Cambio Climático aumentaría la frecuencia en Chile de eventos extremos como el río atmosférico que precipitó en intensa lluvia el fin de semana (El Mostrador)

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El académico de la Universidad de Santiago, Raúl Cordero, afirmó que el cambio climático hace más frecuentes los eventos extremos «y las lluvias intensas que acabamos de tener, absolutamente anómalas para el mes de enero, son un claro ejemplo». «Debido a las temperaturas cada vez más altas asociadas al cambio climático, en los últimos años las precipitaciones estivales son mayoritariamente lluvia, y no nieve como en el pasado», explicó. Las precipitaciones en la zona central, que rompieron un récord que tenía más de ocho décadas, sin embargo, no son más que un alivio menor ante la sequía que se vive en gran parte del país. «Una lluvia en verano no basta para terminar con la sequía, de la misma forma que las intensas lluvias que tuvimos en junio pasado tampoco bastaron. La sequía en la zona central está fuertemente determinada por lo que precipita en invierno y aún faltan demasiados meses para hacer proyecciones», advirtió.

Por Marco Fajardo

El científico Raúl Cordero vinculó la inusual lluvia vivida el fin de semana con el cambio climático. En tal sentido, afirmó que hace más frecuentes los eventos extremos y que «las lluvias intensas que acabamos de tener, absolutamente anómalas para el mes de enero, son un claro ejemplo».

«Debido a las temperaturas cada vez más altas asociadas al cambio climático, en los últimos años las precipitaciones estivales son mayoritariamente lluvia, y no nieve como en el pasado», precisó el académico de la Universidad de Santiago (USACH).

«La lluvia en la alta cordillera, fluye rápidamente pendiente abajo y no solo puede causar aluviones sino que arrastra sedimento, lo que puede aumentar la turbiedad de los ríos y causar cortes de agua en las ciudades», explicó.

El especialista es doctor en Ciencias de la Universidad Católica y ha centrado sus investigación en meteorología y climatología. Es profesor en el Departamento de Física de la USACH.

Advertencias previas

Los científicos vienen advirtiendo hace años que el cambio climático multiplica los episodios de lluvias intensas. Así lo señaló en 2015 la revista Climatic Change, ligada a la editorial alemana Springer.

Entre 1981 y 2010, el cambio climático ha incrementado en un 12% los episodios de precipitaciones fuertes, causantes de inundaciones o graves daños, en diferentes regiones del planeta, de acuerdo a una investigación publicada por ese medio y difundida en Chile por Fundación Terram.

El estudio, realizado por científicos del Instituto Potsdam para la Investigación de los Impactos Climáticos de Alemania, concluyó que la concentración de casos de lluvias extremas en los 30 últimos años «no tiene precedentes».

Los investigadores analizaron los registros de episodios de precipitaciones extremas en todas las regiones del planeta entre los años 1901 y 2010, y detectaron que hasta 1980 las variaciones naturales explican perfectamente la frecuencia de estos eventos.

Sin embargo, en coincidencia con el aumento significativo de la acumulación de gases de efecto invernadero en la atmósfera, los eventos con lluvias de gran intensidad se hicieron más habituales.

Los investigadores destacan como ejemplos las fuertes precipitaciones que sufrió Pakistán en 2010 y que acarrearon inundaciones, cientos de muertos y provocaron una epidemia de cólera, así como las riadas que sufrió Texas, también en 2010, debido a las intensas precipitaciones acumuladas en un breve período.

El año pasado, Paulina Aldunce, académica de la Facultad de Ciencias Agronómicas y del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR)2, reiteró que con el cambio climático «todas las variables se han exacerbado y se van a seguir exacerbando, por lo tanto, los cambios van a ser aun mayores».

«Está proyectado que vamos a tener más sequía, vamos a tener más olas de calor, un aumento sostenido de las temperaturas, tener más marejadas, más lluvias extremas más severas y más frecuentes, causando inundaciones, deslizamientos, etc.», puntualizó Aldunce a la Universidad de Chile, en el marco del Día Internacional del Cambio Climático, que se conmemora cada 24 de octubre.

Rompiendo récord

Cordero explicó que las precipitaciones extremas del fin de semana fueron facilitadas por el hecho de que el sistema frontal estaba alimentado por el ya conocido “río atmosférico”.

«Estos ríos son bandas de aire húmedo desprendidas desde el trópico que transportan gran cantidad de agua en forma de vapor hacia latitudes medias (Chile o California). Cuando ese vapor se encontró con nuestra cordillera, se condensó formando grandes nubes que, a su vez, causaron intensas lluvias», señaló.

Agregó que, debido a este río atmosférico, las precipitaciones en la zona central rompieron un récord que tenía más de ocho décadas.

Especificó que con 31,4 milímetros de agua caída en Santiago, la lluvia de este 29-30 de enero es la más abundante en 24 horas desde que hay registros, rompiendo marca de 22,4 mm de 1933.

También manifestó que, si bien no es posible decir cuándo podría repetirse un evento similar, «sabemos que no tendremos que esperan otras ocho décadas: el cambio climático hace más frecuentes los eventos extremos, y las lluvias intensas y los aluviones son un claro ejemplo.

Efectos

En cuanto a los efectos de la lluvia, en su opinión, «desafortunadamente era inevitable que se produjeran aluviones con estas precipitaciones y la isoterma tan alta».

Asimismo, resaltó que el efecto de la lluvia en la contaminación urbana «es siempre positivo, pero pasajero».

Como contraparte, en cuanto a los cultivos, «el efecto de la lluvia fuera de temporada en ciertos cultivos no es siempre positivo y podría favorecer a ciertas plagas».

La zona central del país además vivió este fenómeno en medio de una sequía que ya lleva una década, pero el científico sostuvo que el alivio es menor.

«Una lluvia en verano no basta para terminar con la sequía, de la misma forma que las intensas lluvias que tuvimos en junio pasado tampoco bastaron. La sequía en la zona central está fuertemente determinada por lo que precipita en invierno y aún faltan demasiados meses para hacer proyecciones», concluyó.

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