“Se empieza a devaluar el concepto cuando a todo se le coloca cambio climático” (Prensa Uchile)

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    El académico del Departamento de Geofísica de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile analiza los 10 años del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR)2. En esta entrevista, el actual director de este centro explica los objetivos de instalar y describir, en base a información científica, el fenómeno del cambio climático. Además, detalla las nuevas problemáticas trascendentales que planean abordar en caso de contar con el financiamiento necesario, tales como el proceso de descarbonización, cuantificar las aguas subterráneas y conocer más los eventos climáticos extremos.

    Son, sin duda, fuente primaria y demandada por los medios de comunicación y de la comunidad científica cuando se trata de hablar de fenómenos climatológicos y del cambio climático. El Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR)2 se ha posicionado en el imaginario académico y social como un referente en investigación y divulgación respecto a los procesos que enfrentan los ecosistemas, territorios y comunidades en esta materia.

    Este 2023, el (CR)2 cumple 10 años de historia, con una primera etapa del 2013 al 2018, y una renovación del 2018 al 2023. En este periodo acumulan grandes hitos, como la construcción conceptual para describir, en base a evidencias, fenómenos emergentes como el de la megaseguía, planteado el 2015. “Tuvimos la visión de colocarlo como un tema integrador y sí, se instaló”, cuenta el director de este centro, el académico de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas, René Garreaud, en correspondencia con uno de sus objetivos fundacionales: comprender a nivel nacional el cambio climático.

    Sobre esto último, el profesor Garreaud es enfático en señalar que este es un caso debido en parte al cambio climático y en parte a la variabilidad natural. “Cuando se habla de cambio climático en general, y muestran imágenes, no sé, de los osos polares en el Ártico, los corales marítimos en Australia, eso suena muy distante. En cambio, no ver nieve en la cordillera, con todas las consecuencias que eso tiene, aun cuando no es todo cambio climático, ha sido la llave para ir sensibilizando a la gente y a las autoridades de que el problema está en curso”, señala.

    Otras de las contribuciones ha sido en materia legislativa, particularmente la Ley Marco de Cambio Climático. A esto se suma el acercamiento a otros fenómenos complejos, como el florecimiento de algas nocivas (FAN), que se escucha cada vez más en vez del de marea roja. “La marea roja es un tipo especial de alga que colorea el agua de color rojo, pero tú puedes tener floraciones de algas nocivas que matan y eventualmente tienen una afectación muy grande en la vida silvestre que no colorean. Eso también ha ido entrando en la mente de las personas. De hecho, estuve hace poco en el sur y la gente habla de FAN”, complementa. Estos son ejemplos de “marcos de referencia que son súper relevantes para tratar el problema. Si uno no le coloca nombre a la cosa, difícilmente se da cuenta de ello”, afirma.

    Otro de los aspectos característicos de este centro ha sido el trabajo interinstitucional e interdisciplinario. “Si bien la Universidad de Chile es la institución albergante -y dentro de esa institución la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas y el Departamento de Geofísica- este es un centro realmente distribuido con la Universidad de la Concepción y la Universidad Austral de Chile, que son las dos instituciones que son co ejecutoras. Con el tiempo ha ido creciendo, y tenemos investigadores de otras universidades, como Valparaíso, la Adolfo Ibáñez, la UFRO, y la UMAG”, relata el académico.

    Agrega que el centro, “en el papel, es interdisciplinario”, pero reconoce que a lo largo de esta década “hemos aprendido en el andar cómo se hace la interdisciplina”, vinculando efectivamente áreas como la ciencia biofísica, la climatología, la oceanografía, y las ciencias sociales en un arco que va desde el derecho, la sociología, la antropología, la psicología, etcétera. Ahora, en la práctica, advierte, “no basta tener grupos, sino que lo realmente importante es tener preguntas que inherentemente tengan que ser abordadas por muchas disciplinas”.

    – Una de las tareas propuestas por el centro en sus inicios fue comprender a nivel nacional el cambio climático ¿Se ha conseguido ese objetivo?

    En buena parte. Lo que pasa es que es muy ambiciosa esa pregunta, viéndola en retrospectiva, porque hay una componente de física, que son los cambios de temperatura, de precipitación, y en eso hemos avanzado mucho. Tenemos bien documentados los cambios a lo largo de todo Chile y, en general, en el Cono Sur de América, en lo que llamamos las condiciones medias.

    Un tema que plantearemos probablemente el próximo año son los eventos extremos. Por ejemplo, olas de calor, precipitaciones muy intensas, donde cada uno de esos eventos tiene su propia dinámica, pero se inserta dentro de un contexto de cambio climático; y ahí viene una pregunta súper interesante, porque está la típica respuesta rápida de que todo es efecto del cambio climático. O sea, llueve mucho: cambio climático; llueve poco: cambio climático, pero se empieza a devaluar el concepto cuando tú a todo le colocas cambio climático, entonces nosotros somos súper cuidadosos en que tenemos que saber bien si el cambio climático contribuyó a que, por ejemplo, el invierno sea más intenso.

    Después, tenemos las interacciones con los seres humanos, cómo lo perciben, cómo lo reciben, cómo se van adaptando. Lo humano, a nivel individual o comunitario, también se va adaptando, por otra parte, mitigando y, en lo posible, haciéndose más resiliente. Pero es muy difícil de hacer porque tenemos cientos de comunidades, donde es muy distinto cómo se adapta una comunidad en el norte a cómo lo hace una comunidad del centro sur, así que ahí naturalmente el trabajo no es conclusivo. Hemos ido avanzando pero es difícil decir check, lo hicimos todo.

    – Mirando en retrospectiva esta trayectoria, pero pensando en el futuro ¿Cuáles son los temas, áreas o campos que se abren?

    Ya estamos pensando en ello. Lamentablemente, todavía no está asegurada la continuidad financiera, pues la administración de la ciencia actualmente no ha dado respuesta, no solamente a nosotros, sino que a todos los centros FONDAP. Llevamos más de dos años esperando una renovación competitiva, porque eso es lo que pedimos. Ha sido muy desafortunado que se haya retrasado tanto este proceso. Ahora, seguimos siendo optimistas y hemos empezado a mirar hacia el futuro. Ciertamente que en los próximos años el centro tiene que empezar a moverse hacia otras áreas, de las cuales puedo mencionar tres que son súper importantes.

    Una es la de los eventos extremos. Nosotros sabemos cómo está cambiando en promedio la temperatura, la precipitación. En cuanto a las olas de calor, sabemos que se van a ir incrementando en el futuro, pero -por ejemplo- este año con estas tormentas grandes que tuvimos, la gente y las autoridades decían “cambio climático, esto llegó para quedarse y vamos a tener más en el futuro”. Pero no sabemos. No sabemos si vamos a tener más o menos, así que un tema grande son estos eventos extremos, que -además- tienen un costo desproporcionado y una afectación social.

    Lo otro que queremos hacer –lo hemos hecho, pero queremos que sea un poco más sistemático- es abordar el tema de la descarbonización. Chile se ha comprometido a nivel gubernamental a reducir sus emisiones de carbono ¿Son efectivas, son realistas las estrategias que se están ocupando? Además, uno podría decir que tenemos una estrategia súper buena para suprimir las emisiones, pero resulta que pueden colocar otro problema ambiental.

    En tercer lugar, pese a toda la mega sequía que algo se interrumpió este año, la condición hacia largo plazo es que va a haber menos agua en Chile. Si tú vas a ver las plantaciones de agricultura, cierto, siguen estando, lo que en parte tiene que ver con eficiencia de riego, pero también tiene que ver con el uso de agua subterránea. Y ahí tenemos una gran deuda como país, un gran salto al vacío de información: cuánta agua podemos ocupar, cuáles van a ser los límites.

    – ¿Cuáles serían algunas claves para entender los periodos de verano que enfrentaremos a futuro en términos climáticos?

    Lo hemos conversado harto, especialmente cuando estábamos en nuestro invierno y veíamos esas temperaturas en el Hemisferio Norte, que en algunos lugares la verdad es que no fue tan cálido. Pero veíamos esas imágenes, y la gente se empezaba a preguntar cómo va a ser el verano. No hay mucha relación entre lo que pasa entre un hemisferio y otro. Esto es similar a decir que va a haber un terremoto en Chile. O sea, es un país sísmico y, por lo tanto, te puedo asegurar de que en algún momento va a haber un terremoto grande, lamentablemente, pero no sabemos cuándo.

    Ahí nosotros somos súper buenos para decir lo que sabemos y lo que no sabemos. La tendencia de los veranos está cada año un poquito más cálido, y -por lo tanto- va a ser cálido y seco acá en la zona central, como todos los veranos. Ahora, sí van a ver una, dos, tres olas de calor y si vamos a llegar a los famosos 40 grados, que abre la puerta una serie de impactos como grandes incendios, la verdad es que no lo sabemos.

    Para redondear, menciono una condición del Fenómeno del Niño, que, tal como el viento trae más lluvia en la zona central, también tiende a producir una condición más seca en el altiplano y en la Patagonia, y eso también tiene consecuencias, como el florecimiento de algas nocivas. Así que claro, podría ser un buen año de turismo, pero un mal año ambiental. | Leer en Prensa Uchile.