Ante el cambio climático la inacción no es la opción, alertan los expertos (El País)

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“El cambio climático no es la causa primaria, pero es un multiplicador de las amenazas que afectarán el producto interno bruto y los costos anuales de adaptación”, advirtió José Javier Gómez, responsable de Asuntos Ambientales de la división de Desarrollo Sostenible y Asentamientos Humanos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal).

Por Orlando Milesi

“Legalmente no existen refugiados climáticos, pero al 2050 serán entre 50 y 350 millones quienes migrarán debido al cambio climático… Hay 42 países en riesgo por la subida del mar, Brasil tiene riesgos graves en las ciudades costeras y en el océano Pacífico habrá varios lugares no vivibles, como Kiribati y Tuvalú (en la Micronesia) o en el archipiélago San Blas (en Panamá)”, dijo Gómez a cerca de 40 periodistas durante el Seminario Taller “Cómo aplicar los ODS a la agenda periodística: profundizando en la Acción por el Clima, un objetivo transversal”.

La instancia fue organizada por la agencia informativa internacional Inter Press Service- IPS y la Fundación ONU, en la sede de la Cepal en Santiago, y permitió el diálogo de periodistas con expertos de organismos internacionales, autoridades gubernamentales y activistas medioambientales quienes dieron un panorama sobre los efectos del cambio climático en la vida actual y sus perspectivas.

La mirada científica sobre estos sucesos está casi siempre ausente en las pautas periodísticas y los profesionales participantes concluyeron que es muy arduo el camino para informar y educar sobre estos fenómenos que afectan directamente a los ciudadanos y contribuir a modificar sus conductas apuntando a modificar la situación. Solo se informa de grandes catástrofes, sin una explicación de fondo.

La inacción ante el cambio climático ya se manifiesta en sequías y graves caídas en la producción de alimentos y en las capturas pesqueras, entre otros, y provocará enormes efectos en la población.

“América Latina y el Caribe se verá principalmente afectada en el Nordeste de Brasil, Centroamérica y los países andinos. Es necesario dar pasos más decisivos en la adaptación a la agricultura, probablemente el área donde existe más capital humano científico en la región. También se incrementarán los desastres”, dijo Gómez.

Jorge Meza, de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), indicó que “hasta el 2030 habrá impactos positivos, sobre todo en zonas templadas, pero del 2030 en adelante dada la gran variabilidad habrá rendimientos negativos en la producción agrícola. Si no se hace nada, habrá 2,5 a 4,0 grados de aumento en la temperatura y sobre dos grados es muy difícil lograr eficiencia en la adaptación”.

El cambio climático “provocará una reducción significativa en los rendimientos de la agricultura familiar. Sobre todo en los porotos (granos) que son muy sensibles al cambio climático. Un escenario de cambio climático conservador sería un 10 por ciento más de subalimentados. Un tercio de la población de América Latina vive en zonas de alto riesgo”, agregó.

Al afectar la estabilidad productiva agrícola y mermar la disponibilidad de alimentos, el cambio climático dificultará el acceso físico y económico a éstos afectando, por ende, la nutrición.

Como acciones de mitigación, Meza mencionó el secuestro del carbono, la reducción de emisiones por la actividad pecuaria, la mitigación de las emisiones de óxido nitroso y carbónico y el no uso de fertilizantes nitrogenados.

Los periodistas escucharon ponencias, preguntaron y debatieron sobre las amenazas de la sequía, el aumento de la temperatura global, el calentamiento y acidificación de los océanos, la desertificación y otros serios efectos -más recurrentes en la gran prensa- como los desastres naturales.

Rodrigo Herrera, del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), sostuvo que al fijar metas como los ODS (Objetivos de Desarrollo Sostenible) “se focalizan los esfuerzos y tienen impacto” y ello es “un modo de transitar hacia otros modelos de desarrollo”.
“La Agenda 2030 (para los ODS) es una nueva hoja de ruta que pone en el centro una cuestión que había permanecido en un segundo plano en los últimos años: el modelo actual de desarrollo es insostenible”, aseveró.

“Hay una creciente desertificación en Argentina, Chile y México… la agricultura moderna se adapta, el problema son los pequeños agricultores…En los océanos sube el nivel de las aguas, aumenta la temperatura y la acidificación y todo redunda en una caída de la captura pesquera…El cambio climático es un factor multiplicador de problemas existentes”, aseveró.
“Los pobres son los más vulnerables, el sector agrícola sobre todo, los pequeños campesinos y las mujeres son los más vulnerables”, resumió Herrera, quien destacó a los periodistas la característica holística de los 17 ODS, cuyo número 13 es el de la Acción por el Clima.

Según Roberto Rondanelli, investigador del (CR)2 y climatólogo de la Universidad de Chile, “el aumento del CO2 (dióxido de carbono) relacionado con la actividad humana en el último milenio no tiene precedentes. Tal vez sólo tres millones de años antes. Y el incremento de CO2 aumenta la temperatura…Enfrentamos el clima más cálido al que el hombre ha debido adaptarse”.

“Los efectos y consecuencias en la vida humana dicen relación con que se derriten los hielos y cambian las nubes. Hay incertidumbre respecto al aumento del valor de la temperatura y se prevé 10 a 20 por ciento de disminución de las lluvias año a año. La sequía es en parte por el cambio climático. Aunque el agua depende de lo que hagamos con los árboles y los ríos dependen de que lo que pase en las cuencas”, subrayó el científico.

Según Víctor Andrés Garzón, asesor técnico del programa Cooperación regional para la gestión sustentable de los recursos mineros en los países andinos, “la recirculación del agua en la minería es del 90 por ciento” en estas naciones. “El agua es un insumo crítico y por ello el esfuerzo en reducir su utilización”, sostuvo.

Subrayó, asimismo, que con la masiva utilización de autos eléctricos que se anuncia en muchos países, serán “nuevos minerales los que ganan”.

Garzón indicó que el sector minero es consumidor de combustibles fósiles que emiten gases de efecto invernadero (GEI) y por ello debe “implementar las medidas de eficiencia energética que, por un lado, mejoren sus costos y, por otro, puedan disminuir la emisión de GEI”.

Juan Pablo Orrego, ecologista y ganador del premio Right Live Hood Awards, advirtió que “hay un negacionismo financiado para impedir ver la realidad… Hay un rol de los medios de comunicación en este negacionismo”.

“Si queremos buena calidad de vida, tenemos que dejar que la naturaleza haga su trabajo. La naturaleza está primero, los primates somos los últimos”, sostuvo.

El ministro de Medio Ambiente de Chile, Marcelo Mena, sostuvo ante los periodistas que entre los ciudadanos de este país “no hay división política” sobre el cambio climático.
Indicó que una última encuesta efectuada a 5.000 personas reveló que “también hay conciencia y se califica de graves o muy graves” los efectos del fenómeno y se coincide que el cambio climático ocurre actualmente y se debe a actividad humana.

Estos eventos climáticos “son cada vez más extremos, cada vez en más zonas. Cada vez más somos más vulnerables al cambio climático. El año 2015 las pérdidas fueron de 0,6 por ciento del PIB (producto interno bruto)”, lo que ubicó a Chile como el sexto país en pérdidas económicas por desastres, afirmó.

Puso ejemplos sobre el efecto del cambio climático en Chile, al indicar que “el mejor vino espumante se produce en Osorno”, 1.000 kilómetros al sur de Santiago, una región caracterizada algunos años atrás por el frío y por la lluvia.

Según el ministro, en Chile el uso del carbón “fue prohibido no por decreto, ni mandato, sino por el mercado” y a las generadoras termoeléctricas se les cobra hoy en este país por emisión por lo que la recaudación anual de impuestos verdes aumentó significativamente.

Durante la visita a la Planta Solar Buin 1, la primera comunitaria en Chile, a unos 35 kilómetros de Santiago, los periodistas dialogaron con Manuel Baquedano, presidente del Instituto de Ecología Política, quien aseguró que” el petróleo tiene sus días contados en el mundo” porque la Tasa Energética de Retorno (TER) pasó de 100:1 el año 1850 a 17:1 el año 2010 y será de 1:1 en el año 2030.

“Por eso el año 2030 es clave”, dijo el ecologista apuntando que entonces extraer petróleo ya no será rentable. “Arabia Saudita invierte por ello 500.000 millones de dólares en proyectos no petróleo”, aseveró Baquedano concluyendo que “el cambio climático ya está desatado”.

Los periodistas tuvieron en la parte final del taller consejos prácticos de cómo aplicar lo aprendido a su práctica diaria de parte de Estrella Gutiérrez, coordinadora editorial del servicio de IPS en español, y de Gustavo Rodríguez, exdirector de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Chile, culminando con una dinámica donde cada uno presentó el proyecto de reportaje escrito o de video que la actividad le había inspirado a realizar.

“Los periodistas tenemos un papel determinante en que los ODS y sus metas se cumplan a nivel mundial, regional y nacional, y para ejercerlo es necesario que los conozcamos en profundidad, los incorporemos a nuestra labor informativa diaria, ayudemos a que las organizaciones sociales y la gente también los conozca y haga propios, y juntos, los periodistas, los activistas y la gente fiscalicemos su cumplimiento”, dijo Gutiérrez durante la apertura del seminario-taller.

La actividad contó con el apoyo de la Cepal y la FAO, junto con ONU Medio Ambiente, cuyo director regional, Leo Heileman, participó en la apertura del seminario-taller con un mensaje en video desde su sede en Ciudad de Panamá.

Bolivia y Tarija, en el centro del “desastre climático”

Resulta habitual, cuando se habla de los efectos del cambio climático, pensar en ciudades inundadas por la crecida de los océanos fruto del deshielo de los polos. En ese sentido, en Bolivia se elude el tema o se considera un país más seguro, algo que quedó en evidencia en los últimos años tanto por las inundaciones en el Beni de 2013 como por la intensa sequía que vivió el altiplano boliviano en 2016.

Ese año la sequía en la ciudad de La Paz, que afectó a zonas urbanas muy pobladas, sirvió de altavoz inesperado para un diagnóstico que estaba siendo ignorado. Las fuentes de agua en los Andes se secan, las nieves eternas desaparecen e incluso el lago Popoó desapareció.
La emergencia sirvió para que organismos como la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, conocida mundialmente como la FAO, incluyó a Bolivia en sus proyectos prioritarios ante la inminente vulnerabilidad de la soberanía alimentaria, causa principal de la sequía.

Ya en 2015 la Organización de las Naciones Unidas (ONU): que Bolivia era uno de los países más expuestos al fenómeno del calentamiento global. Según un estudio norteamericano, Bolivia se encuentra en el puesto 124 de 181 países estudiados y es el segundo país más vulnerable de Sudamérica a ser golpeado por el cambio climático (el primero es Guayana) y es el quinto menos preparado para mitigar los daños (Venezuela, Surinam, Guayana Francesa y Guayana están peor capacitados).

En Bolivia muy pocos municipios han implementado planes contra el cambio climático, ni siquiera en Tarija donde hay ONG especializadas que ofrecen estos servicios y los han implementado en países del continente con éxito.

En Tarija se ha padecido de forma especial el daño de la sequía en la zona alta, donde las lagunas de Tajzara también desaparecieron el año pasado, aunque el principal riesgo se vive en el Chaco Sudamericano, una de las reservas de biodiversidad más importantes del continente, con importantes reservas de agua y que cumple una función vital en la organización del cono sur y la cuenca del río de La Plata.

Iván Arnold, director de la Fundación Nativa, advirtió que al Gran Chaco Sudamericano le pueden quedar 20 años de vida antes de convertirse en desierto tanto por el incremento de temperaturas como sobre todo, por la deforestación motivada por el cambio de uso de suelos que ha arrasado gran cantidad de hectáreas.

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