Karen O’Brien, experta en cambio climático y sociedad: “Estamos viviendo el momento que importa en la década que importa” (La Tercera)

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    Esta influyente geógrafa alemana plantea que para enfrentar fenómenos como el cambio climático “hay que activar un sentido de agencia política”. En ese sentido, dice a La Tercera que “vivimos en un mundo que está interconectado, y por eso todos vamos por el mismo camino. Creo que de alguna manera tenemos que darnos cuenta de nuestra vulnerabilidad compartida y que los ganadores y los perdedores es una idea construida, no es inevitable”.

    Por Paula Escobar

    rustración, miedo y hasta parálisis. A menudo estas emociones negativas se toman el ánimo de la ciudadanía cuando ve que, pese a sus esfuerzos individuales, el cambio climático sigue avanzando, sin que el poder político global tome las medidas que se deben tomar para evitar que se pase la barrera de 1,5 o 2 grados máximos de alza de temperatura.

    Pareciera una gota de agua en el mar. Pero como dice la científica alemana Karen O’Brien, hay que enfrentar este reto desde tres esferas distintas, en las que cada cual vale por sí misma e interactúa con las otras: la práctica (tecnología y comportamiento), la política (estrategias y medidas concretas) y la personal (los valores), para llegar a la transformación que requiere la catástrofe climática. Doctora en Geografía en la Universidad Estatal de Pensilvania, O’Brien ejerce como catedrática de Geografía Humana de la Universidad de Oslo, Noruega. Allí investiga el impacto en poblaciones vulnerables sometidas al cambio climático y a la globalización.

    Esta influyente geógrafa es autora de varios libros que abordan esta temática, entre los que destaca Responding to climate change: the three spheres of transformation (2018) y Climate and Society: Transforming the Future (2019). Ha participado en las reuniones cuarta y quinta del IPCC (International Panel on Climate Change), y ganó el premio BBVVA Fronteras del Conocimiento en categoría medioambiente, por “cambiar el paradigma de la acción contra el cambio climático, hasta ahora limitado a la mitigación de las emisiones de gases de efecto invernadero, incorporando el concepto de adaptación a los impactos inevitables”.

    Por estos días se encuentra en Chile, invitada a Puerto de Ideas Antofagasta, donde dicta hoy su conferencia titulada: “Importas más de lo que crees: cambio social para un mundo mejor”.

    ¿Cuál es su visión sobre este momento, cuando parece que los Acuerdos de París se ven difíciles de lograr?

    Creo que estamos viviendo el momento que importa en la década que importa. Realmente tenemos que cambiar la forma en que hacemos las cosas. Los científicos han estado pidiendo esto durante décadas y, de hecho, tenemos enorme evidencia y conocimiento de lo que debemos hacer, pero no lo estamos haciendo. Es casi una paradoja que estemos reconociendo que, en realidad, estamos cambiando el sistema climático, los ecosistemas, el medioambiente global y, sin embargo, todavía sentimos que no tenemos la capacidad de cambiarnos a nosotros mismos y a nuestras sociedades. Creo que esa es una brecha real.

    ¿Y es por falta de voluntad política o es que estamos en una actitud de negación?

    Creo que son ambas. Los políticos tienen muchos compromisos, entre ellos ser reelegidos. Pero, al mismo tiempo, tenemos que empezar realmente a pensar en lo que cada persona puede hacer en términos de sus decisiones en nuestra vida cotidiana, en nuestros lugares de trabajo, en nuestras comunidades, en nuestras ciudades, y realmente activar un sentido de agencia política. Más que simplemente ir y votar para que alguien tome una decisión, realmente organizarse tanto individual como colectivamente para lograr cambios. Y creo que ahí es donde se ha centrado gran parte de mi trabajo: realmente no creemos que importamos. Al final del día, solo decimos: “Oh, no importa si como esto o vuelo aquí o hago esto”. Pero tenemos que empezar a pensar no solo en las huellas de carbono individuales, sino también de cómo hemos organizado la sociedad y cuáles son las alternativas.

    Específicamente, usted establece tres diferentes esferas de transformaciones. ¿Cómo las define?

    Estamos fallando (en cambio climático) y eso es a menudo porque nos olvidamos de la esfera política, que no es solo la política y la toma de decisiones, sino que es la forma en que organizamos colectivamente la sociedad. (Incluye) las normas culturales y sociales, las reglas, regulaciones, incentivos y todas las cosas que hacen que sea fácil o difícil en la esfera práctica cambiar las cosas. Entonces, si vamos a deshacernos de los subsidios a los combustibles fósiles, tal vez las energías renovables se desarrollen aún más rápido. Y si dejáramos de apoyar la industria armamentística, tal vez no habría tantos conflictos violentos. O si nos deshacemos del lavado de dinero en el extranjero, ya sabes… Entonces, es una esfera muy importante, pero también nos quedamos atrapados allí. Ahora estamos viendo un mundo muy polarizado o fragmentado, donde las personas casi viven en mundos diferentes, con ideas diferentes de lo que deberíamos estar haciendo en la práctica. Y entonces, la esfera personal a menudo se da por sentado o se ignora.

    ¿Cómo define la esfera personal?

    Con ello me refiero a creencias personales, tanto individuales como colectivas, valores, visiones del mundo, incluso los paradigmas de cómo vemos la realidad. Y a menudo no vemos esta influencia. El punto es ¿cómo activar ese sentido de agencia, ese sentido de posibilidad y potencial en las personas para trabajar realmente de manera alineada para la sostenibilidad? Creo que ahí es donde siempre se conecta lo práctico, lo político, lo personal. Y las soluciones realmente dependen de todas estas esferas. Están presentes todo el tiempo.

    Cuando se leen tan seguido malas noticias sobre el cambio climático, es difícil sentir esa agencia individual, sin la voluntad política…

    Sí. Y ese es un punto muy importante, porque creo que todos nosotros sentimos algo así como: “Estoy haciendo lo mejor que puedo, pero no parece que esté haciendo una diferencia”. Pero no es solo lo que hacemos, sino también cómo hablamos de ello con otras personas, cómo nos involucramos en ese colectivo… Porque a menudo, para hacer compostaje o tener paneles solares y demás se necesita un sistema, necesitas el apoyo, necesitas las estructuras. Y las estructuras no cambiarán hasta que nosotros cambiemos. Yo veo eso.

    ¿Cómo, por ejemplo?

    En Noruega, por ejemplo, cuando me mudé allí por primera vez, el vegetarianismo y el veganismo eran casi imposibles. Y de repente, eso cambió y hay mucha alternativas. Pero (aquello) también requiere una discusión más amplia sobre cómo organizamos la agricultura y qué subsidiamos, qué hacemos. Y esa es una conversación dolorosa, porque hay muchas identidades, intereses, relaciones de poder. Y así, en esa esfera política, recibes rechazo todo el tiempo. Hay muchos grupos que están muy bien organizados para mantener las cosas como están. Entonces, ¿cómo cambiamos esos sistemas? Realmente se trata de alinear lo que hacemos con la forma en que queremos organizar el mundo. Y eso es un proceso y una práctica en la que todos debemos pensar.

    Chile: caso de estudio

    Y siendo muy específicos, ¿qué debe hacer una persona en Chile, por ejemplo, para ayudar a mitigar el efecto del cambio climático?

    De alguna manera, cuando hablamos del ámbito personal, casi lo estamos poniendo en el ámbito práctico. Pero el ámbito personal es pensar cuáles son mis creencias: ¿Qué es importante para mí? ¿Y cómo me presento todos los días? Pensar en cuál es mi esfera de influencia. Todos tenemos familias, amigos, lugares de trabajo… ¿Y cómo puedo influir en estos cambios en todos estos espacios? Creo que subestimamos lo importantes que somos en esas conversaciones con nuestros amigos, con nuestras familias. Necesitamos pensar estratégicamente sobre cómo cambiar disruptivamente esos sistemas que están perpetuando un mundo desigual e insostenible. Y eso significa pensar cómo superar la polarización y la fragmentación y realmente comenzar a pensar en las conexiones que tenemos, en base a nuestra humanidad compartida, y también con otras especies.

    Foto: Reuters

    El punto, entonces, es sobre el sistema y la sociedad que permite que sucedan este tipo de cosas: el cambio climático, la desigualdad, la disparidad de género…

    ¡Sí, y el sistema somos nosotros! Y eso es a lo que realmente estoy tratando de llegar. Soy el colectivo, soy el sistema. Pero a menudo le damos el poder a alguien más para que decida las cosas, en lugar de pensar ¿cuál es mi papel aquí? Entonces comienzas a pensar en términos de sistemas, y (haces) que las personas comiencen a pensar en términos de su propia agencia para marcar la diferencia, alterar los hábitos, alterar los sistemas. Se trata de capacitarnos a todos para pensar que realmente importamos en términos de cambio social y cambio ambiental.

    Usted es profesora de geografía humana. ¿Cómo las condiciones sociales definen nuestra vulnerabilidad frente al cambio climático?

    A menudo pensamos que es el clima en sí mismo es el que da forma a la vulnerabilidad, pero desde una perspectiva social y humana, es realmente cómo organizamos la sociedad, cuánta agua va hacia el sector agrícola que no sea el sector municipal… Son las decisiones que tomamos. De hecho, la mayoría de los temas son sobre cómo organizamos la sociedad y los riesgos y vulnerabilidades que nosotros mismos estamos creando, incluso con el cambio climático. Porque no se trata solo de la variabilidad climática regular, sino que en realidad estamos transformando el sistema climático y debemos empezar a ver que realmente estamos creando nuestra propia vulnerabilidad. Y creo que, volviendo a esos supuestos, en los que hay un mundo donde algunas personas pasan hambre, donde algunas personas no tienen techo sobre sus cabezas, donde muchas comunidades costeras ya son vulnerables, y luego estamos agregando esto. Entonces, el cambio climático se considera un multiplicador de amenazas, pero esas amenazas ya existen…

    ¿Cuáles?

    Soy muy consciente de que estamos perdiendo cosas todos los días. Y el mar subirá y perderemos comunidades costeras y las ciudades costeras se verán afectadas. Pero para mí hay una gran diferencia entre 50 centímetros, un metro, dos metros, tres metros, cuatro metros de aumento del nivel del mar. O 1,5 y 2,0 grados centígrados, o lo que vemos ahora mismo con 1,1 grados centígrados, son eventos que nunca antes habíamos visto y ese cambio no va a ser lineal. Entonces, con más cambios de temperatura, más cambios serán realmente locos e inimaginables. Pero el cambio social también es muy no lineal: no se necesita el 99% de las personas para cambiar o el 51% de las personas para cambiar. Se necesita un grupo dedicado que luego pueda participar colectivamente en la política y enfrentar esos poderes e intereses… No es una tarea fácil, pero no se trata de si podemos hacerlo, sino de cómo lo hacemos… Lo que nos estamos planteando en el Acuerdo de París es un gran objetivo. Limitemos el cambio climático a 1,5 grados, que sigue siendo un cambio climático peligroso para muchas personas, especies y grupos, pero es ambicioso y factible.

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    El cambio climático va a crear agitación política mayor, pues amplifica este tipo de sociedad de ganadores y perdedores, ¿no?

    Sí y creo que está muy claro que los más marginados de la sociedad van a ser los perdedores. Pero, a la vez, hemos sido muy complacientes con que los ricos no se verán afectados y yo, que vivo en Noruega, lo he experimentado: que seremos los ganadores, pues será más cálido. Pero, ya sabes, la polinización, la biología, la agricultura, las sequías… Vivimos en un mundo que está interconectado, y por eso todos vamos por el mismo camino. Y creo que de alguna manera tenemos que darnos cuenta de nuestra vulnerabilidad compartida y que los ganadores y los perdedores es una idea construida, no es inevitable. Podemos crear un mundo que funcione para todos, podemos crear una sociedad más equitativa.

    ¿Cree que el Covid abrió una ventana de oportunidad, como se pensó al principio, para repensar nuestra relación con la naturaleza? ¿O esa ventana está cerrada porque estamos viviendo de la misma manera que antes?

    Esa es una gran pregunta, porque también yo estaba pensando como “oh, qué rápido podemos cambiar, y la naturaleza se recuperó”. Todos entramos en nuestras pequeñas cuevas y nos encerramos, pero los sistemas sociales no cambiaron mucho. Entonces regresamos y las aerolíneas te dicen que vueles y te vayas de vacaciones. Y es como revivir la economía tal como estaba… Sigo pensando que es una oportunidad, pero, en realidad, tenemos que reconocer que eso no es lo que se necesita. Incluso, la cantidad de emisiones que se redujeron no se parece en nada a lo que realmente tenemos que hacer.

    Y ahora la guerra en Ucrania…

    Creo que la guerra en Ucrania está mostrando el papel de los combustibles fósiles. Estamos viendo una y otra vez eventos que nos muestran qué es lo que tiene que cambiar… Empujar (las metas) al 2030, al 2040, al 2050… no ayuda en absoluto, porque estamos como asumiendo que alguna tecnología nos salvará. Pero en realidad es que somos nosotros, aquí y ahora, los que tenemos que responder de manera diferente.

    Usted ha estado viajando por Chile estos días, donde estamos viendo muy seriamente los efectos del cambio climático. ¿Cómo ha observado a nuestro país desde el terreno?

    Creo que el tema del agua está aquí; es ahora, no es un escenario para 2050 o 2060. Yo estuve justo en un río al norte de Santiago, en el Valle de Aconcagua, mirando los desafíos del agua para todas las diferentes comunidades. ¿Cómo se obtiene agua potable desde la parte superior del río hasta los humedales? ¿Cómo manejamos eso? Muchas de las investigaciones muestran que no es que vaya a haber guerras por el agua, sino que se trata de cómo (nos) organizamos institucionalmente. ¿Cómo trabajamos juntos y abordamos esas cosas cuando tienes intereses poderosos que aún quieren tomar la mayor parte del agua, y cómo te asegurarás de que todos tengan el agua que necesitan, incluidos los pájaros, los peces y todo? Entonces veo que Chile es un excelente caso de estudio para la transformación, aquí y ahora.

    Leer en La Tercera.