26 muertos, 137 desaparecidos y cerca de 30.000 damnificados es el balance dos semanas después de las históricas inundaciones en el norte de Chile (VICE News)

1107

(09 de abril de 2015) Por Alejandro Jofré

1.500 millones de dólares es lo que el Gobierno de Chile calcula que tendrá que invertir para la reconstrucción y el saneamiento de la región afectada por las inundaciones en el norte del país hace dos semanas.

El balance de víctimas es de 26 muertos, 137 personas desaparecidas y más de 29 mil damnificados, según la Oficina Nacional de Emergencia.

Además del barro y los desaparecidos, la contaminación es lo que más preocupa hoy en esa zona de relaves mineros.

«Cada dos cuadras hay una cámara de alcantarillado que está expulsando aguas servidas y se están mezclando con el barro», dijo a VICE News Verónica Vistoso, una arquitecto que trabaja en el centro de la ciudad. Según ella, el peligro más inmediato es la contaminación.

«Es un secreto a voces que el barro viene con todos los relaves de la cordillera, que son estos cerros de residuos mineros que se reventaron. Todo eso lo trajo el río», agregó.

El año 2008, un documento del Servicio Nacional de Geología y Minería ya había alertado a la población de los relaves abandonados, incluso dentro de la ciudad de Copiapó, sugiriendo a la planificación urbana evitar la cercanía con los residuos mineros.

«En Copiapó, a simple vista puedes reconocer cinco relaves mineros. Y con toda la lluvia del miércoles creo que no es muy descabellado pensar que bajó agua contaminada. Visualmente puedes ver que han cambiado, que están más chicos», comentó Verónica a VICE News. Junto a otros trabajadores fue vacunada contra el tétanos y la difteria por temor a las infecciones.

El impacto emocional sobre los damnificados es otro de los problemas. «Han sufrido pérdidas casi totales de sus casas, donde el barro casi toca el techo, y pérdidas de bienes materiales», dijo a VICE News Francisca Díaz, psicóloga que viajó ochocientos kilómetros desde Santiago para apoyar a las víctimas.

vice_1

«Está el shock por ver el caudal arrastrando gente, camiones y casas completas», agregó.

«Todos estábamos emocionados porque llovía», recuerda Verónica. El martes 24 de marzo, cuando empezaba a llover sobre Copiapó, pidió permiso en el trabajo para ir a ver el río, que estaba seco desde hacía un par de décadas a causa de la actividad minera.

«Inocentemente pensábamos que iba a bajar un poco de agua, pero esa noche y durante todo el miércoles no paró de llover. Llovió todo el día y el río pasaba torrencial. Sonaba caudaloso y empezó a bajar agua por todos lados. Ahí ya era evidente el desastre», relató a VICE News.

Al día siguiente, Los Carrera y Copayapu, dos de las avenidas principales de la ciudad, vieron avanzar una masa de lodo, escombros y basura.

Algunos adolescentes que nunca vieron el río con agua se lanzaron en tablas al torrente.

En menos de tres horas, en Copiapó llovió lo que en promedio cae en cuatro años. Cincuenta milímetros (mm) de agua, según informó Gianfranco Marcone, meteorólogo de Chileweather, en lugar de los doce anuales que registran las mediciones entre 1940 y 2004 de la Dirección Meteorológica de Chile.

El mismo servicio reportó 64 mm en Alto del Carmen, un sector más cercano a la cordillera. Mientras que en el aeropuerto Desierto de Atacama, ubicado a una hora en carretera desde Copiapó al poniente, cayeron 9.

«Esta agua que inundó Copiapó debería haber sido nieve en la cordillera y precordillera, pero hay una corriente cálida que hizo que fuera lluvia y no nieve. Esto produjo los aluviones e inundó Copiapó», dijo Maglio Cicardini, el alcalde de la ciudad, al diario La Tercera.

«Hubo dos elementos de la tormenta que la hicieron dañina. Primero, la cantidad de agua que logró transportar y finalmente precipitar, y segundo, la temperatura a la que logró hacerlo», contó a VICE News Roberto Rondanelli, doctor en ciencias atmosféricas e investigador del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia de la Universidad de Chile.

El experto comentó que la baja segregada, un flujo de aire frío en altura que suele ocurrir más al sur, atrajo vapor de agua desde el trópico, provocando lluvias más arriba en los Andes.

«La cordillera actúa como una especie de embudo. Y el área del embudo depende de qué tan arriba está la isoterma. Hay una medición en Antofagasta — 570 kms. al norte de Copiapó — que muestra la isoterma sobre cinco mil metros. Eso es bien impresionante. Además, la intensidad de la precipitación también juega: tener 50 mm en cuatro días no es grave, versus tener esos 50 mm ni siquiera en 24 horas sino que en las 3 ó 4 horas en que realmente llovió», explica Rondanelli.

Entonces la Cordillera de los Andes puso toda la lluvia en el caudal de los ríos Copiapó y Salado, que inundaron poblados como Diego de Almagro, Chañaral, Tierra Amarilla y Copiapó.

La primera luz del 26 de marzo mostró la gravedad del asunto. Esa mañana Copiapó despertó con la mitad de sus construcciones bajo una densa capa de barro mezclado con aguas servids y algunos cadáveres.

«Solo falta un meteorito», dijo el subsecretario del interior, Mahmud Aleuy, en una de sus reuniones privadas con la prensa.

Es que mientras Copiapó y otras ciudades del norte pelean contra el barro, el volcán Villarrica entró en actividad en el sur y hay veinte incendios forestales alimentados por vientos del mismo fenómeno del norte, afectando a unas 15 mil hectáreas de vegetación.

Leer reportaje de Alejandro Jofré en VICE News