Análisis: Testimonios del uso de la leña en el sur de Chile | (CR)2

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    Catalina Amigo, Gustavo Blanco, Javiera Chahuán, Pablo Iriarte, Matías Plass, Sofía Salinas y Anahí Urquiza

    Un hogar en Temuco

    Para la familia de Gloria y Óscar, las principales barreras para cambiar de calefactor son el alto costo que implica comprar un nuevo artefacto. La relación entre precio, facilidad de acceso y poder calorífico de la leña, al compararla con otro tipo de sistemas de calefacción, resulta notoriamente más conveniente. Si bien ambos saben que Temuco es una ciudad contaminada, donde actualmente hay restricciones de uso de calefactores a leña, señalan que “no saben” si apagarían su calefactor, porque cuando hace frío “hay que hacer fuego”, no hay otra alternativa mejor para protegerse.

    Para los miembros de este hogar, gran parte del problema de la calefacción contaminante tiene que ver con los presupuestos familiares para lograr tener leña de calidad en el invierno. Ellos no pueden comprar suficiente leña de buena calidad en verano para guardarla, debido a su alto costo y porque no tienen espacio para almacenarla. En este contexto, la gestión de la leña es para esta familia una tarea cotidiana y con labores marcadas en distintas épocas del año: en el verano, tratan de organizarse para recolectar leña y comprar algunos metros, la que luego pican y dejan ordenada en el patio techado de su casa para que se “oree” y esté seca en el invierno; y, en el invierno compran leña húmeda, la que mezclan con la leña guardada desde el verano. Ellos comentan que prefieren la leña mezclada, seca para encender y húmeda para mantener, pues, de acuerdo con su apreciación, así el fuego dura mucho más. Por otra parte, Gloria valora la autonomía que permite la leña al ser un recurso altamente disponible en el entorno: “me muevo de alguna manera para tener la leña, ya sea que la salgamos a buscar o que salga mi marido a buscarla al río, nos vamos al campo, traemos leña qué sé yo. (…) Y si se me termina el pellet, ¿qué hago? No lo voy a salir a buscar al árbol… ¿Te das cuenta? Entonces, es eso, ¿qué alternativa me daría a mí el Estado si yo cambio la estufa?”.

    Para esta familia la parafina es una buena opción y están dispuestos a cambiar siempre y cuando exista algún subsidio del Estado, ya que el tipo de estufa a parafina que ellos estarían dispuestos a utilizar es muy caro para su presupuesto. Por su parte, los artefactos que sí están a su alcance son calificados como “muy hediondos” y contaminan el aire dentro del hogar.

    En particular, Gloria y Óscar valoran mucho la experiencia de amigos y familiares cercanos que ya se han cambiado a otros sistemas de calefacción, experiencias a partir de las cuáles evalúan sus propias posibilidades. Por ejemplo, Gloria comenta que su jefe cambió a una estufa a pellet y que él comenta que el calor no es el mismo, pues “están todos encima de la estufa”. Además, Gloria cree que ellos ahora gastan más dinero que antes y que la instalación de la estufa a pellet quedó en un lugar poco adecuado de la casa, pues son los técnicos quienes deciden el lugar. Es por este tipo de experiencias negativas que declaran dificultades para dejar la leña, ya que no les produce la confianza suficiente y la inversión particular es muy alta.

    Uno de los puntos que más valora esta familia de la cocina y estufa a leña es la multifuncionalidad. Como señala Gloria: “imagínate que una cocina a leña es multifuncional, porque la ocupas para cocinar, temperas, secas ropa, haces hervir agua”, lo que además se complementa con la valoración por los espacios comunes que brinda la cocina a leña y el sabor que le adiciona a la comida. Se suma a lo anterior que existen rutinas que son asociadas por la familia a la cocina a leña, por lo que esta les ordena los tiempos del día y eso les gusta: entre ir a dejar a los niños al colegio el agua hierve, se puede salir y dejar el almuerzo cocinando y la casa a la vez se tempera. Estas posibilidades no las brindan otros medios de calefacción.

    Un hogar en Valdivia

    La vivienda de don Fernando fue adquirida mediante un subsidio del Estado y está construida sobre el relleno de un humedal en la población San Pablo de Valdivia, donde vive junto a su esposa y uno de sus hijos. En el mismo terreno construyeron una vivienda para su hijo mayor quien vive con su esposa y dos hijos en edad escolar. Ambas viviendas comparten una leñera que se encuentra en el perímetro del terreno, así como una bodega que, en ocasiones, sirve también de leñera. Don Fernando recibe una pensión de invalidez de $100.000 pesos mensuales, la que no alcanza para cubrir sus gastos. “Yo con cien mil pesos ¿qué hacía? Un balón de gas me cuesta ¿cuánto? Diecisiete mil pesos, más el agua gasto como quince y más un metro de leña, pagar veintiséis mil”. Como su pensión no le alcanza, la complementa trabajando como jardinero o también, a veces, en construcción, pero, como él dice, “la salud ya no lo acompaña”.

    Don Fernando pasa la mayor parte del día en su casa, por lo que mantiene la cocina a leña prendida constantemente, sobre todo aquellos días en que no va a trabajar, ya que así mantiene su hogar temperado. Solo cuando le toca salir temprano calienta el agua de su mate en la cocina a gas, para así no perder el calor de su cocina a leña al prender fuego. Su cocina es un artefacto muy importante para él. Según relata, se encuentra en buenas condiciones por los cuidados que le ha dado durante varios años. “Íbamos a comprar una a combustión lenta, pero como la cocinita nos ha aguantado tanto… y está bien cuidadita”. A pesar de esta valoración positiva, don Fernando espera hacer un recambio a otro sistema de calefacción, pero su principal problema son los recursos y la inversión que debe hacer, pues la multifuncionalidad de la cocina a leña le permite ahorrar dinero. Por ejemplo, había pensado en complementar con algún tipo de calefacción eléctrica, pero “sería mucho gasto. Si de hecho una vez mi hijo me iba a regalar unos radiadores eléctricos que tenía en la otra casa que tenía antes en… los íbamos a instalar, pero… los costos suben”. En este sentido, cualquier recambio tecnológico está descartado por ahora dado los altos costos que implican para su presupuesto. “Tiene que haber una regulación del precio de la leña, porque ¡eh! si la venden seca, piden lo que a ellos se les antoja no más”. Finalmente, para él, el acceso a leña seca es casi prohibitivo, y si bien dedica tiempo a secar leña todos los años en verano, esta no siempre es suficiente, por lo cual su familia se ve obligada a comprar leña húmeda en invierno y usarla “revuelta” con la leña seca.

    Lo anterior se complementa con la percepción que tiene don Fernando respecto de la aislación térmica de su casa, la que considera insuficiente e inadecuada. Al apagar la cocina, rápidamente la casa se enfría, lo que no debiera ser así. Debido a su experiencia en construcción ha identificado varios problemas, sobre todo cuando hicieron reacomodos en su vivienda. Durante esos arreglos se dio cuenta que el material aislante (lana de vidrio) había sido mal instalado, encontrando la lana de vidrio enrollada en su entretecho. Por esta razón tuvo que proceder él mismo a su reinstalación. Don Fernando espera poder ampliar su vivienda a un segundo piso, así como mejorar su aislación. Cuando comenta sobre esta idea, declara que quisiera adquirir una combustión lenta para mejorar la calefacción y eficiencia de la casa, aunque la realización de este plan la ve distante por su situación económica.

    Un hogar en Coyhaique

    Eliana, de 54 años, es nacida y criada en Coyhaique. Actualmente, vive junto a su marido y sus dos hijos de 29 y 16 años, en una casa de la población El Progreso, hace aproximadamente 20 años. El año 2017 recambió su estufa de combustión a leña, preocupada por el gasto que realizaba su familia y por las dificultades asociadas a la mantención y limpieza de los caños, ya que los realizaba ella misma con una escalera que consiguió para subirse al techo de su vivienda de dos pisos. Esta práctica, que realizaban cada dos o tres semanas, era fundamental para proteger a su familia de posibles incendios, como el que experimentaron unos años atrás. A través del Programa de Recambio de Calefactores del Plan de Descontaminación Atmosférica, accedió a una estufa a parafina, entregando a cambio su antigua de combustión lenta. Eliana evalúa de forma positiva su nuevo sistema de calefacción, sin embargo, señala que no hay manera de que este iguale al calor que genera la leña, razón por la cual no transa su cocina a leña, la que identifica como el principal calefactor de la vivienda. Pese a esto, reconoce que “lo que tiene la estufa de parafina es que se nota el calor al tiro, es como que se dispersa rápido el calor. Sí, calienta rápido. (…) Y yo hallo que la leña me dura más ahora, porque antes un metro duraba una semana y, ahora, no”.

    Sin embargo, el acceso a la parafina parece ser uno de los mayores problemas para Eliana, que vive alejada del centro y no tiene auto propio. Una nevazón inesperada la sorprendió sin suficiente parafina, por lo que tuvo que salir a comprar, conociendo el frío que viene posterior a la nieve. Por las condiciones climáticas no pasaban colectivos ni taxis y decidió ir caminando hasta el centro, donde están concentradas todas las estaciones de servicio donde se vende parafina. Por la escarcha en la vereda se cayó y mojó, pero de todos modos decidió llegar hasta la distribuidora, ya que con temperaturas bajo cero la calefacción no puede faltar. Normalmente, con «buen tiempo«, Eliana baja en colectivo hasta el centro, pero al regreso debe pagar una carrera de taxi, ya que, por cargar parafina, no la llevan los colectivos: “dicen que es muy peligroso, que no se puede”, lo que agrega un costo adicional. Un último problema con la estufa a parafina, de acuerdo a su análisis, es que esta debe estar conectada al sistema eléctrico para funcionar, y la inestabilidad de este sistema cuando nieva en invierno hace que en momentos de menor temperatura pueda quedar sin calefacción.

    Eliana no cree que deje de usar su cocina a leña como calefacción. Para ella el calor de la leña es más agradable y “dura más”. Señala que en el invierno la prende todo el día. Si bien ha disminuido el consumo de leña –antes tenía dos artefactos, ahora solo uno– Eliana no está segura si el cambio ha significado un ahorro para su hogar, además plantea que, si bien en invierno a veces “escasea” la leña, es más segura que la parafina, ya que las fuentes de acceso son variadas: se puede recolectar, comprar por saco, por camionada en la feria, en el supermercado, etc., mientras que la venta de parafina es mucho más limitada.

    Eliana tiene mucho aprecio por su cocina a leña, la comida y el mate quedan con mejor sabor. Relata que creció en casa de sus padres con una cocina a leña y la considera una parte fundamental de sus vidas. Si bien usa a veces la cocina a gas, para ella y su familia la comida queda diferente. En efecto, indica, “es difícil deshacerse de las cocinas a leña”. Para Eliana, la cocina a leña crea un espacio social de reunión familiar en torno al calor lento de las brasas, lo que hace de la cocina un espacio agradable para estar y que ni el gas ni la parafina pueden reemplazar.