El fantasma de los 40º acecha Santiago: el «infierno» al que tendrá que adaptarse el centro de Chile por el incremento térmico (Publimetro)

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En cinco décadas aumentó 4,4ºC la intensidad de las olas de calor en la capital. En 5 años el promedio será de 39º para estos eventos y la evaporación de agua acentuará los efectos de la sequía. Los problemas de salud pública están a la vuelta de la esquina.

Por Gabriel Arce

El lunes, los 33,1º que marcaron los termómetros en Santiago consiguieron empatar el récord histórico de calor para octubre. Y ayer, a nada estuvimos , si no fuera por la nubosidad, de romper los registros. Y eso que aún no llegamos a enero.

Habrá que irse acostumbrando porque, según expertos, las olas de calor y las máximas irán aumentando su agresividad en el centro de Chile, específicamente en Santiago. Y si las ciudades no toman medidas, advierten, puede que no estemos preparados para las consecuencias en la salud pública de un clima rostizante que amenaza con sobrepasar los 40º más temprano que tarde.

Dentro de la megasequía, uno de los temas que ha eclipsado la tragedia de la crisis hídrica, es la «crisis térmica», dice Patricio González, agroclimátologo del Citra de la Universidad de Talca. El experto terminó hace poco un estudio sobre olas de calor en el Maule, y determinó que entre 1977 y 1999, hubo en total 12 de estos eventos en enero. En el presente siglo, en cambio, la cifra se disparó a 49 olas de calor en el mismo mes.

Algo parecido sucede con Santiago, donde datos de la Oficina de Servicios Climatológicos sugieren que hay 2,5 veces más olas de calor que hace 40 años.

«Esto conlleva un fenómeno paralelo del que se habla poco: la evaporación del agua. Dentro del balance hídrico, se podría decir que la cantidad de pluviometría que cae es un 50%, y el otro 50% tiene que ver con la evaporación. Cuando hay olas de calor, ese fenómeno se exacerba» , dice González.

Según las mediciones en terreno del agroclimatólogo, en una época tradicional de calor -como las del siglo pasado- se evaporan unos 40 metros cúbicos de agua por hectárea en la zona central. Pero en las olas de calor extremas de enero y febrero, por estos años la cifra llega a los 90 metros cúbicos por hectárea. «No sólo es que estamos en sequía, sino que durante todos los días a partir de octubre, se está perdiendo agua por evaporación.

Futuro

El fenómeno, además de acentuar la escasez de agua, promete ser un dolor de cabeza para la población en el futuro inmediato. El Citra también publicó recientemente una proyección a 2025 sobre los efectos de la megasequía, y donde invita a olvidarse de las ya cruentas olas de calor de 33º o 35º ¿La razón para esa fecha, los eventos de altas temperaturas deberían promediar los 38º a 39º, e incluso con peaks en valles centrales como Cauquenes, Chillán y Olmuéde 40º.

«Uno puede ver que una ola de calor va aumentando en intensidad, no solamente en número y duración», explica Martín Jacques, investigador del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR2). La megasequía de los últimos 10 años, dice, ha amplificado sus efectos.

El experto señala, además, que la intensidad en Santiago de las olas de calor aumentó en 4,4ºC en las últimas 5 décadas y media (1961 a 2015), lo que se traduce en una amplificación de 0,8º por década. ¿Eso continuará aumentando? «Sí, seguro. Los veranos expondrán a la población a situaciones cada vez más difíciles», agrega el académico de Geofísica en la U. de Concepción.

El fantasma de las olas de calor sobre 40º, como ocurre en Europa, ya están por alcanzar a Santiago. Un estudio sobre proyecciones de olas de calor en Sudamérica, donde participaron científicos chilenos, indican que el récord de temperatura para la capital, que hasta ahora es de 38.3ºC,  debería aumentar en un escenario pesimista hasta 2º para 2046 y 2055.

En esa línea, Jacques se encuentra realizando un estudio que sería revelador: descubrir los patrones climáticos en el mundo que permitan predecir las olas de calor en Chile con semanas de anticipación. Los resultados, que además busca prevenir los incendios forestales, estarán para fines de año.

Crisis de salud pública

Patricio González afirma que se debe tomar el peso al estrés térmico que se viene, dado que se proyectan condiciones que «en 2013, provocaron la muerte de 15 mil personas por golpes de calor en Europa, con olas de calor sobre los 42º. Salir de una oficina con aire acondicionado a la calle podría afectar  alguien de 25 años u 80», recalca.

Bajo esa lógica, un estudio internacional de la Universidad de Monash (Australia) sugiere para Chile es un aumento entre el 400 y 525%  las muertes por shocks de calor entre 2031 y 2080.

¿No hay nada que hacer? Sonia Reyes, investigadora del Cedeus UC, afirma que es urgente adaptar ciudades como Santiago antes de que las inclemencias por el calor extremo se salgan de control. El principal factor, dice, es el cemento, que acumula calor durante el día y lo libera lentamente durante la noche, generando diferencias de hasta 10º versus zonas agrícolas aledañas.

«A nivel internacional, está demostrado que el follaje de árboles pueden bajar hasta 8º la temperatura durante el día. Lo ideal es formar una capa continua de follaje, eso sería más eficiente. En ciudades desérticas es posible hacer soluciones como las pérgolas, generar capas muy densas de hojas, como la forma de los parrones», cuenta la académica de Agronomía UC.

Otro factor importante, dice Reyes, es que «los guetos verticales son muy poco adecuados, se calientan mucho. La ciudad debe entender que es mucho mejor construir edificios de baja altura, no más de 7 pisos, porque acumulan menos calor y favorecen el confort térmico».

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