbano-rural, zonas donde existe una alta interacción entre comunidades humanas, matorrales, bosques nativos y plantaciones forestales. En estos espacios se concentra una elevada carga de combustible vegetal junto con una intensa actividad humana.
Según explicó el investigador, las plantaciones forestales presentan un mayor riesgo de propagación del fuego en comparación con el bosque nativo. Estas plantaciones, compuestas principalmente por pino y eucalipto, son monoespecíficas, están dispuestas de forma geométrica y cubren extensas superficies continuas. Además, se trata de especies exóticas provenientes de regiones donde el fuego cumple un rol ecológico. “Son especies afines al fuego, insertas en un territorio donde el fuego no es parte natural del ecosistema”, afirmó.
El cambio climático, añadió Jacques, no genera los incendios, pero sí intensifica sus efectos. El aumento sostenido de las temperaturas y la disminución de las precipitaciones en el centro-sur del país han generado un mayor estrés hídrico en la vegetación, favoreciendo la propagación del fuego. A esto se suman eventos extremos como olas de calor, temperaturas sobre los 40 grados, baja humedad relativa y vientos intensos, que dificultan el control de los incendios.
La evidencia científica también muestra que el riesgo de incendios forestales en Chile presenta importantes diferencias regionales, lo que impide aplicar una estrategia única de prevención. Mientras en el Gran Valparaíso predomina el matorral, regiones como el Bío Bío combinan grandes plantaciones forestales con zonas densamente pobladas.
Finalmente, el académico enfatizó la necesidad de reforzar la prevención a corto plazo y avanzar hacia una planificación territorial basada en evidencia científica. Advirtió que, sin cambios en la forma de planificar el paisaje del centro-sur de Chile, la vulnerabilidad frente a incendios forestales se mantendrá elevada en las próximas décadas. | Leer esta noticia en Diario Chiloé
