La efectividad de la “Siembra de Nubes”

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    Columna de Opinión de Roberto Rondanelli, investigador del (CR)2, publicada en «El Tipógrafo» (14 de mayo de 2013) 

    Nuevamente se ha dado a conocer la ejecución del “Programa de Siembra de Nubes”, por parte del Ministerio de Agricultura, como una medida que busca mitigar los problemas de la sequía y los efectos del cambio climático en el país. Ahora bien, mirando este tema desde las ciencias y considerando los antecedentes que se manejan a nivel internacional, quedan bastantes interrogantes acerca de la efectividad de este Programa Nacional.

    En primer lugar, es necesario tener datos de la evaluación del programa que se ejecutó en el 2012, cuyo costo ascendió a los 1500 millones de pesos (con aportes públicos y privados) y que involucró a cuatro regiones. Al respecto el Ministro de Agricultura, señaló que en Valparaíso y O’Higgins, se incrementaron las precipitaciones en un “54% y 30%, respectivamente, respecto de lo que debería haber llovido”. Esta afirmación es inverosímil a la luz de la investigación internacional, la que indica que la siembra de nubes, bajo las condiciones más favorables, puede entregar una efectividad no mayor que un 5% o 10% durante su aplicación, para una cuenca o región del tamaño de Valparaíso u O’Higgins. Por tanto, de ser ciertos los valores de aumento de precipitación, seríamos merecedores de portadas en Science y Nature.

    En segundo lugar, la evaluación de la efectividad del método a nivel de una cuenca o una región es compleja, principalmente por la dificultad que presenta el diseño estadístico de los experimentos de control para evaluar este sistema, y básicamente porque la precipitación a diferencia, por ejemplo, de la temperatura, presenta grandes variaciones en distancias cortas. Una correcta evaluación requiere de una gran cantidad de mediciones en superficie, no siempre disponibles, e idealmente de radares meteorológicos (que estiman la precipitación en tiempo real en áreas de cientos de kilómetros de diámetro), tecnología que no está presente en nuestro país, y que tiene un costo similar al del programa.

    Por otra parte, la escala de tiempo en que la siembra de nubes es adecuada como medida paliativa de la sequía, no es en el corto plazo, como se está considerando, sino en el largo plazo. Su efectividad es muy baja en años secos y mejora en el largo plazo y cuando se incorpora en los en los años más lluviosos. La precipitación adicional a la que uno aspira en el caso de la siembra de nubes, suponiendo las condiciones óptimas de aplicación y naturales, es una fracción pequeña de lo que realmente cae, aplicar la siembra de nubes en años secos sólo produce aumentos pequeños de precipitación. Tomando el caso de este año, un 5% de efectividad habría producido hasta ahora un aumento en la Región Metropolitana de unos 0.5 mm de precipitación. Mientras que la aplicación de la medida en todos los sistemas de precipitación durante un año muy lluvioso (700 mm en el año) entregaría una precipitación adicional de 35 mm, que de producirse podría ser “guardada” en embalses y glaciares.

    Por tanto, quedan muchas preguntas sin responder que avalen la efectividad de esta inversión fiscal y privada, en relación con su real aporte a remediar la sequía y los efectos del cambio climático en la precipitación.

    Roberto Rondanelli
    Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR)2
    Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas, Universidad de Chile 

    Disponible en: http://eltipografo.cl/2013/05/la-efectividad-de-la-siembra-de-nubes/