Análisis: Reactivación sostenible de la actividad económica: un llamado a la acción para CORFO | (CR)2

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    Felipe Ahumada, magíster en Gestión de Políticas Públicas, ex estudiante del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR)2 y coordinador de la Unidad Gestión de Calidad, Gerencia de Redes y Territorios de CORFO

    La pandemia del coronavirus vino a poner en jaque los modelos y las estructuras de desarrollo económico lineal a nivel mundial, abriendo una ventana de oportunidad -tal vez la última- para que las instituciones logren trazar políticas públicas y estrategias que les permitan avanzar hacia una recuperación de la actividad productiva en armonía con el medio ambiente para los próximos diez años.

    Durante la década recién pasada, la Corporación de Fomento de la Producción (CORFO), principal agencia pública responsable del desarrollo económico del país, ha desplegado un conjunto de acciones tendientes a transformar la matriz productiva de la economía chilena en un sistema sostenible liderado por nuevos sectores económicos emergentes.

    En el año 2018, CORFO logró posicionar en su estrategia corporativa temáticas como las smart cities, la electromovilidad, el apoyo a proyectos de triple impacto, digitalización de las pymes y la economía circular[1]. Mediante un esfuerzo incipiente por avanzar en estas materias, la corporación formó parte de diferentes mesas público-privadas donde desempeñó un rol a nivel de asesoría técnica, como el caso del “Comité Espejo ISO/TC 323 de Economía Circular” y la “Hoja de Ruta de Economía Circular”, y en la implementación de acciones como el “Pacto por los Plásticos”, liderado por Fundación Chile.

    Desde el año 2019, y a pesar de los cambios en su administración, CORFO logró organizar un relato congruente y articular acciones concretas entorno al avance del desarrollo sostenible en los ámbitos de las energías renovables, gestión hídrica, electromovilidad, hidrógeno verde y la economía circular. La irrupción del Ministerio del Medio Ambiente, sumado a la presidencia de Chile en la COP25, ayudaron a catalizar iniciativas mucho más profundas y con sentido de urgencia dentro del tejido institucional del país, vitales para que instituciones implementadoras de política pública como CORFO tuvieran los mandatos y herramientas para comenzar a ejecutar acciones como, por ejemplo, la mencionada “Hoja de Ruta de Economía Circular”.

    Este escenario, en apariencia favorable, cambió drásticamente tras la crisis social, política, institucional y económica detonada en octubre de 2019 y la posterior declaración de la pandemia en 2020. En enero de 2021, y con una drástica contracción del IMACEC (3,12 % en comparación a diciembre 2020), las prioridades corporativas pasaron a ser otras; los focos y los acentos quedaron puestos sobre la recuperación del capital físico de micro, pequeñas y medianas empresas, y en la reactivación de las pymes afectadas por las extensas cuarentenas.

    En este contexto, la reactivación no puede desviarse del camino de la sostenibilidad ni mucho menos de las profundas demandas sociales que presenta una sociedad que está en crisis. Son fenómenos que deben ser asumidos de forma integral como parte de una problemática que es de carácter estructural, evidentemente con consecuencias que son sistémicas y multidimensionales. Siguiendo esta línea de análisis, CORFO dentro de su ámbito de acción, debe aprovechar y capitalizar los avances que ha logrado obtener en materia de transformación de la matriz productiva, en el ámbito del fortalecimiento del capital humano, el impulso a la innovación y del desarrollo de redes empresariales en los territorios, para instalar estas nuevas tendencias en estrecha relación con la reactivación sostenible. Hoy, la economía circular adquiere una relevancia fundamental para generar un despegue sustantivo, no tan solo para propiciar la reactivación sostenible de la actividad productiva, sino también para contribuir al cumplimiento de un mandato de Estado como son los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).

    Los ODS definidos en la Agenda 2030 de las Naciones Unidas, suscritos por Chile y por otros 192 estados miembros, son compromisos de política pública que el país y sus instituciones no pueden soslayar[2]. La economía circular, así como otros modelos, tales como la bioeconomía, son alternativas de política sumamente relevantes y con un potencial reconocido de contribución al cumplimiento de los ODS que hoy, en medio de un escenario de crisis social, institucional, económica, sanitaria y medioambiental, cobran especial importancia[3].

    CORFO ha apostado por el apoyo a la economía circular a través de diversos programas, especialmente en el ámbito de la innovación, el desarrollo de modelos de negocio circulares (Circular Design Thinking) y en la aceleración de negocios con impacto positivo a nivel social y ambiental. Muestra de ello son dos nuevas convocatorias recientemente lanzadas que apuntan al financiamiento de la inversión productiva con foco en esta materia (Programa Activa Inversión) y al aprovechamiento de oportunidades de negocios y transferencia de capacidades para proyectos asociativos de empresas proveedoras de bienes y/o servicios circulares (Programa Redes). Si bien, este es el camino a seguir, la corporación debe continuar por esta dirección y no disociarse de estos procesos ni tampoco visualizar la reactivación económica sin una perspectiva de largo plazo basada en la sostenibilidad. Será fundamental que la reactivación comprendida en estos términos tome un lugar preponderante en las prioridades de la corporación, reflejándose en presupuestos más amplios y en la descentralización de la toma de decisiones a nivel programático.

    La articulación interinstitucional, la animación de actores relevantes de los sectores productivos e industrias, capitalizar los avances en relación a la diversificación productiva, la implementación de la “Hoja de Ruta de Economía Circular”, y la transferencia de capacidades y competencias a las empresas en este ámbito, son algunos elementos que seguirán siendo cruciales si CORFO asume su cuota de protagonismo en esta cruzada global por el cumplimiento de los ODS.

    Pese a lo anterior, la evidencia refleja una baja apropiación en CORFO respecto a la Agenda 2030 y la importancia que deriva en mandatos institucionales que deberían guiar las estrategias y planes de acción en un plazo de diez años[4]. La no apropiación de los ODS podría dejar a la corporación en una posición de desventaja debido a la ausencia de una conciencia organizativa respecto del rol que puede cumplir para alcanzar las metas establecidas en dichos objetivos, por la falta de criterios de evaluación de proyectos focalizados en la sostenibilidad medioambiental más allá del mérito exclusivamente técnico y la ausencia de métricas estandarizadas que permitan cuantificar su real aporte en la construcción de un modelo de desarrollo sostenible. Esta situación hará más difícil el tránsito hacia una “nueva economía” y con ello acrecentar las brechas sociales, económicas, culturales y ambientales que debilitan el tejido social y el bienestar de las personas. Se necesitan políticas que pavimenten caminos hacia una sociedad más resiliente y sostenible en sus formas de producción, crecimiento y consumo.

    Reactivar la actividad económica tras la pandemia del COVID-19 será quizás la última oportunidad que se presente para repensar y transformar las políticas de desarrollo productivo. Hoy más que nunca, se requiere de un Estado mucho más activo, presente y dispuesto a asumir riesgos en este tipo de políticas, abierto a la integración de todos los actores involucrados con especial énfasis en la academia y en la evidencia científica a disposición de más y mejores políticas públicas. Estamos frente a conflictos socioeconómicos y medioambientales que probablemente, de aquí en adelante, van a requerir de una mayor expansión en el gasto público, además de decisiones basadas en perspectivas de largo plazo, pero con resultados tempranos que permitan abordar la emergencia climática que estamos viviendo.

    El llamado es a la acción.

    Notas

    [1] Sichel, S. Cuenta Pública Participativa 2018.

    [2] Presidencia de Chile. Informe Nacional Voluntario – Chile 2019. Obtenido de http://www.chileagenda2030.gob.cl/noticias/chile-presenta-su-2-informe-nacional-voluntario-ante-naciones-unidas-con-enfasis-en-alianzas-para-el

    [3] Ahumada, F. “Bioeconomía y los Objetivos de Desarrollo Sostenible: una clave transformadora para la estrategia de CORFO”. Tesis para optar al Magister de Gestión y Políticas Públicas, Departamento de Ingeniería Industrial, Universidad de Chile, 2020.

    [4] Ahumada, F. “Bioeconomía y los Objetivos de Desarrollo Sostenible: una clave transformadora para la estrategia de CORFO”. Tesis para optar al Magister de Gestión y Políticas Públicas, Departamento de Ingeniería Industrial, Universidad de Chile, 2020.