Olas de calor intensifican el riesgo de incendios forestales: Proyecciones críticas para el cierre del verano (EMOL)

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    Pronósticos de temperaturas sobre lo normal anticipan semanas complejas para el centro-sur, donde el calor extremo acelera la propagación del fuego.
    El verano 2025–2026 ya se posiciona como uno de los más extremos de los últimos años en la zona centro-sur del país. Solo durante las primeras semanas del año se registró la primera ola de calor, con temperaturas que alcanzaron hasta los 40 °C en algunas localidades, marcando el inicio de una temporada que, según expertos, aún no muestra señales de alivio.}
    De acuerdo con la Dirección Meteorológica de Chile (DMC) y como consignó El Mercurio, el pronóstico estacional entre diciembre de 2025 y marzo de 2026 anticipa un escenario especialmente complejo: una temporada seca entre las regiones de Arica y Parinacota y Ñuble, junto con temperaturas por sobre el promedio en gran parte del territorio nacional. Este contexto, advierten especialistas, crea las condiciones ideales para el aumento de incendios forestales de rápida propagación y difícil control.
    Más calor, más incendios
    Martín Jacques, director del Departamento de Geofísica de la Universidad de Concepción e investigador principal del Centro de la Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR2), explica que las olas de calor se definen como eventos en que las temperaturas máximas superan un umbral específico durante al menos tres días consecutivos. En el actual verano, esa condición ya se ha cumplido en múltiples zonas del centro-sur, y todo indica que podrían registrarse nuevos episodios antes del término de la estación.
    “El pronóstico para el trimestre enero–marzo muestra temperaturas máximas y mínimas sobre lo normal en el centro-sur de Chile. Es muy esperable que se sigan registrando más olas de calor, especialmente durante la transición entre enero y febrero”, señala Jacques. Esta persistencia del calor no solo incrementa el número de eventos extremos, sino que también prolonga la ventana de riesgo para la ocurrencia de incendios forestales.
    El académico detalla que el impacto del calor sobre el comportamiento del fuego es directo. Las altas temperaturas reducen la humedad del aire y del combustible vegetal, facilitando la combustión. A esto se suman patrones atmosféricos característicos, como el “surazo” en la costa y el viento Puelche en sectores interiores, que aportan oxígeno al fuego, aceleran su propagación y dispersan pavesas (material incandescente que puede iniciar otros focos de incendio) capaces de generar focos secundarios a varios kilómetros de distancia.
    Combate cada vez más complejo
    Las condiciones descritas no solo favorecen el inicio de incendios, sino que también dificultan significativamente su combate. Según Jacques, la interacción entre calor extremo, baja humedad y vientos intensos vuelve errático el comportamiento del fuego, reduciendo los márgenes de maniobra para brigadistas y equipos de emergencia.
    En la misma línea, Paula Santibáñez, jefa del Observatorio Climático de la Universidad San Sebastián (USS), explica que el verano actual está influenciado por “una La Niña débil”, lo que refuerza el escenario de temperaturas sobre lo normal y precipitaciones bajo el promedio en la zona centro-sur. “La combinación de más días despejados, baja humedad y máximas sostenidamente altas mantiene un escenario propicio para nuevas olas de calor”, indica.
    Las proyecciones del Observatorio anticipan temperaturas que podrían alcanzar los 37 °C en ciudades como Talca y Chillán, y hasta 38 °C en Los Ángeles, especialmente en el interior de las regiones entre Coquimbo y Biobío. Aunque podrían registrarse descensos puntuales en zonas costeras por el ingreso de vaguadas, los especialistas advierten que las condiciones estructurales de sequedad y calor persistente no cambiarán de manera significativa.
    Regiones bajo mayor riesgo
    Las regiones del Maule, Ñuble y Biobío concentran actualmente el mayor nivel de riesgo. Estas zonas combinan altas temperaturas sostenidas, una fuerte disminución de la humedad del suelo y la vegetación, y una elevada continuidad de combustibles finos, especialmente en áreas de interfaz urbano–rural, explica Santibáñez.
    ¿Está Chile preparado?
    La pregunta sobre la capacidad del país para enfrentar temporadas cada vez más severas vuelve a instalarse con fuerza. Raúl Cordero, meteorólogo de la Universidad de Santiago, sostiene que el calentamiento global podría convertir este verano en uno de los más cálidos jamás registrados. “Todos los megaincendios de características catastróficas ocurren durante episodios de calor extremo (…) Cuando se superan ciertos umbrales de temperatura, el control del fuego se vuelve prácticamente imposible”, afirma.
    Si bien Chile ha aumentado de manera significativa el presupuesto destinado al combate de incendios, los expertos coinciden en que la estrategia sigue siendo mayoritariamente reactiva. La magnitud de los eventos recientes, con evacuaciones masivas, múltiples focos simultáneos y víctimas fatales, ha tensionado al máximo la capacidad operativa del sistema.
    Desde el Observatorio Climático USS advierten que, aunque se han fortalecido los sistemas de alerta y coordinación, la intensidad de las temporadas actuales supera los promedios históricos. “Cualquier chispa puede activar incendios bajo las condiciones actuales, una señal de que la prevención social es crítica, lo que revela la fragilidad del sistema. Chile ha mejorado sus sistemas de alerta y coordinación, pero las condiciones descritas en el informe del Observatorio Climático sugieren que el país enfrenta un desafío creciente y que las temporadas ya están superando la intensidad habitual, lo que tensiona la preparación y la capacidad operativa disponible”, subraya Santibáñez. | Leer en EMOL