La preocupante proyección para la principal fuente de agua de la Capital (Futuro 360)

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El pronóstico para la principal fuente hídrica de la Región Metropolitana, fue realizado por el centro de investigación Cetaqua y proyecta el escenario entre los años 2020 y 2100.

Por María Jesús Cardemil

Por la cantidad de población y las actividades productivas en su cuenca, el río Maipo es uno de los más importantes del país. Nace en las laderas del volcán Maipo en la Región Metropolitana, luego atraviesa la Región de Valparaíso hasta desembocar en el océano Pacífico al sur de San Antonio.

Recorre una longitud de 250 kilómetros y cubre una superficie superior a los 15.000 km2. Sus aguas provienen tanto de precipitaciones invernales, como de los deshielos cordilleranos.

Según una reciente investigación realizada por el centro Cetaqua, los aportes glaciares no podrán cumplir el rol que actualmente tienen en los periodos estivales, lo que dejaría a la cuenca en una situación  de compleja vulnerabilidad ante la escasez hídrica.

El río Maipo -principal fuente de agua para la Región Metropolitana- se verá disminuido en los meses de verano y primavera hacia mediados y fines de este siglo. ¿La razón? Los aportes glaciales podrían descender hasta en 75%, respecto de los volúmenes actuales para la época estival.

El estudio evaluó la contribución de hielo para el período 2020 al 2100 en la cuenca ubicada en el Manzano, en virtud de su importancia como fuente hídrica. Además, utilizó modelos hidrológicos de alta complejidad y escenarios de cambio climático diversos.

“Si no tomamos conciencia de la importancia de su cuidado, las problemáticas ligadas a la escasez hídrica serán aún más grave de lo que ya son en la actualidad”, advirtió Carmen Lacoma, gerenta general de Cetaqua Chile. Agregó que uno de los objetivos que tienen en el centro, es “realizar un trabajo anticipado que sirva para que se vayan tomando mejores decisiones y acciones para enfrentar el cambio climático”.

Por su parte, Natalia Desancich, encargada de Asuntos Legales de la Junta de Vigilancia del Río Maipo, explicó que esta evidencia científica confirma que “estamos en una transición de régimen hidrológico de nivo-glavial a nivo-pluvial, a concretarse en los próximos 30 años, lo que implica una gestión del recurso diferente”.

Detalló, que la cuenca será mucho más dependiente de la lluvia, la que ya no quedará almacenada en forma de hielo en la cordillera “por lo que tendremos que contar con obras y medios para poder acumular y regular las excelencias, las que ya no se producirán en las épocas de deshielo”, aseguró Desancich.

¿Qué sucederá en el río Maipo?

En un eventual escenario en el que no se reduzcan las emisiones contaminantes de aquí a 80 años, los glaciales de la zona central de Chile perderán parte importante de su volumen. En el caso del río Maipo,  los caudales verán disminuidos sus peaks tanto de verano como de primavera, dejando a la ciudad de Santiago en una situación de vulnerabilidad extrema frente a la escasez de agua.

En relación con el comportamiento de los glaciares, el estudio de Cetaqua revela reducciones significativas en los hielos de el Yeso, Bello, Pirámide y D073. Esto, tanto en volumen como en área para los distintos escenarios, dado el incremento de las temperaturas y descenso de lluvias.

Para entender la importancia y cuantificar el aporte que realizan a las fuentes hídricas de la zona, se simularon dos escenarios futuros: uno optimista, en términos de que se conseguirá controlar las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) con leves aumentos desde hoy hasta el año 2100. Y otro más pesimista, que considera un alto incremento de los contaminantes al mismo año.

En ambos casos, se vislumbra una reducción del aporte glacial del orden de 75% de los volúmenes de escurrimiento actuales para la cuenca durante los meses de diciembre a marzo.

Actualmente, en enero, la contribución del caudal glacial es del orden del 15% del caudal total del río Maipo. Mientras que en el futuro sería solo de un 4%, disminución que es aún más marcada en febrero y marzo, cuando los glaciares contribuyen con un 40% del total del agua del río, con una proyección futura cercana al 15%. Se espera que esta reducción sea aún más marcada en años secos, donde el aporte glacial es proporcionalmente mayor.

En un contexto más favorable, entre los años 2020 y 2060, se observa una disminución de 40% del volumen de los hielos, mientras que en el escenario pesimista se pasa a una disminución de volumen glacial cercana al 60%.

La importancia de los glaciales

El investigador del Centro del Clima y la Resiliencia (CR)2, Sebastián Crespo, explica a Desafío Tierra que estos hielos son muy relevantes para la regulación del caudal fluvial. “Actúan como verdaderos embalses de agua, que nos entregan agua cuando más la necesitamos y acumulan cuando menos requerimos de ella”.

Agrega que en los años con más nieve, esta se deposita sobre los glaciares y ayuda de dos maneras. Por una lado aporta con el aumento de masa de los mismos: los hace crecer. Y por otra parte, la nieve tiene un mayor albeldo que el hielo de los glaciares, es decir, refleja la radiación solar incidente mucho más.

La combinación de mayor espesor y derretirse más tarde en el verano, “genera que el hielo quede expuesto más tarde y se derrita proporcionalmente menos que en un año seco”, afirma el también académico del Instituto de Geografía de la Universidad Católica de Valparaíso.

Crespo comenta que en el caso de un año seco -como los que venimos sufriendo con la megasequía desde 2010 en Chile- esa nieve de menor espesor se derrite antes y el hielo desnudo queda expuesto a la acción de los rayos solares, lo que hace que se derrita más el hielo y entregue más agua.

¿Cómo está influyendo el cambio climático? Los glaciares de la región se han visto directamente afectados, ya que al aumentar la temperatura se eleva lo que se denomina la isoterma de cero grados y la línea de equilibrio glaciar, con lo que aumenta la proporción del área de derretimiento respecto al área de acumulación de masa.

“Esto general no solo que se derritan más lo glaciares, sino también que cambie el tipo de precipitación de sólido a líquido en algunas regiones y aumenten los riesgos de aludes y derretimiento de suelos andinos congelados, que pueden generar flujos de detritos y desprendimientos de laderas muy peligrosos”, dice Crespo.

La necesidad de legislar

Si no se reducen las emisiones contaminantes, en una primera instancia aumentará la disponibilidad hídrica de los ríos que tienen agua de glaciares producto de su derretimiento. Sin embargo, “será menor el potencial de agua que se espera, puedan entregar debido a su reducción de masa. Esto terminaría repercutiendo en una menor disponibilidad general del caudal de los ríos y un aporte cada vez menor de los glaciares”, dice el investigador del (CR)2.

Considerando las proyecciones, sumadas a elementos como los servicios ecosistémicos de mantención de humedales altoandinos, la recarga de acuíferos y la regulación de caudales en épocas de sequía, “parece inconcebible que no haya ni un solo glaciar realmente protegido en la Región Metropolitana”, declara Crespo. Añade, que esta situación demuestra la fragilidad de la conservación de estas “vitales torres de agua y que es urgente una tramitación de la ley de protección de glaciares y ambiente periglacial en el país”.

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